Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

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martes, 26 de julio de 2011

La salvación. Asparoi (II)


Asparoi es un planeta básicamente rojo —me refiero al color porque ideológicamente todos me resultan incoloros—, predominando las tonalidades rosáceas. Quizá no sea esta la característica más relevante pero sin duda es lo primero que embarga cuando a uno lo contiene. El agua y el cielo crean una atmósfera dulce y sosegada, casi onírica. El día dura aproximadamente lo que un año en la tierra. La noche no la he visto, entre otras cosas porque cuando se acerca, todos los habitantes de este lugar migran hacia la zona iluminada. Las sombras hacen del frío una especie de amenaza coagulante llena de abismos. En los pocos libros que me han proporcionado que versan sobre su estilo de vida y su mundo —he de decir que correctamente traducidos— también he leído algo referente a extrañas criaturas y antiguos destierros de reaccionarios y disidentes. Aproximadamente un mes terrestre antes de desembarcar la penumbra empieza el gran y ordenado éxodo hacia la otra cara. Allí tienen todo prácticamente duplicado. Viven en una sola ciudad que consta de dos lugares que son antípodas. Por supuesto todo está minuciosamente calculado, mientras el sol se oculta a sus espaldas ellos avanzan hacia el lado opuesto, como si poseyesen el instinto migratorio de las aves y el orden genético de las hormigas, terrestres.

Ignoro si hay otras personas como yo por aquí. Será lo primero que les pregunte cuando tenga oportunidad. Cuando digo “como yo”, me refiero a mi condición de colaborador nativo para el rescate de la vida. 

domingo, 17 de julio de 2011

Mantenerte

        
   Mantenerte para siempre es,
                          como fue alcanzar a Félix, Federico, o Diego,
                          una misión que coquetea y se amalgama
                          vertiginosamente con éxodos y
                          desiertos.
                         

                          Sin embargo, me hace esperanza de otros
                          mundos iguales a éste pero sin ti.

                                                       
   Apenas asoma tímido en la memoria por qué
                          debía y debe ser así, y lo que era antes
                          de que mi sospechoso instinto de
                          supervivencia lo proclamara agua y oxígeno.
                         

   Supongo que todo terminó derivándose
                          de la adictiva indefensión con la que
                          me dotabas: aprendí la locura infinita
                          de hablarte sin que estuvieras, de verte
                          erigida entre soledades, de ser sin haber
                          existido antes ante algo tan deseado como
                          desconocido,
                          de acariciar el aire abducido por lo que
                          serías prolongándome hacia lo fantástico.

                          


                          Sin embargo, a veces, con una frecuencia
                          aspirante a plaga de enredaderas carnívoras,
                          nada es trascendente.
                          Como si lo que hace importante lo demás
                          no hubiese sido descubierto, o reconocido.
                        

                          Mantenerte es intentar mantenerme en la
                          forma idónea para recorrer algún día
                          la distancia entre lo probable que somos
                          y lo sublime que seríamos.

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