Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

jueves, 30 de octubre de 2008

La historia más triste de la historia (IV)



...con la expresión desencajada por un inconfesable pasado. Reservó una habitación en la única pensión del pueblo. Yo había heredado el negocio, y aunque sólo me ayudaba a subsistir austeramente, nunca me planteé la posibilidad de abandonarlo. Mi trabajo me permitía escribir a cualquier hora del día o de la noche, colaborar en algunas revistas y periódicos digitales, me proporcionaba silencio, calma, y a veces algo tan necesario como la soledad, en todas sus acepciones.
¿Tiene usted alguna habitación libre? Me preguntó mientras respiraba convulsamente e intentaba recomponer su flequillo con los rizos rebeldes que se desparramaban por su cara como niños ingenuos, ajenos al peligro.
Claro que sí, tengo una habitación individual con vistas al río donde usted podrá descansar apaciblemente, le contesté algo avergonzado por no poder apartar la mirada de su rostro a punto de eclosionar en lágrimas, y sin embargo no había visto nada tan hermoso en mi vida, toda su imagen estaba envuelta en un ambiente tan caótico como místico, tan divino como quebradizo.
Le di las llaves lentamente, intentando retrasar todo lo posible que apartara sus grandes ojos del camino a los míos; no tan grandes ni expresivos, pero totalmente emocionados ante el paisaje agreste y recóndito de su cara.
Cuando subió las escaleras no pude evitar contemplar su figura esbelta, sus curvas de actriz de los sesenta, y ese cabello alborotado que prendía maravillosamente a su libre albedrío y con el que aún luchaba compulsivamente.
Cuando ella desapareció en el primer rellano de la escalera, la inspiración me invadió con tal fuerza y proveniente de tantas dimensiones que casi no atiné a articular mis dedos, todas mis neuronas estaban monopolizadas por las sensaciones y el recuerdo que se merecía una diosa tan misteriosa y elegante como mi inquilina...


lunes, 27 de octubre de 2008

A veces escribo cosas



Hay días donde uno no sabe qué contar, gracias a mí, hoy no es uno de esos días. Aunque esté improvisando; un segundo antes de escribirlo ya soy consciente de lo que estáis leyendo.
Érase una vez. No, demasiado… Quizá: muchos años después. Definitivamente parece…
Hay momentos en que no sabemos como narrar de una forma original eso tan extraordinario que pensamos decir, y que queremos compartir con el resto de la humanidad para contribuir a su belleza y a su memoria colectiva. Menos mal que me encuentro muy lejos de que esos síntomas me afecten hoy, ahora, ya, ¡coño, que susto! A eso es lo que llamo yo improvisar; tener la capacidad de asustarme a mí mismo. Creo que esto que escribo tiene algo de fundamento, al menos tiene un comienzo y creo que podré imaginar un final bastante digno, por ejemplo: FIN.
También nos conquistan épocas donde todo lo que se nos ocurre suena a plagio, a pesado, a soporífero, a sobredosis de palabras y de ideas. Pero no, a mí no, que haya escrito ya varias veces sobre este tema no significa que no pueda volver a hacerlo. Además, nada de lo que he dicho creo que exista, ni que haya una mente tan… Pónganle ustedes el calificativo que quieran, que se le ocurra volver a reunir tantas afirmaciones sobre nada en concreto.
La verdad es que aunque podría seguir creando esta torre de babel inmisericorde durante unos esclavos minutos más, creo que ya está bien por hoy. Y como soy un hombre de palabra, escribir, lo que se dice escribir, tal vez no, pero palabra, tengo bastante. Pues eso, que FIN.


jueves, 23 de octubre de 2008

Fuego



Ahora que lo intento no logro
recordar un lugar especial donde
nuestros pasos estén condenados
a regresar para tomar aliento;
un banco, un jardín, una fina
arena de playa bañada en crepúsculos,
cuarteada en nuestra ausencia.
¿Qué fue de esa canción adoptada
por nuestros ritmos biológicos?
Nunca tuviste la solemne declaración
de un príncipe azul postrado.

