Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

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lunes, 29 de junio de 2009

La historia más triste de la historia (XXIV).




–No puede ser. Me permite la indiscreción de preguntarle cómo descubrió ese libro.
–Se lo diré si me confiesa por qué quiere saberlo.
–Sólo por curiosidad, yo también tengo un ejemplar, y no es fácil encontrarlo en librerías.
–Su primera expresión no ha sido precisamente de curiosidad, más bien de asombro, casi de estupor me atrevería a decir. Este libro ha tenido que estar relacionado de alguna manera a un acontecimiento crucial para usted, ¿me equivoco?
–Bueno, déjelo, si para que me responda tengo que someterme a un psicoanálisis mejor...
–Está bien, de acuerdo, no se me vuelva a enfadar. Un día, naufragando por internet, recalé en el blog personal del autor, leí varios poemas, me interesaron y, voilà, por lo que he podido leer, sigue pareciéndome prometedor, pero lo que realmente me resulta apasionante del libro es la relación que pueda tener con usted.
En serio, sé que apenas nos conocemos, pero se me agrieta el mundo tras la ventanilla cada vez que descubro en su cara esa tristeza que hace ladear su cabeza, rendirse al desánimo hasta obligar a la belleza a prescindir de sus ojos y de sus dientes. No quisiera abrumarla, ni que piense que es una mera estrategia adolescente, pero le prometo que puede contarme lo que quiera y que haré lo inconcebible para que no se arrepienta.

María se quedo mirándolo como haciendo una resonancia magnética a sus palabras, en busca de similitudes con otras piedras preciosas del pasado, que acabaron convirtiéndose en las brutas con las que tropezamos siempre.

–Se lo agradezco, lo tendré en cuenta, quizá en otro momento. Ahora prefiero… La verdad, no sé muy bien qué prefiero, supongo que algún resquicio quedará aún para mí que pueda ilusionarme, por algo seguiré viva.
–Quizá ese resquicio sea mi desinteresada disposición a ayudarla, no cierre las puertas antes de poner un pie en el otro lado...

jueves, 25 de junio de 2009

Joe Satriani. Always with me, always with you

Llevo veinte años disfrutándola (con alguna que otra pausa).
Si a partir de ahora no existiera, el resto de mi vida sería un intento por resucitar esta canción.
He aquí el origen:



lunes, 22 de junio de 2009

La puta ventana



En cuanto la penetro comienzan
las distancias,
eran prácticamente idénticas ayer,
sólo llegadas y salidas sin propósito,
la monotonía del tiempo vive deteniendo
los espacios entre el cemento y el asfalto.
La lluvia se silencia y se contonea
desnuda, burlándose de caras previsibles
como este punto.
Tonio ¿vamos a desayunar?, me lanzas
con voz de hambrienta bella durmiente
mientras trato de imaginar más allá del
más allá
de la puta ventana, al lado del ordenador.
Entre tu amor y la nada, entre tu vida y
mi muerte,
debe existir algo mejor que estas palabras.
¡Voy! Hay cierta luz de esperanza al final
del túnel, en ese movimiento tuyo al bajar
por el hueco de la escalera, en bragas.

viernes, 19 de junio de 2009

La historia más triste de la historia (XXIII)



E hizo, con la técnica del mismísimo Marceau, el gesto de la cremallera sobre sus labios, el de cerrar un candado, y ponerse finalmente una especie de esparadrapo, para luego poner los brazos en cruz y descolgar la cabeza como un crucificado. Lo cual logró prolongar un segundo el espectáculo de sus dientes en el ocaso de sus labios replegándose.
Puede que me haya equivocado —pensó María mientras observaba alejarse una bandada de pájaros a través de la ventanilla—, no era fácil a estas alturas que eso sucediese, pero no iba a ser la primera vez, aunque siempre había sido por la percepción opuesta, la de haberme creado demasiadas expectativas y acabar decepcionada. Definitivamente no parecía el típico baboso en busca de un lugar donde verterse. Es inteligente, educado, complaciente. ¡Pero que coño estoy diciendo!, no has tenido suficiente ración de infierno sazonada con esos mismos ingredientes, parece mentira que esté pensando en embarazo con los puntos de la cesárea aún infectados.
Miró de soslayo a su derecha, él estaba leyendo un libro oscuro, parecía un poemario titulado algo así como “
Poemas de amor inmisericordes”, ella lo reconoció de inmediato. Andrés se sabía observado y, sin dirigirse a ella, recitó una estrofa en voz suave y honda:

