Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

Placer mutuo

Placer mutuo
Moda poética (ediciones limitadas)

jueves, 9 de julio de 2009

La historia más triste de la historia (XXV)



– ¿Me acompaña al bar? Me apetece una cerveza bien fría.
–No puede haber nada en este momento que me concierna, más importante que disfrutar con usted de la rejuvenecedora orina de los dioses.

Sentados en los taburetes del bar, hablando de preferencias y debilidades, no tardaron en comprobar que sus inquietudes descendieron hace miles de años, al menos, del mismo árbol. Ella incluso sonrió cuando cualquiera de las anécdotas le hacía olvidar el suelo, y flotaba sin peso entre los versos menos inmisericordes; socorriendo a los inmortales de Borges bromearon con la muerte; rodeados de auroras y crepúsculos en la capilla de los Medici, llegaron a entender a Miguel Ángel; y confesaron, casi compitiendo por ser el primero, que después de mil veces, aún se les ponía piel de gallina al oír cierta variación del capricho veinticuatro de Paganini.
¡Increíble! Pensó María regresando del asombro y tomándose un respiro para sospechar que, aunque el resto fuese discrepancias, estas afinidades parecen más bien una trama diabólica para debilitarme, que una milagrosa coincidencia. Desde que vio el poemario en sus manos no pudo librarse de la sensación de estar siendo víctima de una confabulación contra su intento de romper con el pasado.
Por megafonía se anuncia la inminente llegada a su destino, ella mira su reloj sorprendida. Ha pasado una hora y media.

–Ha sido un placer conversar y compartir placeres con usted, espero que algún día volvamos a coincidir, me apeo en la próxima parada, así que iré a buscar mi maleta…

–La acompaño.

Ella observa de soslayo como él hace el mismo gesto de coger una maleta, recoge una bolsa y un periódico del altillo, le ayuda a bajar la suya, y se dispone a acompañarla hasta la puerta.

– ¿Se cambia usted de sitio?
–No, solamente apuro todas las posibilidades de permanecer juntos, no hace falta que me lo pida, me bajaría con usted —aunque esto fuese un campo de concentración siberiano— con el simple hecho de que no se oponga.

lunes, 6 de julio de 2009

El prodigio



Mejor ir al fin:
nada ha cambiado; sigo sin
saber; apenas un vestigio con
aires de acabar siendo;
arrecife congelado;
siempre tú y el azar de las palabras;
límpido signo de limitación;
insuficiente tara, sin embargo,
para no aspirar a iterativo: y
seguir predicando,
caricato profeta redentor,
el prodigio que soy en ti.

jueves, 2 de julio de 2009

El bosque (II)



Vio a un águila remontar el vuelo dejando atrás la copa de unos sauces llorones, iba descabellando con su pico un pez que llevaba ensartado en sus garras. El río debe estar muy cerca, pensó caminando algo más ligera y confiada, pero una hora después aún no podía escuchar el murmullo de la corriente. No recordaba que el bosque fuera tan grande, pero hacía tantos años que no venía que equivocarse era lo más lógico. El sol empezó a entristecerse suicidándose en las cumbres más altas de la sierra. La sombra de Eva se alargaba hasta aliarse macabramente con la de los árboles, el sonido se fue replegando en el aire que habita entre las ramas, y debajo del humus. De nuevo aligeró la frecuencia de sus pasos hasta sincronizarlos con su miedo. Tropezó con algo, perdió el equilibrio y, dejándose caer sobre un costado, rodó unos quince metros hasta desembocar en un pequeño claro. Al levantar la cabeza observó como parte de su melena estaba flotando en agua, se incorporó apoyándose sobre sus codos y comprobó que efectivamente estaba salvada, había llegado al río. Era extraño pero el agua estaba tranquila como la de un lago, simplemente se ondulaba con calma sin intención alguna por dirigirse hacia ninguna parte, seguramente se trataba de algún fenómeno que ella desconocía porque en ese tramo la corriente siempre bajaba con bastante fuerza. Se puso en pie, estaba agotada y dolorida, en esas condiciones no se creía capaz de hacer todo el camino de vuelta, así que buscó refugio en medio de unas grandes rocas que parecían puestas en aquella llanura para tal efecto. Ayudándose de su falda recolectó una gran cantidad de hojas que pensaba utilizar de abrigo. De pronto empezó a nevar, era junio y hacía unos treinta grados centígrados. ¡Increíble! exclamó mientras extendía sus brazos y caían cálidos y suaves los copos en las palmas de sus manos.

lunes, 29 de junio de 2009

La historia más triste de la historia (XXIV).




