La fragua

En una fragua, cada noche,
después de retomarnos cada día
sin prejuicios, me gustaría forjarnos;
y mezclar todo lo bello que se nos
escapó sin apenas advertirlo; cada
pálpito en común que quedó olvidado
en la angosta
y amnésica espesura del tiempo.
Y crearnos todopoderosos y efímeros,
como las flores tardías.
Romper cada mañana, exhaustos,
el crisol agotado, y entregarnos
frenéticos a la creación de un
nuevo molde voluptuosamente
conformado de esencias e instintos,
de divinidad.
Crear una vida desconocida hasta ahora,
descubrir en ella nuestra naturaleza
espontánea, y la verdadera misión
de nuestros sentidos.
¿Cuántos paraísos puedes llegar a evocar?
¿Puede consumirnos la perfección?
Dímelo sin pensar, como te esclaviza el amor,
con el acto reflejo de un suspiro,
respóndeme como se da un beso demasiado
tardío;
con un impulso, sin destino ni mesura.
Hagámoslo ahora.
¿O tal vez no?
después de retomarnos cada día
sin prejuicios, me gustaría forjarnos;
y mezclar todo lo bello que se nos
escapó sin apenas advertirlo; cada
pálpito en común que quedó olvidado
en la angosta
y amnésica espesura del tiempo.
Y crearnos todopoderosos y efímeros,
como las flores tardías.
Romper cada mañana, exhaustos,
el crisol agotado, y entregarnos
frenéticos a la creación de un
nuevo molde voluptuosamente
conformado de esencias e instintos,
de divinidad.
Crear una vida desconocida hasta ahora,
descubrir en ella nuestra naturaleza
espontánea, y la verdadera misión
de nuestros sentidos.
¿Cuántos paraísos puedes llegar a evocar?
¿Puede consumirnos la perfección?
Dímelo sin pensar, como te esclaviza el amor,
con el acto reflejo de un suspiro,
respóndeme como se da un beso demasiado
tardío;
con un impulso, sin destino ni mesura.
Hagámoslo ahora.
¿O tal vez no?
