Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

lunes, 30 de junio de 2008

El pueblo incierto (IX)



Justo cuando soñaba que unas vampiras ninfómanas se ensañaban conmigo, me despertó violentamente un fuerte golpe metálico, en cuanto pude reanimar a las primeras neuronas comprendí que alguien pretendía abrir la puerta a toda costa, y con cada arremetida la estantería temblaba al compás de mi pulso. Dejé caer la falsa pared acartonada y empujé con más ímpetu, si cabe, que en el sueño, para intentar que la barrera de anaqueles repletos de folios, lápices y publicidad engañosa, aguantase hasta que la luz de nuevo los recluyese. Después de un buen rato resistiendo me pregunté por qué unos seres que habían podido someter, o en el peor de los casos, aniquilar a un pueblo entero no podían abrir una puerta rudimentariamente fortificada. Fue entonces cuando escuché a alguien decir: “nada, que no hay manera, se habrá caído una de las estanterías y estará atrancando la puerta, habrá que avisar a un profesional para que intente quitar las bisagras. ¡Joder! exclamé al oír hablar en perfecto castellano a esos inauditos seres, y una honda necesidad de saber cuál era su apariencia se apoderó sin piedad de mí. Me coloqué en un ángulo adecuado para ver a través de la puerta cuando alguno de ellos volviese a empujarla, porque siempre hay un listillo, sea la especie que sea, que reserva su destreza para intentarlo cuando todos se hayan dado por vencidos, y colgarse así la medalla de la audacia imperecedera. No acabé de pensarlo cuando un tremendo empujón arrastró la estantería unos centímetros por el suelo, los mismos que quedó abierta la puerta. Aproximé mi ojos desorbitados intentando ver algo a través del hueco que quedó abierto, el inhumano que embistió mi fortaleza tuvo la misma inquietud, y un dueto de gritos secos estremeció el lugar cuando nos vimos tan cerca, deformados por un campo de visión parcial y por el espanto que provoca toda demostración de vida imprevista y desconocida...

jueves, 26 de junio de 2008

Te prefiero...



Te prefiero ausente que
Lejana,
y lejana que indolente.
Antes que obviado, enemiga te elegiría.
Sería una flor aplastada en la
huella de un elefante si tu
me olvidases sin consumirme en batalla.
Sólo crepúsculos en mis palabras,
a sueños penitentes me encomendaría,
si he de redimir de alguna forma
el que me ames.


Hazme flor entre escombros,
hazme recitar bajo tus decepciones,
mantenme en vilo por los acantilados
de tus placeres, al borde de todo y de nada,
siempre, como una atmósfera amenazante.


Te elegí inescrutable…
Te prefiero entregada un segundo, que
perfecta en cualquier otra proporción.


Te prefiero, sobre todo,
cuando sólo sabes amarme.

lunes, 23 de junio de 2008

El pueblo incierto (VIII)



Después de intentar abrir sin éxito, cada una de las puertas que se encontraban rodeando la sala principal del banco, volví a reconocer detenidamente todas las paredes, observé una puerta algo más pequeña, casi mimetizada con el color beige de la pared, me acerqué esperanzado, cogí la manivela de la cerradura, cerré los ojos como el que pide un deseo, la giré hacia abajo rezando, empujé la puerta con el hombro como ensayando un último acto desesperado, y al fin se abrió, sin esfuerzo, parecía que lo hubiese estado deseando hace años. Miré sigilosamente, busqué con la mano un interruptor para encender la luz. ¡Coño! dije al tocar algo con plumas, y al retirar mi mano como de un fuego debí accionar sin querer el interruptor y al fin se hizo la luz, era simplemente un plumero que colgaba de un perchero. Creo que terminé de abrir la puerta con las ondas que generó mi corazón saturado de miedo, por ella se accedía a un pequeño almacén para artículos de papelería, con las paredes completamente forradas de estanterías y el suelo lleno de cajas y de paquetes. Era un lugar idóneo para pasar la noche, vacié una de las estanterías y la coloqué obstruyendo la puerta, volví a colocar todas la cosas en su lugar y añadí todo lo que pude para hacer del cuarto un bunker inaccesible desde el exterior, luego dispuse unas cajas a modo de falsa pared, y entre ésta y la pared me recosté, por supuesto en posición fetal, apoyando mi cabeza sobre unos folletos publicitarios del banco. Estaba agotado pero mis ojos se resistían a darlo todo por zanjado y recorrían sin descanso el refugio en busca de cualquier descuido. El cansancio, la oscuridad y el silencio lograron vencer a mi desconfianza y caí en un sueño tan profundo como el misterio que definía a este pueblo…