–No puede ser. Me permite la indiscreción de preguntarle cómo descubrió ese libro.
–Se lo diré si me confiesa por qué quiere saberlo.
–Sólo por curiosidad, yo también tengo un ejemplar, y no es fácil encontrarlo en librerías.
–Su primera expresión no ha sido precisamente de curiosidad, más bien de asombro, casi de estupor me atrevería a decir. Este libro ha tenido que estar relacionado de alguna manera a un acontecimiento crucial para usted, ¿me equivoco?
–Bueno, déjelo, si para que me responda tengo que someterme a un psicoanálisis mejor...
–Está bien, de acuerdo, no se me vuelva a enfadar. Un día, naufragando por internet, recalé en el blog personal del autor, leí varios poemas, me interesaron y, voilà, por lo que he podido leer, sigue pareciéndome prometedor, pero lo que realmente me resulta apasionante del libro es la relación que pueda tener con usted.
En serio, sé que apenas nos conocemos, pero se me agrieta el mundo tras la ventanilla cada vez que descubro en su cara esa tristeza que hace ladear su cabeza, rendirse al desánimo hasta obligar a la belleza a prescindir de sus ojos y de sus dientes. No quisiera abrumarla, ni que piense que es una mera estrategia adolescente, pero le prometo que puede contarme lo que quiera y que haré lo inconcebible para que no se arrepienta.

María se quedo mirándolo como haciendo una resonancia magnética a sus palabras, en busca de similitudes con otras piedras preciosas del pasado, que acabaron convirtiéndose en las brutas con las que tropezamos siempre.

–Se lo agradezco, lo tendré en cuenta, quizá en otro momento. Ahora prefiero… La verdad, no sé muy bien qué prefiero, supongo que algún resquicio quedará aún para mí que pueda ilusionarme, por algo seguiré viva.
–Quizá ese resquicio sea mi desinteresada disposición a ayudarla, no cierre las puertas antes de poner un pie en el otro lado...

jueves, 25 de junio de 2009

Joe Satriani. Always with me, always with you

Llevo veinte años disfrutándola (con alguna que otra pausa).
Si a partir de ahora no existiera, el resto de mi vida sería un intento por resucitar esta canción.
He aquí el origen:



lunes, 22 de junio de 2009

La puta ventana



En cuanto la penetro comienzan
las distancias,
eran prácticamente idénticas ayer,
sólo llegadas y salidas sin propósito,
la monotonía del tiempo vive deteniendo
los espacios entre el cemento y el asfalto.
La lluvia se silencia y se contonea
desnuda, burlándose de caras previsibles
como este punto.
Tonio ¿vamos a desayunar?, me lanzas
con voz de hambrienta bella durmiente
mientras trato de imaginar más allá del
más allá
de la puta ventana, al lado del ordenador.
Entre tu amor y la nada, entre tu vida y
mi muerte,
debe existir algo mejor que estas palabras.
¡Voy! Hay cierta luz de esperanza al final
del túnel, en ese movimiento tuyo al bajar
por el hueco de la escalera, en bragas.

viernes, 19 de junio de 2009

La historia más triste de la historia (XXIII)



E hizo, con la técnica del mismísimo Marceau, el gesto de la cremallera sobre sus labios, el de cerrar un candado, y ponerse finalmente una especie de esparadrapo, para luego poner los brazos en cruz y descolgar la cabeza como un crucificado. Lo cual logró prolongar un segundo el espectáculo de sus dientes en el ocaso de sus labios replegándose.
Puede que me haya equivocado —pensó María mientras observaba alejarse una bandada de pájaros a través de la ventanilla—, no era fácil a estas alturas que eso sucediese, pero no iba a ser la primera vez, aunque siempre había sido por la percepción opuesta, la de haberme creado demasiadas expectativas y acabar decepcionada. Definitivamente no parecía el típico baboso en busca de un lugar donde verterse. Es inteligente, educado, complaciente. ¡Pero que coño estoy diciendo!, no has tenido suficiente ración de infierno sazonada con esos mismos ingredientes, parece mentira que esté pensando en embarazo con los puntos de la cesárea aún infectados.
Miró de soslayo a su derecha, él estaba leyendo un libro oscuro, parecía un poemario titulado algo así como “
Poemas de amor inmisericordes”, ella lo reconoció de inmediato. Andrés se sabía observado y, sin dirigirse a ella, recitó una estrofa en voz suave y honda:

