Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

Placer mutuo

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Moda poética (ediciones limitadas)
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jueves, 2 de enero de 2014

Extraña de Pablo Navidad la (III)

y de su futuro. Con un impulso de rabia que incluso a él sorprendió les gritó: —¡quitad vuestras manos de mi piano, enanos ladrones!—. Aquellos seres se quedaron literalmente petrificados al escuchar la exigencia de Pablo. Todos se habían convertido en una escena de porcelana. Luego se miraron, fruncieron el ceño, algo les había enfadado.
—¿Enanos, nos has llamado enanos? Eres un niño muy maleducado, somos los admirados Elfos justicieros, encargados de dar una lección de humildad a los niños que no se merecen la Navidad —le contestaron los cinco al unísono—
Pablo bajó las escaleras sin saltarse ni uno de los veintiún escalones, lentamente, parecía urdir un nuevo plan en cada escalón que descendía. Llegó al salón, los Elfos volvieron a levantar el piano como si la proximidad del niño no les preocupara en absoluto.
—¿Por qué decís que no merezco la Navidad? Me encanta la Navidad, es la época del año que más me gusta —dijo Pablo angustiado—
Los Elfos no le respondieron, volvieron a coger el piano, lo subieron por la escalera, una vez en el pasillo de arriba lo volcaron sobre la barandilla. Pablo les suplicó que no lo hicieran, incluso intentó evitar que lo dejaran caer tirando de él hacia atrás pero la fuerza de los cinco Elfos era equiparable a la de cinco elefantes furiosos. Como era de esperar el piano se precipitó al vacío pero antes de llegar al suelo desapareció como si se lo hubiese tragado el mar, era pura magia lo que estaba viendo y no sabía si disfrutar de ella o salir corriendo. Los justicieros se dirigieron después a la habitación de Pablo, éste les seguía preguntándoles sin cesar a dónde habían enviado su piano y por qué. Los hombrecillos lo seguían ignorando, entraron en su habitación, desplegaron en el suelo una especie de gran mantel de picnic y comenzaron a echar en él todos los regalos de reyes que encontraron. Ni el propio niño recordaba con exactitud qué regalos eran de Navidad, cuáles de cumpleaños, del día de su Santo, o como premio a unas buenas notas del colegio. Pablo entendió por ello que realmente eran Elfos navideños y que, por alguna extraña razón, estaban castigándolo arrebatándole todos los regalos que le habían hecho  en esa entrañable y maravillosa fecha...

martes, 17 de enero de 2012

Extraña de Pablo Navidad la (II)


De acuerdo, pensó Pablo, creer que era el día de Reyes es fruto de mi imaginación e impaciencia pero, no dejaba de ser Navidad, ¿quién y por qué había retirado todos los adornos navideños del salón?
Escuchó ruido en la cocina, seguramente eran sus padres desayunando, miró la hora en el reloj de pared, las cinco de la mañana descartaba la opción del desayuno. También se podría tratar de una banda de ladrones vampiros que roban la ilusión concentrada en la decoración navideña para repartirla en su ciudad subterránea. O quizá fuesen los mismísimos Reyes Magos que alertados por el estruendo de su carrera habían escapado por la cocina arramplando con todo en su huida.  Pero la angustia no lo acorraló hasta que consideró que lo más probable es que hubiese despertado dentro del último de sus sueños —no era la primera vez que le ocurría, ahora tendría  que encontrar la forma de volver a quedarse dormido lo antes posible dentro de esta pesadilla. La última vez tardó dos días en conseguirlo, ya que, huyendo de una tribu de caníbales en el Amazonas no le resultó una tarea fácil conciliar el sueño—. Sin duda, la opción más lógica sería subir sigilosamente las escaleras, meterse en la cama y contar ornitorrincos como le aconsejaba siempre su padre, hasta quedarse dormido —no sabría explicar por qué esa recomendación de su papá le parecía cada vez más una broma a su costa—
Así lo hizo, así lo intentó, quiero decir, porque en cuanto subió el último escalón no pudo reprimir la instintiva e inexplicable tentación de echar un último vistazo sobre sus pasos observando perplejo como un grupo de enanos, o nomos, o duendes estaban intentando llevarse un piano de pared que había sido el regalo de Reyes de sus padres el año pasado, y que él consideraba el mejor regalo que jamás habían hecho. No podía quedarse allí sin hacer nada mientras esos ladrones de cuento le quitaban parte de su presente y, ahora también, de su pasado.