jueves, 19 de junio de 2008

Tus versos



Intenté tantas veces decirte…
escribirte con letra espontánea;
como lates cuando duermes.
Quise a menudo sorprenderte con el
fresco impulso del verbo fácil,
dedicarte todo el protagonismo
en un cuento de amantes.
Pero acabé perpetuo vencido,
sepultado bajo miles de versos;
subyugados por tu inconsciente belleza,
fanáticos de las ilusiones, que a veces,
compartías conmigo.


Y acepto con gozo la esclavitud
de descifrar sin éxito ni remedio;
tus cabellos de poseída, tus pechos
imantados de hambre, tu sonrisa de
hacedora despótica; contagiándolo
todo sin mesura.
Tus rodillas de herradura,
tus manos de verdugo celestial,
tu espalda equina, tus ojos sísmicos,
toda la energía parásita que atraen
tus glúteos, tus piernas atenazantes,
tu pubis infranqueable como un
agujero negro caótico y antojadizo…


Y así hasta el fin de las noches.

lunes, 16 de junio de 2008

El crucificado



¡Hace tanto calor!
Llegas mojada del baño,
infectada de gotas, como enferma
de oasis me rozas descuidada,
haciendo quién sabe qué tarea
doméstica, con ese camisón de niebla
hipnótica, que presume con saña
de velar por la divinidad del espacio
que existe en la génesis de tus
piernas blancas.

A mi tensa agonía me crucificas,
clavándome por las manos y por las
caderas a una cruz de ambiguos instintos;
donde espero tu clemencia rezándote
en el cuello como un poseído confeso.

Y parece que me oyes, que me acoges
en tu exuberante desierto, y al
instante afianzas mi insolente cintura
con los clavos que se desprenden de
sentirme, de momento, sólo un paréntesis.

Sumes a una agridulce embolia a todo
lo que en mí circula buscando tu
eximente desembocadura.

La incertidumbre me alimenta
y me ahoga, me santifica, me
excomulga de tus sacramentos.

Tarde o temprano tendrás que
desenclavarme, y resucitaré,
y encontraré bajo tu profético camisón
un lugar para mi fe inquebrantable.

jueves, 12 de junio de 2008

El crepúsculo



agoniza el día, se mimetizan las horas
con todo lo ambiguo que nos domina,
nuestra primavera es una pandemia
que anula los sentidos, una prisión
para apostatas, siervos de la arrogancia.


Se apoderó un cruel otoño de nuestro tiempo;
dejamos de oír la cálida voz de las cosas bellas,
se deshojaron nuestras manos, se nos pudrieron
los labios, nos tragamos las sonrisas.
Asumimos la trágica derrota de la complicidad.
Anidó un irascible invierno en nuestra infinitud.


¿Dónde venció el silencio a la tolerancia?
¿Quién impuso a quién la resignación de la apatía?
Cambiamos la armonía por indiferencia,
los ríos desbocados, por cuerpos resecos.
El infierno rodea al perdón y al lamento.
No recuerdo cuándo los besos comenzaron a dudar,
Ni cuándo las lenguas a enmudecer,
ni dónde el deseo a especular.