Tan vehemente como dulce,
súbitamente bienvenido,
adictivo como todo lo imprescindible.
Estalla todo tu amor de repente
agónico e irascible;
verdugo de labios exánimes,
señor de carnívoras veleidades,
mecenas de lo inconcebible,
musa de improvisadas masacres,
sedicioso néctar irredento
que eleva sangrientas vocales asfixiadas,
reino de humedales entre cabellos.

Ella no pudo evitar entonar, al unísono y de anhelosa memoria, ese último verso…

martes, 16 de junio de 2009

El bosque



Emprendió su paseo por el bosque como cada mañana desde que su convalecencia lo obligara a tomarse un respiro. Cada vez era más consciente del sonido de las ramas y las hojas quebrándose a su paso mientras su respiración se acompasaba con la caída de los frutos y el rumor del río, como si hubiese regresado al lugar donde se extinguió hacía mucho tiempo. Ella quiso sorprenderlo adornando con una sonrisa inocente un abrazo inesperado. Siguiendo la antigua senda que él había vuelto a abrir a través de la hierba y el pasto llegó, abrigándose en los árboles en un zigzag de traviesas intenciones, tan profundo que empezó a mirar atrás con mayor inquietud, que fe hacia delante. Poco después decidió gritar su nombre deshaciéndose sin mucho reparo del factor sorpresa. El único resultado que obtuvo fue su ánimo hecho añicos entre los desequilibrados trinos de unos pájaros invisibles, adoptó la decisión de regresar sobre sus pasos. Desorientada miró a su alrededor como brindándole su rendición al bosque y esperando su benevolencia. Entonces recordó que también podía intentar descender hasta el río, remontando su cauce tarde o temprano llegaría al puente de los suicidas, desde allí el camino a la casa era largo pero seguro. Se quedó unos segundos dudando qué dirección tomar…

jueves, 11 de junio de 2009

El resto es asumible



El resto es asumible si el mundo
se asoma
amaneciendo tu ropa,
caóticamente proscrita y yerta,
abandonada
a la suerte de lo superfluo.


Todo es ahora absoluto,
tajante y amazónico como sería,
además de lúgubre,
en una macabra coincidencia,
la ausencia de tu sujetador
colgando
del pie de cama.


Una gélida intención,
lejos de comunicarnos
nos desparrama uno en el otro,
y la luz ardiente del sur,
amputada por el aire acondicionado,
forma incendios estériles sobre
los vellos muertos.


Un bostezo, un mordisco yermo
—cuando juegas a entrecortarlo—
en la palma de tu mano, una sonrisa
alma en pena del sueño. Todo un
shock
para cuando moremos de nuevo el
suelo.


Pero aún, mientras el mando esté
tan desproporcionadamente alejado
de mi afán, tápame que aún
te quiero más de lo que pueda
olvidarlo.

lunes, 8 de junio de 2009

La historia más triste de la historia (XXII)



