Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

lunes, 28 de enero de 2008

Sin límites



Sin límites, la deformidad
imantada que se origina cuando
de pie descansas tus perfiles sobre
una sola de tus piernas,
hace que pueda oír los aullidos de mis
terminaciones nerviosas.
Endemoniado destino de células epiteliales;
donde provocas sabores a mareas,
sobrenaturales desarrollos arteriales,
o perpetuos eriales de sangre misógina.

Cada víbora que desciende contoneándose
de tu cabeza dejando entrever tu rostro,
acorrala en la sangre de mis manos la paciencia.

Vagan perversas tus curvas en la órbita
de mi imprudencia sin concebir la estampida
que estás a punto de padecer.

Ese inefable recodo que forman tus caderas
extingue de mis pulmones el aire, y desvía
el cauce del amazonas haciéndolo fluir
impetuoso y salvaje entre mis piernas.


                                                                                                          cursos ingles madrid

jueves, 24 de enero de 2008

Fábula de la lagartija y la mosca



Hoy he visto unas podarcis hispánicas tomando el sol plácidamente en un muro de piedra, seguramente llevan una semana bronceándose por todo su territorio, que no abarca más de unos metros en Sevilla. Puede que no sepáis lo que es una podarcis, ni falta que os hace teniendo en cuenta que lo aclaro en el párrafo siguiente. Yo me encontraba a menos de dos metros de ellas, disfrutando también de unos veintitrés grados de temperatura en pleno mes de enero, mirando con detenimiento sus evoluciones; tan pronto eran estatuas florentinas en perfecta armonía con el medio, como eléctricas culebrinas cambiando repentinamente de posición, a una velocidad que difuminaba sus pasos, intentando quizás reconfortar otra zona de su cuerpo a base de una sobredosis solar, o tal vez sólo buscaban un ángulo diferente desde el cual recrearse con otra panorámica de su reino.
¡Cómo envidio a esas lagartijas! creyéndose dioses de su mundo, desafiando a las leyes de la naturaleza haciendo caso omiso a su reloj biológico, y tomándose vacaciones en plena época de letargo, sin jefes ni normas, sin futuro ni pasado. Convencidas de ser eternas, temiendo sólo a tangibles dioses que no reconocerían, llegado el momento, a la muerte.
De repente un díptero gigante, vulgarmente llamado con el sobrenombre andaluz de "vaya peazo mosca", se posa a unos escasos veinte centímetros de una de ellas, la lagartija avanza hacia su presa a breves y rápidos intervalos, cuando la mosca intenta levantar su orondo cuerpo ya se encontraba atrapada entre las mandíbulas del saurio, y sus alas sobresaliendo de entre los dientes, aún libres de presión y de saliva, no pudieron elevar el peso de ambas criaturas y agotadas se rindieron a la muerte, como el resto de su cuerpo.
Ahí estaba yo, ejerciendo de herpetólogo filósofo de pacotilla, esgriemiendo bucólicas interpretaciones sobre el idílico deambular de los reptiles, cuando resulta que sólo estaban esperando, como lechuzas en el silencio, que el zumbido de las alas de su almuerzo cesaran su sonido a una distancia no muy lejana a la de sus fauces.
Esto es una fábula aunque yo sea el único animal que hable, y como tal contiene una esclarecedora y didáctica moraleja: El cambio climático ya está aquí. ¿Qué haremos con miles de lagartijas obesas?

jueves, 17 de enero de 2008

Un cortijo andaluz: Gumersindo el porquero (III)


…Así que estoy pensando sacrificarlos, sopesó Gumersindo negando con la cabeza y esperando un consejo de sus acompañantes. Francisco el almacenero le dijo que sólo había que observar detenidamente al perro para reconocer que tenía todos los andares de alguien acostumbrado a esquivar las ascuas del infierno.
Aún tenía teñidos de rojo sufrimiento los pelos negros zainos que delimitaban sus protuberantes mandíbulas.
Antonio, el cocedor de aceitunas, aseguró que más le valdría sacrificar al perro delante de los lechones, así se ahorraría volver a lamentar otro ataque por sorpresa del perro lobo loco, y además daría la oportunidad a los cerditos de rehabilitarse sicológicamente del terror que definía la expresión sin alma de sus ojos, siempre lacrimosos desde aquella madrugada.
Gumersindo se quedó absorto en la candela, sus contertulios, supieron respetar en silencio la deliberación final del porquero, teniendo en cuenta que estaban en juego más de una vida, y se giraron ciento ochenta grados para exiliar también el frío de sus espaldas.
Los jornaleros habían salido ya hacia el campo, unos en sus coches y motos, otros cantando en los remolques para disimular y contrarrestar la tiritona. El patio del cortijo sólo albergaba en ese momento la trascendente decisión que se estaba fraguando en la bien amueblada cabeza del curtido Gumersindo. Francisco y Antonio se volvieron de nuevo, los dos coincidieron al mirar de inmediato la expresión que pudiera tener en su cara el porquero, luego se miraron mutuamente, perplejos por la inusual tardanza de la sentencia sobre la vida de esas inocentes bestias…

lunes, 14 de enero de 2008

Tras la ventana



Viaja en paz el mundo
por el espacio oscuro.
se agotan serenos los astros infinitos.
Ella está aquí.
La luz releva a una luna cristalina.
Las hojas caducas caen de los árboles
sin decir adiós ni guardar rencor.
La lluvia arrecia como
llamando a la ventana, y las gotas
de agua se consumen en el cristal,
soñando con bendecir tu espalda.