domingo, 1 de enero de 2012

Extraña de Pablo Navidad la (I)


Los siete años de Pablo lo hacían demasiado pequeño para comprender del todo lo que significaba la Navidad y el por qué de lo que en ella acontecía. Demasiado pequeño para evitar que con el paso del tiempo eso dejara de suceder. Para él la Navidad era un árbol adornado con delicadas figuras que ya no podía desmantelar sin esperar terribles represalias de sus padres, el mismo Belén de siempre en el mismo solemne e inadvertido lugar, y unas calles llenas de luces de colores: unas imitando objetos y criaturas celestiales, otras eran figuras irreconocibles o abstractas de las que le gustaba pensar que eran personajes del infierno reclamando su porción de felicidad —si existían era porque Dios lo permitía, aunque el motivo fuese inescrutable, y por ello sería de una crueldad imposible de atribuir a Dios privarles por completo del espíritu navideño—.

El día de Noche Vieja era un día como otro cualquiera si no fuese porque, sorprendentemente,  el resto del mundo no pensaba cómo podrían saltarse el tiempo que sobraba entre fin de año y Reyes. Las horas de caracol que se arrastraban hasta que por fin descubría materializados sus deseos eran innecesarias, infinitas, pegajosas, definitivamente prescindibles. No sabía qué idear para conseguir que esta noche fuese la última. Suspiraba profusamente cada vez que se imaginaba acostándose agotado después de tragarse enteras casi todas las uvas, y despertando poco después rodeado de regalos.
Pensaba que esa sería la forma ideal de transcurrir el tiempo: concentrar las fechas donde somos felices y eliminar el resto. Así que después de festejar la entrada del nuevo año con su familia se fue a la cama deseando con todas sus fuerzas que el tiempo le regalase sus horas y avanzase hasta la mañana del seis de enero. Lo deseó con tanto afán que en cuanto despertó salió corriendo escaleras abajo en busca de los paquetes que estarían sin duda alguna a los pies del árbol de navidad. En cuanto dejó de mirar los escalones que bajaba de tres en tres y alzó la cabeza comprendió que algo incomprensible ocurría, su sonrisa fue menguando, sus ojos recorrían todo el salón frenéticamente como buscando aire para respirar. ¿Dónde estaba el árbol, las guirnaldas, el belén? Se preguntaba cariacontecido...

jueves, 25 de diciembre de 2008

Jesús alegría de los hombres. J.S. Bach

Desde el Fin De Los Tiempos quiero desear, a los que celebren la Navidad, unas felices fiestas. Y a todo el mundo que pretenda sobrevivir al juicio final, un año nuevo jalonado de buenas intenciones, respeto al planeta, ilusiones e inspiración.
Pronto se abrirán las puertas de esta nave a quienes quieran sobrevivir a la era de los hombres.
Aquí os dejo la Cantata "Jesús alegría de los hombres", BWV 147 de J.S. Bach. Disfruten de la religión universal que es la Música:



Jesus bleibet meine Freude
meines her zens trost und saft
Jesus wehret al lem lei de
erist meines lebens kraft
meiner Augen lust und sone
meiner see le schatz und wonne
darum lassích Jesum nicht
ausdem her zen und Ge sicht

