Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

jueves, 31 de diciembre de 2009

Resumen del año 2009

Este es un pequeño resumen de lo más destacado que os he contado desde el Fin De Los Tiempos durante el, ya agonizante, año 2009. Aquí podrán leer los relatos íntegros, así como los últimos poemas. Os espero el próximo año en este humilde espacio, mi oasis particular en medio del apocalipsis.

-La inspiración (4 capítulos)

-La increíble hormiga pensante (7 capítulos)

-La historia más triste de la historia (35 capítulos)

-El bosque (9 capítulos)

-Poemas


Todo ello amenizado con el “Amor brujo” del Gaditano Manuel de Falla. Interpretado por Daniel Barenboim y la Chicago Symphony Orchestra. Espero poder seguir disfrutando de vuestra compañía.




                                                                                                              

lunes, 28 de diciembre de 2009

La increíble hormiga pensante (VII). La colonia



Un sonido familiar despertó a la hormiga, era su colonia volviendo al hormiguero. La mayoría maltrechas y debilitadas por el frío, una a una iban cayendo extenuadas a pocos metros de la salvación. Se quedó boquiabierta contemplando el macabro espectáculo. Se preguntaba qué experiencia le había podido causar tantos estragos a su, hasta hoy, invencible ejército. Dedujo entonces que quedar atrapada en una piedra no era lo peor que te podía ocurrir en una noche como la pasada. Quizá hasta tuvo suerte. Tal vez estaba predestinada a sobrevivir para liderar a los supervivientes de su especie. La Mariquita se interpuso en su intención de bajar de la hoja para socorrer a sus hermanas. —Tienes razón Marisiete, por mucho que me afane no lograría hacerme entender. Antes de ayudarlas tendré que pensar la forma de hacerlas razonar, de provocar en ellas la curiosidad de aprender y comunicarse—. La mariquita se quedó mirándola e hizo repetidamente un gesto de negación con la cabeza. —¿No crees que puedan llegar a pensar igual que yo, o piensas que no sería una buena idea que lo lograsen? Ya sé, temes que millones de hormigas asesinas e inteligentes puedan alterar trágicamente todo nuestro maravilloso ecosistema. No sé, puede que tengas razón, de momento no intervendré, dejaré que todo siga su cauce natural, aunque eso sea como reconocer que me estoy convirtiendo en un ser sobrenatural y potencialmente peligroso para el resto de animales—.
Al apartarse de su amiga, cabizbaja, se situó tan cerca del filo de la hoja que ésta se tambaleó haciendo que la siafu saliera despedida cayendo de cabeza sobre un hongo, y después de robotar en éste, definitivamente aterrizó con su espalda sobre la tierra...

lunes, 21 de diciembre de 2009

Feliz año nuevo desde Andalucía

Como viene siendo habitual en El Fin De Los Tiempos, por estas fechas, para unos entrañables, tristes para otros, e indiferentes para el resto, me valgo del maestro Paco de Lucía para desearos un nuevo año lleno de inspiración, solidaridad, y respeto a nuestro planeta. Soy andaluz, no somos más altos ni más listos que el resto del mundo pero, una cierta forma de vivir y de entender el arte si nos caracteriza. He aquí un andaluz en Alemania:



jueves, 17 de diciembre de 2009

La increíble hormiga pensante (VI). El festín



No sabía hasta que punto ella podría entenderla pero, con una efusividad inaudita en una hormiga, hermanando su antenas le agradeció su ayuda.
La mariquita pareció alegrarse, desplegó sus alas agitándolas en lo que parecía ser una señal de júbilo. Las dos estaban hambrientas aunque aquella resplandeciente y fría mañana invitara a miles de experiencias más interesantes. Así que decidieron dar una batida por un sembrado que según Marisiete estaba infectado de pulgones. En una sóla hoja de aquellas plantas había suficientes pulgones para alimentarse durante una semana. Comieron hasta saciar con creces su apetito, siguieron hasta que el placer de comer no les parecía merecedor del esfuerzo que requería, incluso acabaron con las reservas de su gula. Las dos se quedaron mirándose, el sol empezaba a calentar sus espaldas, fueron parpadeando cada vez más lentamente, como si las condiciones las condenaran a descansar un rato. Se ocultaron debajo de una hoja templada, cada una mirando hacia un lado para estar alerta ante cualquier peligro, unieron sus perfiles como en un acto de alianza inconcebible hasta entonces, y cerraron sus ojos con una tranquilidad de la que jamás habían disfrutado antes.
Quizá estemos siendo testigos de un paso evolutivo sin precedentes en la historia de la vida sobre este planeta. Nuestra humillada y esquilmada Tierra aún alberga fuerzas para continuar creando milagros, y sorprendernos desde nuestra propia miseria...

lunes, 14 de diciembre de 2009

Como ahora



Hace un tiempo injustificable
que no pienso como hacer para
merecerte sin que varíe un ápice
la forma en la que ahora me quieres.
Y mucho me temo que hoy,
mientras persistas en esa actitud de
considerar alimento mis veleidades,
no propiciarás las condiciones.
Y no podré evitar, como espero que
perdure, abandonarme a tu suerte
como recolectando sin sembrar cada
hazaña que tus manos me maduren.

