Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

Placer mutuo

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Moda poética (ediciones limitadas)
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lunes, 26 de noviembre de 2007

¿La vida es un sueño olvidado, o un simple deterioro? (III)



De repente un intenso sonido de sirena lo sacó sin piedad de su reconfortante aislamiento, abrió los ojos, contempló atónito a una muchedumbre observándolo, como esperando un linchamiento o un escarnio público por su antisocial inmovilidad. Ese irreverente sonido robótico era de una ambulancia que había aparcado su trágico destino justamente a su lado, se le acercaron varios hombres de blanco inmaculado sujetándolo de los brazos y dándole con una pérfida cadencia de voz, ánimos. Cuando salió de su asombro era demasiado tarde, se encontraba totalmente inmovilizado en una camilla que avanzaba inexorablemente hasta algún centro de rehabilitación mental. Su trágico final no pudo desdibujar del todo esa espléndida sonrisa que desplegó su alma cuando se vio de nuevo, formando parte natural de aquella charca. Volvería a provocarlo diariamente si pudiese, comentó con voz plácidamente sensible. ¡Qué ironía!, comentó uno de los enfermeros, cuánto más locos están, menos parecen añorar estar sanos. Y él, jefe de los servicios psiquiátricos del hospital donde seguramente lo internarían, nuevamente sonrió mientras observaba una cómplice porción de cielo que entraba furtiva por una ventanilla, y que lo acompañaría el resto de sus días. FIN

jueves, 22 de noviembre de 2007

¿La vida es un sueño olvidado, o un simple deterioro? (II)



...Y respiró tan hondo como le permitieron sus contaminados pulmones. ¡Qué maravilla! exclamó mientras cerraba los ojos y esbozaba una breve sonrisa que denotaban un estado de armonía supremo, completamente nuevo para él, si restamos breves recuerdos, más o menos reconstruidos, de su niñez. Las personas semiautomáticas que desfilaban sin descanso a su lado lo observaban decididamente preocupadas por la seguridad de sus monótonos días, y de sus engarrotados cuerpos. Muchos creyeron adivinar en su comportamiento un síntoma evidente de locura, o de cualquier otro desequilibrio mental que ponía en serio peligro al resto de la humanidad que tuviese la mala fortuna de pasar en ese momento, cerca de su inesperada conducta. Ajeno a cualquier determinación exterior, él permanecía extasiado, mirando con los ojos cerrados hacia la vida, y sintiendo el aliento primogénito de la creación, lo invadió de repente el recuerdo exacto de cuando, con apenas cinco años, su padre lo llevó a conocer una gran charca, oculta en medio de una majestuosa arboleda que desplegaba las ramas de sus árboles formando una maravillosa bóveda esmeralda sobre el agua. Entonces sonrió plenamente, sin ningún pudor, ajeno totalmente a su cuerpo y a su posición. Desgraciadamente fue la última sonrisa del día...

jueves, 8 de noviembre de 2007

¿La vida es un sueño olvidado, o un simple deterioro? (I)



De repente se detuvo, miró lentamente a su alrededor, observó a la gente caminando presurosa y en silencio como si las aceras les quemaran sus vírgenes plantas de leche, absortas en sus obligaciones rutinarias sucumbían al tiempo con el que ellas mismas flagelaban su serenidad. Contempló a los coches impregnando el silencio y la atmósfera de una corrosiva sensación de engranaje autómata. Una fila de hombres hormigas descargaban muebles desde un camión hasta una vivienda, rápida y desenfrenadamente porque entorpecían el infinito y ofídico tráfico de indeseadas responsabilidades humanas. Una sirena sonaba a lo lejos, cada vez más fuerte, mientras seguía inmóvil e intentando encontrar una razón lo suficientemente vital para continuar su paso. Al otro lado de la calle un hombre golpeaba un cajero automático mientras regurgitaba improperios provenientes del último fin de los tiempos. Alzó la vista hacia arriba reconociendo una parte original de lo que fueron sus sueños de infancia, ahí estaba el cielo ligeramente salpicado de superficiales nubes de nata, confinado entre tejados y soledades. El sol asomaba en tímidos intervalos de una calidez y pureza florecientes, cuando sintió el reconfortante impacto de un heroico rayo de sol relajando sus facciones, cerró los ojos, abrió las rejas a las ilusiones verdaderas, esas que en su momento creyó que eran posibles…

miércoles, 29 de noviembre de 2006

4º.El tráfico, una odisea en y entre ciudades


Que conste que sé, -para este artículo casi me documento-que las mujeres de varias generaciones se están incorporando en la actualidad al parque automovilístico. Soy consciente que los jóvenes esperan ansiosos cumplir los dieciocho años para sacarse el carné de conducir, en muchos casos poseen el coche de algún familiar –que se ha agenciado uno nuevo- aparcado en la calle a su disposición, mucho antes de presentarse a los exámenes. Y qué me van a contar ustedes sobre la comodidad de llegar al trabajo en nuestro propio coche, sin depender de nada ni nadie, cada uno que arree con su burro aunque nos coceemos. Al final vamos tan apiñados que parece que viajamos en el mismo autobús, eso si, jugando como niños a insultar y cada uno con su volantito particular…
Hoy me levanté, no había otra manera de ir al hospital. Estaba citado para unas pruebas a las diez y media, en condiciones normales de presión y temperatura se tarda unos veinte minutos en llegar, pues bien, como yo no soy normal tardé sesenta. A una hora en que se supone que la mayoría de las personas están incorporadas a sus respectivos puestos de trabajo, parecía que todos se habían solidarizado con mi dolencia y se disponían a escoltarme al hospital. Sufrí una retención por cada incorporación que realicé a una nueva carretera, y otras tantas cada vez que quería salir de ellas. Cuando llegué al hospital, para relajarme, estuve jugando una media hora al juego de la silla, pero sin silla. Dos mil plazas de aparcamientos totalmente cubiertas, incluyendo zonas rústicas adyacentes, arriates, zonas amarillas y dobles filas. Así que unos treinta coches nos enzarzamos en ese maravilloso juego infantil, todos a dar vueltas -yo incluso me vi tentado a saludar a varios conductores con los que me crucé tantas veces que me parecían familiares- a ver quién tiene la suerte de que a su paso, alguien desocupe una plaza de aparcamiento, para entonces reaccionar como si vieses las puertas del cielo abriéndose ante ti, pero sólo por unos segundos, y con un certero volantazo alcanzar la paz y el descanso, que con la oración y la penitencia nos habíamos ganado. Y digo yo, si los aparcamientos de fábricas, hospitales, oficinas, calles, avenidas, centros comerciales y resto de zonas con posibilidad física de albergar un vehículo están a rebosar. Y simultáneamente las vías, carreteras, circunvalaciones y travesías están como hormigueros, a punto del colapso,
o de abandonarse en los brazos de la ira y el canibalismo. Si tenemos capacidad sobrada para ocupar todos lo espacios rutinarios disponibles, a todas horas y todos los días. Podríamos intentar por ejemplo, trabajar, ir de compras, al colegio o al hospital, la mitad de la población los días pares y la otra los impares. Que tráfico nos quite puntos del carné si nos descubre circulando o aparcados en el día equivocado.
En definitiva, o Zapatero se toma este asunto en serio, o la población afectada, o sea, toda, empezaremos a tomar las medidas oportunas, o sea, ninguna.

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