María se cubrió la cara con sus manos —era un gesto del que abusaba últimamente—, respiró como si fuera a sumergirse en un maremoto, intentando contener con extrañas muecas sepulcrales y parpadeando con inquietud de colibrí, el inminente y masivo desembarco de lágrimas. Pero sus hombros cada vez más replegados sobre el pecho y el sonido de su nariz haciendo lo imposible por retener el tsunami, presagiaban el contundente triunfo de la efímera belleza sobre la trascendencia de la palabra.
Cuando Andrés adivinó que estaba llorando, bajó su maleta del altillo y le dijo:
­–Me voy, créame cuando le digo que más allá de lo que usted haya podido interpretar en mi actitud, hacerla llorar es la antípoda de todo lo que le deseo.
–Espere, quédese por favor, no haga que me sienta aún peor por haber tenido con usted una reacción tan desproporcionada e injusta. Debe comprender que me encuentro al borde…
–No hace falta que intente explicarme su estado, es evidente que algo o alguien, o todo, la está asfixiando a cada paso que intenta dar hacia adelante. Estoy dispuesto a permanecer en silencio, a cambiar de asiento, a quedarme, a contarle un cuento, lo que usted precise no tenga reparos en ordenármelo.
–De momento cállese, permanezca atento por si me vuelvo a despeñar, luego ya veré que hago con usted.
María esbozo una tímida sonrisa que hizo que el tren fuera despacio para que, quien pudiera, la disfrutase durante más tiempo.
–Será un placer para mí como jamás podré describirle, si ello contribuye a conservar las ascuas de esa sonrisa.
–¿Ya no recuerda que le he ordenado callarse?
–Ni media más.

jueves, 4 de junio de 2009

La última entrada



Esta es la última entrada que publico en “El Fin De Los Tiempos”. Siento que sea así, pero no puedo hacer nada —espacio-temporalmente— para evitarlo. Lo es por varias razones, quizá en otro momento tenga más sentido que hoy, reconocerlas. Las circunstancias son las que son, esta sociedad es la que es, la que hemos alcanzado en aras de un futuro de bienestar ilimitado, y que sin embargo, nos anestesia acomodándonos en la cotidianidad y haciéndonos triunfar en la desidia y en lo superfluo, hasta conseguir extirparnos la capacidad de soñar despierto.
Hoy es jueves, lo lamentable es pensar que la única diferencia con el jueves anterior son estas palabras, y que todo lo demás sea inexorable, sin depender lo más mínimo de nuestra voluntad o capricho, y que además de pensarlo, sea cierto. Pero no, esta vez no, algo es diferente, distinto y milagroso, por una vez somos dioses, entre rutinas, deberes e imposiciones, pero dioses, en alguna remota de sus acepciones, al fin y al cabo, creadores. Y llegado a esta conclusión, me revelo, prometo estar atento a cualquier desvío en el recto camino de ser ciudadano. Como dije al principio, esto es lo último que escribo, entre otros motivos, porque todo lo existente le precede, y aún estoy en el presente. Así que os aseguro que es lo último, como todo lo que hacemos, por ahora.

lunes, 1 de junio de 2009

Te propongo hacerte



Te propongo, desde la misma concepción
hasta el último sentido al que pretendas seducir,
hacer lo imposible por ir acomodándote
original e inédita, como exigen los
certámenes literarios, como únicamente
hallarás la forma espontánea de la naturaleza,
tantas veces, hacia siempre, desde los exiguos
reductos amables que aún subsisten en el hombre.


Tú.


Una roca redonda sin voluntad ni luz
propia, sería sin ti la luna, y pasearíamos
algo menos inmensos al reflejo del sol
sobre un diminuto satélite blanqueado.
Ella ya no sería tú, como habría dicho Becquer.
No habría palabra de poeta a que recurrir
cuando todo fuese inmensamente mentira.


Tú, te lo mereces.


Tu ausencia rima con un firmamento triste.
Eres como aspiran a perdurar todas las cosas:
claroscura, impredecible igual que la certeza.
Antes de todo ya fluías, y después siempre te
confirmas.
Faltas cuando la cordura pasa inadvertida,
y en ésta, la de ahora, se te echa copiosamente
en falta…


Tú, poesía, te lo mereces.


jueves, 28 de mayo de 2009

Tu lengua ofídica



Avanzo vertiéndome sobre la
incertidumbre del tiempo en que tú,
malabarista de formas conspiradoras
que gangrenan todo afán que las obvie,
desprendes en arrítmico compás de
sangre, como manjares laberínticos
que soliviantan en los acordes de mi
pulso, las claves para afinarme en
la cadencia de tus manos barrocas.


Diosa en busca de mártir, caes del limbo
en carne redentora y huesos sacrílegos,
exigiendo sin resquicio todo por ti,
o una maldición de estatua vertida vanamente.


He llegado sin tiempo a este enclave
edénico, sólo siento como me petrifico
abandonándome a tus designios, al fin
encaucé tu ardid empíreo formando
un cruz de saliva sobre tu lengua ofídica.