Tan vehemente como dulce,
súbitamente bienvenido,
adictivo como todo lo imprescindible.
Estalla todo tu amor de repente
agónico e irascible;
verdugo de labios exánimes,
señor de carnívoras veleidades,
mecenas de lo inconcebible,
musa de improvisadas masacres,
sedicioso néctar irredento
que eleva sangrientas vocales asfixiadas,
reino de humedales entre cabellos.

Ella no pudo evitar entonar, al unísono y de anhelosa memoria, ese último verso…

martes, 16 de junio de 2009

El bosque



Emprendió su paseo por el bosque como cada mañana desde que su convalecencia lo obligara a tomarse un respiro. Cada vez era más consciente del sonido de las ramas y las hojas quebrándose a su paso mientras su respiración se acompasaba con la caída de los frutos y el rumor del río, como si hubiese regresado al lugar donde se extinguió hacía mucho tiempo. Ella quiso sorprenderlo adornando con una sonrisa inocente un abrazo inesperado. Siguiendo la antigua senda que él había vuelto a abrir a través de la hierba y el pasto llegó, abrigándose en los árboles en un zigzag de traviesas intenciones, tan profundo que empezó a mirar atrás con mayor inquietud, que fe hacia delante. Poco después decidió gritar su nombre deshaciéndose sin mucho reparo del factor sorpresa. El único resultado que obtuvo fue su ánimo hecho añicos entre los desequilibrados trinos de unos pájaros invisibles, adoptó la decisión de regresar sobre sus pasos. Desorientada miró a su alrededor como brindándole su rendición al bosque y esperando su benevolencia. Entonces recordó que también podía intentar descender hasta el río, remontando su cauce tarde o temprano llegaría al puente de los suicidas, desde allí el camino a la casa era largo pero seguro. Se quedó unos segundos dudando qué dirección tomar…

jueves, 11 de junio de 2009

El resto es asumible



El resto es asumible si el mundo
se asoma
amaneciendo tu ropa,
caóticamente proscrita y yerta,
abandonada
a la suerte de lo superfluo.


Todo es ahora absoluto,
tajante y amazónico como sería,
además de lúgubre,
en una macabra coincidencia,
la ausencia de tu sujetador
colgando
del pie de cama.


Una gélida intención,
lejos de comunicarnos
nos desparrama uno en el otro,
y la luz ardiente del sur,
amputada por el aire acondicionado,
forma incendios estériles sobre
los vellos muertos.


Un bostezo, un mordisco yermo
—cuando juegas a entrecortarlo—
en la palma de tu mano, una sonrisa
alma en pena del sueño. Todo un
shock
para cuando moremos de nuevo el
suelo.


Pero aún, mientras el mando esté
tan desproporcionadamente alejado
de mi afán, tápame que aún
te quiero más de lo que pueda
olvidarlo.

lunes, 8 de junio de 2009

La historia más triste de la historia (XXII)