Ahora, cuando más nos
pertenecemos, ni siquiera imagino
el día exacto que lo supe.

Ahora que te tengo enredada
en cada gota que me fluye
y a cada verso que me sostiene,
no imagino el momento donde
para ambos fuimos aire;
armónicos desconsuelos,
abstractas sonrisas concupiscentes.

Ahora que lo intento, sólo
somos todo lo que nos
hace más simple, simbiótico,
indescifrable y hermoso como
el fuego.




lunes, 20 de octubre de 2008

La historia más triste de la historia (III)



...de norte a sur y de éste al otro.
El eco del miedo colisionaba y ascendía como un hongo atómico que erizaba los vellos hasta clavarlos en la sangre, y ésta se asomaba histérica a los ojos de los vivos, para retroceder espantada ante una oscuridad coagulante.
Esa angustia empezó a provocar llantos, gritos, carreras hacia ninguna parte de almas en pena, como fantasmas de carretera con sus camisones y pijamas flotando en los reflejos de las estrellas gigantes de esa noche.
A María sin embargo no parecía importarle, seguía sentada en su mecedora con los ojos agrietados de lava mientras observaba a todos sus vecinos, algunos de ellos, grandes amigos, corriendo despavoridos como pollos sin cabeza. Se mecía y se paraba de repente, como si alguien se lo ordenara tajantemente. El vaivén era de una cadencia tan hipnótica y oscura que parecía incentivar a la esquizofrenia colectiva. No sé por qué recordé en ese momento una leyenda que de pequeño escuché a más de un abuelo del pueblo. Decía que la muerte era tramitada tanto desde el cielo como desde el infierno; para llegar a cualquiera de los destinos había que superar una prueba, la del cielo era cándida e inocente, prácticamente todo moribundo aspirante la superaba, mientras que la del infierno era despiadada y perturbadora, si no eran superadas, las almas acababan esperando otra oportunidad vagando en la incertidumbre del limbo. Allí se tenían que ganar una nueva prueba para su salvación haciendo que reinara la armonía entre la alegría de los condenados a las ascuas del sufrimiento, y la tristeza de los que fueron elegidos para el paraíso y nunca llegaron a calzarse sus alas.
María no era del pueblo, no sé si conocía esta historia, ni tan siquiera sabía si esta leyenda tenía algo que ver con lo que estaba sucediendo ahora. Ella llegó acalorada un día frío de invierno…


jueves, 16 de octubre de 2008

Lo único suficiente



La vida simplemente está ahí,
no es síntoma de nada, es una
oportunidad que no te dibuja en cada
lugar donde me disperso; para
dotarme de cierto sentido y
relevancia gracias a tu influencia.

El tiempo no garantiza gratos
momentos ni eternidades dignas, no
te condiciona a ser parte inseparable
y decisiva de mi expósita historia.
El tiempo son vacíos entre tu presencia.

El espacio es tan inmenso,
que a veces, aun buscándote
como único motivo que entiendo,
ni siquiera puedo encontrarte.
Y todos son puentes derrumbados,
lugares sin nombre, y acantilados.

Y yo, por mí sólo, lo mismo avanzo
que retrocedo, igual me quiero que
me aborrezco. Eres lo único
suficientemente cierto que
reconozco en mí; intermitente,
efímera, inestable, alucinógena,
sí, pero cuando todo lo demás
delira, tú eres lo único
suficiente; multiplicas el aire
y amaneces horizontes.


lunes, 13 de octubre de 2008

La historia más triste de la historia (II)