                                                                 

lunes, 25 de mayo de 2009

La historia más triste de la historia (XXI)



–No ha sido mi intención…
–Lo sé, lo sé, no era su intención…, lo último que pretendía era ofenderme… Perdone usted mi osadía… Y un largo etcétera de disculpas para intentar paliar la paradoja de molestar cuando se aspiraba a todo lo contrario. Sólo le pido que respete mi deseo de no mantener la más mínima relación personal en este viaje.
No creo que le esté pidiendo un sacrificio espartano, simplemente siga usted actuando como si yo no existiera, como toda su vida, y espero que el resto, no lo ha podido olvidar de repente.
Él asintió con una expresión de acatamiento castrense en un fondo de sorpresa y de reto que María reconoció como a un enemigo apuntándole en el frente, pero le pareció excesivo culparle por algo tan subjetivo como adivinar el futuro en un gesto. Así que cerró los ojos de nuevo, rogó en oración que el silencio se impusiera con ira, y empezó a respirar intentando no pensar, no sentir, ser sólo aire y agua en calma, una nota sostenida de réquiem.
Lo próximo que sintió fue un olor a perfume y un tacto en su cara a cuerpo bajo una textura de camisa. Se incorporó como un muelle liberado.
–¿Qué hace usted a mi lado? Su asiento no es este. ¿Por qué no me contesta? ¡Diga algo maldita sea!
–¿No recuerda que me prohibió usted dirigirle la palabra? Se ha quedado otra vez dormida, y para evitar que se golpease me he colocado a su lado para impedir su caída.
En los segundos siguientes María entró en un estado catatónico del que no sabía si querría salir alguna vez. Estaba hablando con él, y para más motivo de escarnio, le había hecho un favor. Se preguntaba por qué la vida no podía dejarla ni un sólo día, con todos sus acontecimientos, en paz.

jueves, 21 de mayo de 2009

La esencia o la nada



En el vano ímpetu de aceptarme
llegas improvisando noches insólitas,
dejando el desequilibrio de tactos
como único mar donde el naufragio
de sabernos ciertos, motivos, flota
sin intención, como recién nacido.


¿Cuál es la verdad más allá de tu piel
en el hueco huérfano de mis manos?
¿No sé qué predomina en qué, cuando
la fe y la duda se relevan en cada huella
hacia el fin al que nos debemos?
Sólo aliento y piel y verso tenemos para
de salto en yerro, esquivando el mundo,
insolidarios, hacernos dignos de la esencia
que seremos —eterna crisálida quizás—,
y que será siempre, aroma de una selva,
fragancia de un océano, o extracto de la
nada más austera.

lunes, 18 de mayo de 2009

Una tragedia dormida



Estoy desolado, y avanzo en caída libre hacia el grado de desesperado. El hecho de ser consciente de ello hace que me preocupe aún más, alcanzando irremisiblemente el estado de desamparo en el que —tras este paréntesis— ya he alcanzado.
Todo: desde la intención de hacer el primer trazo de garabato aspirante a letra, hasta el punto y final de lo que estaba a punto de escribir, y por tanto, de contaros, se me ha olvidado. Con serios visos de ser para siempre y por completo. Una tragedia teniendo en cuenta que el cansancio me invade por todos los frentes, sobre todo por aire, con los despiadados síntomas del sueño: haciendo de mi cabeza un tiovivo de despropósitos, una sucesión de caóticas afirmaciones equinas.
Me conformaré con confesaros la verdad: el sobresalto con el que apenas subsisto después de la última cabezada me ha hecho olvidar, si realmente, no recuerdo lo que tenía pensado, o tal vez, nunca existió idea alguna que justificara este despropósito. Así que más vale que me acueste. Aunque ahora que lo pienso, ahora mismo no recuerdo como despertar. Avisadme si no he vuelto nunca.

viernes, 15 de mayo de 2009

El pacto arcano



Entre tus manos y lo que rija el
universo debe haber un pacto arcano.
Y me pregunto a cambio de qué,
cada vez que me deslindan —como
haciendo un fondo de mar sobre
el “claro de luna” de Ludwig—
se te concede el don de hacer y
demoler en mí, todo arte
condenado a perdurar insaciable…
A cambio de qué, habrás conseguido
superar con la versatilidad de tu boca,
cualquiera de mis intentos por
averiguar la deidad de su mixtura,
y sobrevivir sin secuelas.


