¿Existe el diablo?
La respuesta a estas preguntas nos la brinda en bandeja la lamentable actualidad que protagonizan los gobiernos del Reino Unido e Irán.
La prepotencia británica al no querer reconocer que por un error, o no, sus soldados se encontraban en aguas de jurisdicción iraní. Y por otro lado la soberbia del gobierno de Irán, que al igual que la de otros países árabes, creen poder hacer frente a occidente, en un hipotético desenlace bélico. E intenta doblegar diplomáticamente a Gran Bretaña, reteniendo a unos soldados, que si bien estaban dentro de sus fronteras, en ningún caso se encontraban en una misión hostil o bélica contra ellos. Sé que el problema de fondo no es tan fácil de interpretar como yo lo he hecho. Pero si los dirigentes de ambos países fuesen merecedores de sus cargos, el conflicto se hubiese resuelto en horas y en aras de fomentar la paz entre las dos culturas, y no de intentar dinamitar los escasos puentes que aún nos comunican. Así que desde esta redacción estamos seguros de que el maligno los mantiene enajenados, sintonizados a su sinrazón, y poco a poco hará de ellos unos señores de la destrucción, que llevarán a sus pueblos al odio, a la sangre y al principio del fin.



