Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

viernes, 30 de abril de 2010

Manipulación


Manipulemos.
Seamos agua de Iguazú
rompiéndonos.
Que labios polinicen y erijan a su paso
sol de arena en tactos.
Suspendámonos en la cima del abismo
como dioses desahogando soledades;
exuberantemente desérticos;
colonicémonos frívolos
impregnados de misticismo.
Asimilémonos en jugo, en vaho,
en palabras raídas y en células
mutando hacia hospicios.
Recojámonos aniquilados en uno.
Hallémonos sin ser conscientes jamás
de por qué podría no ser así.
Manipulémonos hasta ser algo
dichoso e inédito.

viernes, 23 de abril de 2010

La historia más triste de la historia (XXXVIII). Pat M.



Carlos solía decir que, con la suficiente cultura, alguien podía llevar siempre la razón, ya que sólo uno mismo estaría en disposición de rebatirse. Pensaba que el dinero te otorgaba cierta posición pero, una admiración ecuménica, únicamente estaba reservada para eruditos y genios nacidos bajo el auspicio de algún versado y virtuoso Dios.
—Bueno, digamos que promete. Incluso si me dejaran salvar un ingente número de versos lo indultaría de la quema. Ya sé, te has empeñado en ser un personaje de Goethe haciendo que te defina sobremanera esa tendencia al suicidio emocional y vas a tomar, de un momento a otro, la histórica decisión de publicarlo. No he de recordarte que como negocio será el paradigma de su antítesis. Aunque después de tu acierto con la última novela del ignaro imberbe con el que la editorial se ha lucrado sin remordimiento alguno, seguro que tienes crédito suficiente para hacer de kamikaze romántica y estrellarte gozosa, de nuevo, contra esa indiferencia que ya tuteas.

—Siempre intento hacer bien mi trabajo, tanto el que le debo a esta empresa, como el que le proceso al deseo inaudito que aún conservan las palabras por estar juntas de cierta manera.
—Te han quedado como tú: preciosas. Si algún día decides escribir un libro de frases para sobrevivir con arte a un admirador encantadoramente irónico, no olvides que yo apostaría por él con la fijación de un salmón en desove.
—Lo tendré en cuenta, ardoroso pececillo filántropo.
—¡Ah, por cierto! —le dice Carlos volviendo a entreabrir la puerta e intentando demostrar que realmente se le olvidaba— tengo dos entradas para un pequeño concierto que Pat dará el mes que viene en la capital.
—¿Pat, mi Patme?
—Aquí dice exactamente: “espectacular y emotivo concierto del magistral Pat Metheny group”.
—Eres un especulador maravilloso. ¿Qué haría yo sin ti? Además de estar en paz y sosiego, me refiero.

lunes, 5 de abril de 2010

De cómo y cuándo supe el porqué (III). La madre (cont.)



MAMÁ.- Hijo, de donde vengo me he dado cuenta de todo a lo que he renunciado por ello, por mi familia, por ti. Reconozco que estando viva disfrutaba siendo vuestra esclava porque nunca supe imaginar todo lo que sacrificaba, jamás me planteé un solo día lo que podía hacer por mí.

JUAN.- Y ahora me hablas en verso, definitivamente no eres mi madre.

MAMÁ.- Sí, lo soy, por eso vengo a ayudarte, ahora tengo tiempo para mirar por ti y disfrutar de mi interior.

JUAN.- ¿No será usted la madre de Freud? Mire que en el cielo debe haber muchas almas y será fácil equivocarse colocándolas a cada una en su cuerpo. Si hay funcionarios, seguro que su expediente se habrá traspapelado.

MAMÁ.- Tiene mérito que tengas ese sentido del humor tan agudo teniendo en cuenta la condición de zozobra en la que se encuentra tu alma. Además, en casa no disfrutabas de un ambiente demasiado enriquecedor, culturalmente me refiero. Tu padre y yo éramos prácticamente analfabetos. Pero no te esfuerces, soy tu madre, estoy aquí porque me has llamado.

JUAN.- Pues tú dirás: ¿cuándo, cómo y por qué te he llamado? Y si de camino me aclaras que es un alma en zozobra, incluso me conformaría con saber que es el alma en cualquiera de sus posibles estados, daría por satisfactoria esta alucinación.

MAMÁ.- Cada vez que te preguntas, más bien te arrepientes, de ser como eres, y de tener la vida que crees padecer, tu alma se estremece a mi alrededor en busca de respuestas.

JUAN.- Bien, supongamos que es verdad, que mi alma —entidad a la cual no tengo el gusto de conocer—, independiente y osada ella, te suplica por su cuenta y riesgo que le ayudes a resolver las claves de mi vida, ¿has venido entonces a contestarle, o ha de darse por satisfecha con que la versión fantasmal y filosófica de mi madre me ayude a vestir la cama?

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