Más de cien muertos en las carreteras
Lo importante, como en el sexo, es participar y disfrutar, y sobre todo, llegar.
La prueba palpable de que para cualquier gobierno del mundo, los intereses macroeconómicos están muy por encima del bienestar y de la seguridad de los individuos, es el hecho de que año tras año se supere el número de personas fallecidas por accidente de tráfico, sin que se tomen medidas medianamente serias.
Es curioso, y seguro que os ha pasado a más de uno, que yendo por el carril central de una autovía, a la máxima velocidad permitida -100 Km/H- constantemente te inviten, con apocalípticas pitadas, a desplazarte a la derecha para dejar paso. ¿A quién puedo estorbar, si nadie puede ir más rápido que yo? El colmo del despropósito es cuando quien te pide paso a bocinazo limpio es un camionero, el cual no puede sobrepasar de los 90 Km/H.
No sé, no sé, como dice mi padre: el que tenga prisa, que se levante más temprano. Y yo, cuando alguien me adelanta vertiginosamente y pitando, con cara de estreñido, pienso que la criatura, al fin, se va cagando.
Y digo yo ¿Es tan difícil, tan utópico y descabellado, intentar hacer coincidir la velocidad máxima que pueda alcanzar un vehículo con la permitida por la ley? Si han muerto esta semana santa como mínimo veinte personas debido al exceso de velocidad, ¿no es suficiente incentivo sus vidas para adoptar esta medida? Por favor, necesito que alguien me diga que no estoy loco.
Es curioso, y seguro que os ha pasado a más de uno, que yendo por el carril central de una autovía, a la máxima velocidad permitida -100 Km/H- constantemente te inviten, con apocalípticas pitadas, a desplazarte a la derecha para dejar paso. ¿A quién puedo estorbar, si nadie puede ir más rápido que yo? El colmo del despropósito es cuando quien te pide paso a bocinazo limpio es un camionero, el cual no puede sobrepasar de los 90 Km/H.
No sé, no sé, como dice mi padre: el que tenga prisa, que se levante más temprano. Y yo, cuando alguien me adelanta vertiginosamente y pitando, con cara de estreñido, pienso que la criatura, al fin, se va cagando.
Y digo yo ¿Es tan difícil, tan utópico y descabellado, intentar hacer coincidir la velocidad máxima que pueda alcanzar un vehículo con la permitida por la ley? Si han muerto esta semana santa como mínimo veinte personas debido al exceso de velocidad, ¿no es suficiente incentivo sus vidas para adoptar esta medida? Por favor, necesito que alguien me diga que no estoy loco.