María se cubrió la cara con sus manos —era un gesto del que abusaba últimamente—, respiró como si fuera a sumergirse en un maremoto, intentando contener con extrañas muecas sepulcrales y parpadeando con inquietud de colibrí, el inminente y masivo desembarco de lágrimas. Pero sus hombros cada vez más replegados sobre el pecho y el sonido de su nariz haciendo lo imposible por retener el tsunami, presagiaban el contundente triunfo de la efímera belleza sobre la trascendencia de la palabra.
Cuando Andrés adivinó que estaba llorando, bajó su maleta del altillo y le dijo:
­–Me voy, créame cuando le digo que más allá de lo que usted haya podido interpretar en mi actitud, hacerla llorar es la antípoda de todo lo que le deseo.
–Espere, quédese por favor, no haga que me sienta aún peor por haber tenido con usted una reacción tan desproporcionada e injusta. Debe comprender que me encuentro al borde…
–No hace falta que intente explicarme su estado, es evidente que algo o alguien, o todo, la está asfixiando a cada paso que intenta dar hacia adelante. Estoy dispuesto a permanecer en silencio, a cambiar de asiento, a quedarme, a contarle un cuento, lo que usted precise no tenga reparos en ordenármelo.
–De momento cállese, permanezca atento por si me vuelvo a despeñar, luego ya veré que hago con usted.
María esbozo una tímida sonrisa que hizo que el tren fuera despacio para que, quien pudiera, la disfrutase durante más tiempo.
–Será un placer para mí como jamás podré describirle, si ello contribuye a conservar las ascuas de esa sonrisa.
–¿Ya no recuerda que le he ordenado callarse?
–Ni media más.

jueves, 4 de junio de 2009

La última entrada



Esta es la última entrada que publico en “El Fin De Los Tiempos”. Siento que sea así, pero no puedo hacer nada —espacio-temporalmente— para evitarlo. Lo es por varias razones, quizá en otro momento tenga más sentido que hoy, reconocerlas. Las circunstancias son las que son, esta sociedad es la que es, la que hemos alcanzado en aras de un futuro de bienestar ilimitado, y que sin embargo, nos anestesia acomodándonos en la cotidianidad y haciéndonos triunfar en la desidia y en lo superfluo, hasta conseguir extirparnos la capacidad de soñar despierto.
Hoy es jueves, lo lamentable es pensar que la única diferencia con el jueves anterior son estas palabras, y que todo lo demás sea inexorable, sin depender lo más mínimo de nuestra voluntad o capricho, y que además de pensarlo, sea cierto. Pero no, esta vez no, algo es diferente, distinto y milagroso, por una vez somos dioses, entre rutinas, deberes e imposiciones, pero dioses, en alguna remota de sus acepciones, al fin y al cabo, creadores. Y llegado a esta conclusión, me revelo, prometo estar atento a cualquier desvío en el recto camino de ser ciudadano. Como dije al principio, esto es lo último que escribo, entre otros motivos, porque todo lo existente le precede, y aún estoy en el presente. Así que os aseguro que es lo último, como todo lo que hacemos, por ahora.

lunes, 1 de junio de 2009

Te propongo hacerte



Te propongo, desde la misma concepción
hasta el último sentido al que pretendas seducir,
hacer lo imposible por ir acomodándote
original e inédita, como exigen los
certámenes literarios, como únicamente
hallarás la forma espontánea de la naturaleza,
tantas veces, hacia siempre, desde los exiguos
reductos amables que aún subsisten en el hombre.


Tú.


Una roca redonda sin voluntad ni luz
propia, sería sin ti la luna, y pasearíamos
algo menos inmensos al reflejo del sol
sobre un diminuto satélite blanqueado.
Ella ya no sería tú, como habría dicho Becquer.
No habría palabra de poeta a que recurrir
cuando todo fuese inmensamente mentira.


Tú, te lo mereces.


Tu ausencia rima con un firmamento triste.
Eres como aspiran a perdurar todas las cosas:
claroscura, impredecible igual que la certeza.
Antes de todo ya fluías, y después siempre te
confirmas.
Faltas cuando la cordura pasa inadvertida,
y en ésta, la de ahora, se te echa copiosamente
en falta…


Tú, poesía, te lo mereces.


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