lunes, 7 de enero de 2008

Pesadilla después de Navidad

Estas son mis sobras; el envoltorio que antes relucía con tensa luz propia sosteniendo la emoción del regalo que albergaba; bajo los lazos y las dedicatorias que tomaron como siempre la forma más festiva de corazones, felicidades y te quieros. Esas que ahora yacen violadas a los pies de un hediondo contenedor, que dará trabajo a seres nocturnos que estarán maldiciendo la suerte que han tenido en cualquiera de las loterías con las que el estado recauda el impuesto por mantenernos medianamente ilusionados. Cuando yo me dirija cabizbajo hacia el trabajo, eje sobre el que gira todo el aglomerado de mis frustraciones y rutinas, desterrado de todo lo que hubiese pedido a los Reyes Magos si estos no me hubiesen olvidado reiteradamente desde que les pido estados de ánimo, pensaré en ustedes, visitantes de el fin de los tiempos, breve alegría que muere súbitamente, llama de un trozo de papel donde hubo un comentario.
Terminó la Navidad, como envidio la eternidad que desprenden, aún hoy, la ilusión en los rostros de los más pequeños, jugando inconscientes por los parques y las aceras. Derramando un optimismo cada vez más efímero, que yo intento recoger delicadamente, pero aún así, se me desmorona entre los dedos del pensamiento.

lunes, 8 de enero de 2007

15. De la magia a la rutina

Para mí, el hecho inequívoco, ineludible e irremediable por el cual me hago a la idea de que las vacaciones navideñas han llegado a su fin definitivamente, y por tanto he de volver resignado y malherido a la rutina de las obligaciones de un asalariado medio. ¿Medio? ¿A que hará referencia? puede que a medio feliz, a medio tonto, a medio listo, a medio satisfecho….
Es ir a tirar la basura al contenedor y encontrarme una escultura surrealista y en continuo movimiento de embalajes y cartones de juguetes, pero sobre todo, lo que me devuelve a la realidad más dura y absoluta, es la visión tridimensional de las cajas llenas de lamparones de nata y dulces, de los roscos de reyes.

Si al menos, en vez de envoltorios y cajas manchadas, nos encontráramos esto, amortiguaría un poco el efecto "vuelta a currar".


martes, 12 de diciembre de 2006

11. Mi definición de Navidad


Me gusta la Navidad, y nunca quise preguntarme el por qué, temiendo encontrar algo de injusticia e hipocresía merodeando a su alrededor.
Quizá me reconforte ese ambiente que hace aflorar sentimientos que el resto del año ni siquiera se presienten en nuestra vertiginosa e interesada sociedad.
Es la única época del año donde la esperanza de un futuro mejor derrota a la desilusión de recordar todo lo ingrato del pasado.
Es como si el corazón se expandiera, igual que el universo, y diese mucho más de sí.
Puede que lo que me agrade sea ver a las familias y a los amigos reunidos, felicitándose, compartiendo, en definitiva, queriéndose.
Tal vez me guste porque no he perdido a nadie de los de siempre.
Supongo que será por una mezcla de todo lo mencionado y todo lo que olvido.
Y de todo lo que resalta en lo que os he mencionado, puede resultar una probable y personal definición de Navidad;
Mientras familias y amigos aún se quieran, siempre tendré la esperanza en que el corazón y sus sentimientos, se desarrollen y se expandan.

domingo, 3 de diciembre de 2006

10. Pesadilla antes de navidad




Que bonitas están las ciudades con el alumbrado de navidad en pleno mes de noviembre.
!Qué arte tienen nuestros alcaldes! Por algo lo son, ideas como estas hacen de ellos Neos de carne y hueso, los elegidos de la humanidad. Son los responsables de que consumamos un veinte por ciento más de energía innecesariamente. Además, se nos hacen tan familiares las luces y adornos, que cuando llega realmente la navidad, nadie repara en ellos, ¡están tan vistos! Voy a proponer a mi ayuntamiento que haya un alumbrado de pre-navidad y otro distinto para los días propios de la susodicha. Así nuestra ilusión y despilfarro brillaran al cuadrado. Seguramente nos plagiarán la idea en todo el mundo desarrollado, incluso podríamos mandar el primer alumbrado, ya desechado, al tercer mundo. En vez de medicinas, alimentos o material escolar, qué mejor idea que regalarles en navidad un cargamento de guirnaldas, zambombas y luces que nunca podrán conectar.

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