...para no levantar sospechas de humanidad. Lo único que le faltaba a la noche para aguar del todo la existencia de la gente era una gran tormenta. Sin embargo era todo lo contrario, nunca se había podido contemplar mayor número de estrellas en el cielo de aquel lugar acribillado de inquietud, su brillo era de una intensidad tan insultante que ocultaba cualquier rastro de que la luna existiese, y creaba un ambiente de sombras inéditas y luces agonizantes que no recordaba a nada. El aire sorprendía cálido en unas direcciones y avasallaba gélido en otras, como si el mundo girase de pronto caótico por un universo sin dioses piadosos.
Todo el mundo quería a María pero nadie se atrevió aquella noche a visitarla para confirmárselo, ni tan siquiera para intentar consolarla. Y yo, que también me hubiese comido a los pájaros si ella me lo hubiese pedido, sólo atiné a espiarla desde mi ventana, oculto tras la cortina, sometido a una vorágine de futuras intenciones y arrepentimientos pasados que me soldaron a la duda más cobarde que pueda padecer un amor tan intenso como anónimo. Una idea me atormentaba y a la vez me llenaba de un optimismo desaforado; ¿estaría contribuyendo la indecisión que padecía a la hora de mostrarle mis sentimientos a la hecatombe por la que atravesaban sus sentidos? y si mi amor no fuese tan siquiera digno de su atención ¿Podría al menos mitigar su dolor sentándome a su lado, cogiéndole las manos, aunque nos mantuviésemos en silencio hasta formar parte de la ornamenta exánime de las mecedoras?
Mientras mi estar o no estar me consumía, un apagón eléctrico hizo que un inquietante murmullo de preguntas y temores recorriese el pueblo...


jueves, 9 de octubre de 2008

La historia más triste de la historia (I)



Lloró tanto que el fin de mi tiempo se empezó a medir tomando de referencia sus lágrimas, todos sus holocaustos aprovecharon un pequeño contratiempo para salir en estampida por cada uno de los poros que pudieran convertirse en heridas sobre su cuerpo desterrado de aliento. Apenas si recordaba el por qué de las primeras gotas amargas que recorrieron su rostro descompuesto por el desamparo. Pero contempló todo lo que alguna vez pudo hacerle albergar esperanzas, arrasado para siempre y enterrado bajo su mirada enfermiza.
A todo el pueblo le sorprendió la tristeza en el atardecer de aquel día. María lo contagió todo desde su balcón, ahogada ante el crepúsculo que el sol le mostraba con alevosía por encima de los árboles meciéndose como plañideras desconsoladas. Aquella noche todo el mundo rezó; unos a Dios, otros a la tierra, y los locos del pueblo al balcón de María. Los perros callejeros iban pidiendo disculpas con el rabo entre las piernas mirando compulsivamente a su alrededor y aullando a destiempo. Los pájaros que habitualmente comían en su mano, sólo bebieron esa tarde las lágrimas estancadas en su escote, todos murieron de repente al poco de emprender el vuelo sin que a ella pareciera sorprenderle. Los gatos hicieron esa noche de barrenderos cautelosos del infierno, parecía que estuviesen destinados a no dejar huellas de lo que siniestramente se avecinaba, y fueron comiéndose los pájaros uno a uno hasta que su gula se rindió y decidieron enterrarlos sin ninguna ceremonia religiosa o discurso fúnebre…

lunes, 6 de octubre de 2008

Declaración



Esto no es un poema,
es una confesión tardía, y por
ello tan enorme que parece
una súplica, un rezo simple y conciso;
reconozco que te siento infinita,
como antes, como ahora,
como siempre, de una única
forma inmensa, casi inabarcable,
en exclusiva.
Aunque a veces te niegue.
Incluso crucificado por la vida
que hiere desde tu silencio,
sé que estás callada, decidida,
al otro lado de la cruz
intentando desenclavarme,
sangrando desde lo invisible,
amándome en la contradicción.
Gracias.

sábado, 4 de octubre de 2008

Todo pasa...

Lo sé, todo lo que llega en esta vida pasa. Desafortunadamente no todo llega, al menos, todo lo que deseamos. Por eso estoy satisfecho de que mi viaje por el mediterráneo haya concluido, es señal inequívoca de que lo he vivido, de hecho, reconozco que incluso he disfrutado de lugares asombrosos, y de haber conocido a personas magníficas. Ojalá estas sensaciones se conviertan cada año en una rutina. Lo que no quita, por supuesto, que esté disfrutando también contándooslo, escribiendo de nuevo en este apocalíptico escenario inventado; un jardín donde paso la cuarentena de estar infectado de palabras y de sueños. Hola a todos, aquí unas fotos de Eze y Cartago.







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