De un nido, en una rama,
Asoman unas insaciables gargantas,
tres anunciadores de albas.
Una collera de palomas,
se cortejan en una débil rama,
un mochuelo desvelado las contempla,
y asiente perplejo y sin descanso
al vaivén del deseo en sus miradas.

Una armónica fila de hormigas,
con sus larvas a cuesta,
por el balcón, anda de mudanza.
Volando llega una araña a la reja,
y rauda teje una diana de cristal infranqueable.
Una libélula en busca de sombra,
imita en una maceta, con sus alas invisibles,
a las hojas. Y la verdina renace sin ira,
aún más verde, adornando el suelo, entre las losas.

Así transcurren perfectos los días,
cuando ella está aquí,
floreciendo sobre mi cuerpo,
tras la ventana.

jueves, 10 de enero de 2008

El despertar



Y desperté piel muerta bajo
tus uñas de rapaz impía.
En ansiosos hijos que
exploraron sin fortuna desde
tu boca, los senderos que
conducen a la vida.
Elástico, hidratando cada
célula erudita que erigió
placeres a mi tacto.

Amanecí sombra refugiada
entre tus pechos amasados.
Aire asfixiado en tu garganta.
Huracán lejano en tus oídos.
En anestésicos aromas por el
horizonte de tus vellos encolados.

Abrí los ojos entre vestigios
de un holocausto que aún
rezumaba somnolientos placeres
bajo tus restos; esparcidos
caóticamente en este universo
de sosiego y de recuerdos.

Y nunca más pensé que morir
fuese algo peor que no estar
de nuevo, derramado del todo
y sin mesura, en ti.

lunes, 7 de enero de 2008

Pesadilla después de Navidad

Estas son mis sobras; el envoltorio que antes relucía con tensa luz propia sosteniendo la emoción del regalo que albergaba; bajo los lazos y las dedicatorias que tomaron como siempre la forma más festiva de corazones, felicidades y te quieros. Esas que ahora yacen violadas a los pies de un hediondo contenedor, que dará trabajo a seres nocturnos que estarán maldiciendo la suerte que han tenido en cualquiera de las loterías con las que el estado recauda el impuesto por mantenernos medianamente ilusionados. Cuando yo me dirija cabizbajo hacia el trabajo, eje sobre el que gira todo el aglomerado de mis frustraciones y rutinas, desterrado de todo lo que hubiese pedido a los Reyes Magos si estos no me hubiesen olvidado reiteradamente desde que les pido estados de ánimo, pensaré en ustedes, visitantes de el fin de los tiempos, breve alegría que muere súbitamente, llama de un trozo de papel donde hubo un comentario.
Terminó la Navidad, como envidio la eternidad que desprenden, aún hoy, la ilusión en los rostros de los más pequeños, jugando inconscientes por los parques y las aceras. Derramando un optimismo cada vez más efímero, que yo intento recoger delicadamente, pero aún así, se me desmorona entre los dedos del pensamiento.

jueves, 3 de enero de 2008

Un cortijo andaluz: Gumersindo el porquero (II)



...Sin embargo sus historias nunca versaron sobre sexo, política, metafísica, o la erótica del poder. Esa sonrisa de pícaro adolescente escondía simplemente una innata predisposición anímica a revelar, con verdadero arte y mesura, el misterio que la vida había puesto, como un juego, a nuestra misma altura, según él, vigilándonos.
De repente un silencio sepulcral reinó en la asamblea matutina de sabios, que cada alba se reunía alrededor de la candela reglamentaria para empezar la jornada con la energía del fuego almacenada en sus ropas. El maestro cocedor sabía que el porquero esperaba una chispa en forma de pregunta ajena para desencadenar toda su pasión narrativa, así que le dijo como sin querer; bueno hombre, entonces, ¿qué te cuentas? “Po casi ná”, respondió para disimular el desembarco de las primeras palabras de su relato. Sus dos contertulios sonrieron esperando el inminente desarrollo de una nueva y sorprendente crónica. Tan sólo que esta noche -argumentó Gumersindo aligerando un poco su aún latente estupor- de luna llena por cierto, el cabronazo de su perro había matado de un solo mordisco endemoniado a una de sus guarras, y además, en presencia de sus lechones, los sonidos de asfixia de su madre junto al de la carne desgarrada hicieron que la leche que mamaron quedara envenenada de terror para el resto de sus días, y sobre todo, de sus noches. Si ya era difícil mantener a una piara de cerdos en manada, cuando varios de ellos llevan en sangre el miedo como instinto predominante, la tarea sería cuanto menos, ardua, intensa y desesperada…

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