¿Cuál es el sentido de este eterno crepúsculo?
¿Quién debe más amor?
Dime ¿quién crees tú que debe renacer de entre los
despojos, y aprender de nuevo a amar?

lunes, 9 de junio de 2008

El pueblo incierto (VII)



...las aceras despobladas de sombras, las esquinas oxidadas, intenté localizar el origen de los sonidos que no habían aparecido todavía, pero que tenían que haberme acompañado todo este tiempo. Busqué en los coches algún indicio de movimiento. ¡Cómo eché de menos niños jugando, parejas paseando cuando circunvalé aquel parque como pintado de silencio! El suave aleteo del viento contra las hojas de los árboles era toda una exhibición de vida comparado con el resto de aquel pueblo incierto. Cuanto más avanzaba mayor era la sensación de soledad, de extinción masiva precedida de un holocausto inédito hasta entonces.
El sol empezaba a ocultarse tras las últimas casas, y mis gaseadas tripas ya estaban añorándolo. Tenía que encontrar rápidamente un lugar seguro donde pasar la noche, no sería una exageración pensar que las criaturas causantes de todo esto estuviesen, como vampiros, esperando la noche para aparecer. En ese momento fui incapaz de imaginar qué crónico y terrible problema podrían tener esos seres en su relación con la luz solar, pero al menos lo entendí como una ventaja, eso sí, que estaba a punto de desaparecer.
A mitad de la calle había una entidad bancaria; si en este pueblo se podía estar seguro de algo, es de que, incluso desierto, seguro que había alguien que les debía dinero, y eso era todo un consuelo para mí, no era el único al que la mala suerte había destinado en este siniestro lugar. Creí que podía ser un buen sitio para ocultarme, en un banco no había alimentos, ni camas, ni menos aún ataúdes, así que seguramente estaría vacío. Me acerqué despacio, girando varias veces sobre mí para asegurarme de que nadie estaba siguiendo mis intenciones. Empujé la puerta acristalada y se abrió como si nada estuviese pasando; y nada pasaba, pero era una nada angustiosa y latente, como una crisálida a punto de dar a luz al más espeluznante de los engendros de Tolkien...

jueves, 5 de junio de 2008

Quiero que lo intuyas



Quiero que lo intuyas como
la tarde a la penumbra;
sin solución, infinitamente.
Y que un inabarcable placer
te haga ingrávida cuando lo
adviertas,
igual que el lobo que después
de aullar oscuras plegarias al
universo, recibe místicas alianzas.

Si vuelves a dudar vomitaré
cada beso inesperado que no
pude retener ante tu piel de
arena movediza.
La misma tempestad que generas
para mantener tus costas libres
de invasiones, agrietará abrazos,
agriará salivas, condenándolo
todo al naufragio del que provengo;
soledad ebria de frustraciones y reproches.

No se puede conquistar cada noche
lo que cada día recobra sus armas,
recupera la distancia, y se enorgullece
de incrementar su propia energía,
desconfiada y onanista.

Déjame de una vez infectarte hasta
que padezcas de una forma crónica
y desorbitada mis esclavas atenciones.
Deja que tu imperio disfrute para
siempre del sacrificio de mi cuerpo
entre tus dientes de diosa insaciable.

lunes, 2 de junio de 2008

El enigma



Es inevitable, mi acecho no cesará
hasta adivinar los fenómenos que
te desencadenan exacerbando mi sangre.
Sé que a veces te rigen misteriosos planetas,
astros egocéntricos, influencias
proscritas de la luna.
Perdóname, pero he de poblarte incluso
muerta,
más allá de cualquier frontera.


La vida me va en este empeño,
te lo juro por ella, y por la tuya,
y por todo el que desee formar parte de algo
eterno.
Quiero desvelar la ley física que me somete
al movimiento sísmico de tus caderas.
Ardo por resolver el enigma que provoca
que tu boca sepa a todo lo irreprimible.
Cuando me acaricias, la fórmula química de
mi cuerpo se me escapa entre erupciones caóticas.


Seguiré observándote sin descanso,
estudiaré implacable la gravedad que
actúa sobre tus pechos libres,
el caos perfecto de tu cabello cuando lo
violan mis manos.
Seré sombra de esa espiral de sonidos
de ultratumba que embriagan mis oídos
cuando la noche te dota de esa hambre hueca.
Velaré insomne la irascible órbita que
generan tus manos sobre mi pubis.


Todo es poco para desvelar el enigma de
ese último lamento; el único en que sin duda
participo;
como inquilino de tus labios humeantes.

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