Imagínense el ímprobo esfuerzo
que traería consigo implícito el
hecho de elucidaros, uno por uno,
los fenómenos que me originan
el resto de su cuerpo. ¡Imposible!
Mera utopía para migajas de arte.

martes, 12 de mayo de 2009

Lo que somos



Lo sé:
somos ardillas voladoras
buscando frenéticamente
nueces en los postes eléctricos;
halcones peregrinos lanzándonos
en picado, a trescientos kilómetros
por hora, sobre el comedero de la
jaula;
somos el césped pisoteado que
enmarca las piscinas y alfombra
cementerios;
mares desembocando en ríos
que mueren en presas.


¡Nosotros, que considerábamos
tan patético como improbable
que el paso de los acontecimientos
nos confirmara predecibles:
como hormigas alienadas
genéticamente!


¡Nosotros, que hubiésemos
cambiado nuestra parcela de
gloria por un solar en cualquier
futuro espontáneo e inconcebible!


¿Realmente crees que reconocerlo
de esta manera será suficiente
para aspirar a un remanso de pureza,
para conseguir un refugio a las
afueras
donde llevar de vacación a la
esperanza y al inconformismo?
No lo sé, la probaremos como plegaria.

jueves, 7 de mayo de 2009

La historia más triste de la historia (XX)



–¿Puede decirme por qué está usted tan seguro de eso, si no me conoce de nada?
– Por su cara, en algunas personas la cara no es el reflejo del alma, es el espejo de algo más elevado y místico. El alma en su rostro es sólo una sonrisa, una expresión de sosiego. El resto es un insondable y maravilloso misterio que contagia esperanza, y revaloriza la vida.
María no estaba para piropos filosóficos, de hecho, era uno de los motivos de su espantada, llevaba toda la vida soportando oleadas de insinuaciones huecas, de adulaciones interesadas, de atenciones desmedidas de quienes —en el mejor de los casos— apenas habían compartido un “buenos días” con ella, fuese cual fuera la situación y el escenario, los halagos le llovían: de profesores asaltacunas; de curas dispuestos a sustituir a Dios y a toda su corte celestial por una Diosa cuyas caderas crucificaban su entrepierna; de amigos que jamás aspiraron a serlo; de maridos en busca de una favorita para su harén; de familiares degenerados; incluso de un ahogado imberbe al que le practicó el boca a boca; ya fuese en el metro; en los semáforos; en las sala de espera de los hospitales; desayunando; en el mercado; en las bodas; dando el pésame en los funerales…
En su relación con los hombres —exceptuando a su padre— nunca había tenido la certeza de comprender el significado real de las palabras. Todo lo contrario que con las mujeres, donde, al menos, estaba segura de que la envidia era la mitad de lo que sentían por ella, y que por tanto, sus conversaciones siempre tendrían un cierto transfondo de reproche.
–Mire usted, he tenido un día —por no decir una vida— para olvidar, estoy agotada, y lo último que quiero hacer en este momento es tenerle que explicar por qué odio que me adulen, así que le rogaría que obviase mi presencia el resto del viaje. ..

lunes, 4 de mayo de 2009

Soy un animal



Últimamente entras como
si respirar se te enquistase.
Cierras la puerta tratando
de aplastar el acoso de este
rosario de días apócrifos.
Jadeas, blasfemas en
idiomas de ultratumba.
Cruzas el patio arrojando
las llaves y el bolso sobre
la mártir y desconchada
mesa de la cocina.


Desde el sofá del salón
te adivino en tus quejas.
Finjo estar dormido
esperando infectarte con el
sosiego de la inconsciencia.
Pasas de largo, subes las
escaleras como escapando
del averno. Abres la puerta
corredera del baño, la cierras,
silencio, oigo el agua
precipitarse por el bajante,
En vez de pensar cómo
socorrerte, sólo me pregunto
qué parte de tu cuerpo estará
inundando, y si te importaría
saciar mi vagar por el
desierto de tu piel ausente.
Por más que la evolución
intente incitarme a razonar,
lo sabes, el animal que me
provocas siempre vence.

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