jueves, 10 de diciembre de 2009

La historia más triste de la historia (XXXV). La nota



Como ya echaba de menos en ese ojalá, Milagros no tuvo precisamente una noche apacible. Se despertaba sobresaltada con el simple murmullo de los ácaros, como intuyendo un adiós de María sin beso o abrazo, ni siquiera con un desarraigado “hasta pronto”. Dejándolo todo entre ellas derramándose por un precipicio que comunicaba las sobras del cielo con el hambre del limbo. María no tenía pensado marcharse de aquel pueblo sin despedirse de Milagros pero, que estuviese profundamente dormida mientras ella se estaba vistiendo fue una tentación irreprimible, de la cual más tarde se justificó esgrimiendo, sin conseguir apenas engañarse, que después de toda una noche de sobresaltos —la onda expansiva de más de uno incluso la había alertado—, lo mejor que podía hacer era no despertarla, teniendo en cuenta que tampoco era para entregarle un regalo, precisamente. Así que recurrió a la socorrida nota dándole gracias por todo y donde le volvía a asegurar que tarde o temprano volverían a encontrarse.
Milagros abrió los ojos a las nueve de la mañana. Miró la cama deshabitada donde debería estar María y, con un atisbo de sonrisa, quizás una mueca, se lamentó de no haber podido evitarlo después de presumirlo y padecerlo toda la noche.
Se levantó a rastras, entró en el cuarto de baño y se detuvo como un pointer al ver una nota pegada en el espejo. Desde la distancia a la que se encontraba no podía leerla, por eso se permitió un leve oasis para imaginar lo maravilloso que sería que la nota dijera: “te espero en la cafetería, estoy ansiosa porque lleguemos a Los pecados de Cristo”...

lunes, 7 de diciembre de 2009

El bosque (IX). Los pájaros



Pero no poder renunciar a voluntad a ese privilegio hacía que, lenta pero inexorablemente, dejara de serlo. La dicha iba transformándose en alergia, el aire puro en un irritante gas, las piedrecillas se clavaban ahora en las suelas de sus zapatos como una penitencia cristiana. Y alguna que otra maldición se escapó con rabia de sus labios. Incluso estaba empezando a arrepentirse de haber tenido la dudosa gran idea —teniendo en cuenta que hacía muchos años que no se adentraba en aquel bosque— de sorprender a Gabriel en aquel lugar, y no haber esperado en la cabaña tranquilamente a que él regresara. Una gran bandada de pájaros oscuros levantaron su vuelo al unísono desde unos árboles eclipsando el cielo, la suma de sus graznidos era un sonido ensordecedor que sobrecogía. Eva se cubrió los oídos con sus manos mientras le caía una lluvia de escrementos. Empezó a correr pidiéndoles por favor que la dejaran en paz, creyendo realmente que la reacción de los estorninos era deliberadamente en su contra. Exhausta se cobijó bajo un sauce llorón, el ruido cesó de repente, aprovechó esa calma relativa para limpiarse un poco con unos pañuelos de papel. Apartó las ramas a modo de cortinas para ver cual era la situación de la bandada. Se habían alejado hasta desaparecer o estarían posados a la espera de que volviese a salir para continuar torturándola, se preguntaba recorriendo con la mirada encendida cada lugar sospechoso. Se sentó un momento para descansar, debía idear un plan por si volvían a perseguirla; quizá recogiendo unas piedras con las que asustarles lanzándoselas; tal vez si les grito haciendo aspavientos logre infundirles más miedo que ellos a mí; como última opción podría volver a ocultarme en otro árbol parecido a éste; incluso meterme en el río hasta que se largasen...

jueves, 3 de diciembre de 2009

Desiertas palabras



Recibiría con júbilo que hubiese un Dios al que,
cansado de concedernos meritorios eriales, le
pudiésemos rogar la dispensa de mutar en desiertos
conjugándose; contandores de arena; buscadores de
agua subterránea.
Reivindico las palabras que nacen de la parte
desértica de los sentidos, y sólo saben a tierra
de duna errante que, quizá, logren algún día
ser parte de un lodo con forma, incluso de una
sinécdoque de poema, auspiciadas por la
incertidumbre de la lluvia.

lunes, 30 de noviembre de 2009

La increíble hormiga pensante (V). La liberación


Marisiete empezó a morder uno de los pelos atrapados de la hormiga, ésta, que presentía cierta actividad traumática, no podía imaginar con suficiente concreción lo que estaba pasando. La verdad es que su extremidad estaba libre por completo de la petrificada savia, eran sólo sus pelos y el espolón los engullidos por la desconsiderada sustancia. Antes de que el sol alcanzase su cenit el aflamencado escarabajo había acabado de cortar todos los pelos atrapados. Después de un breve descanso empezó a roer el espolón por el lado contrario al de sus púas. ajena al dolor y a los espasmos que le estaba provocando a la hormiga, la mariquita seguía empeñada en liberarla. Aunque no creo que hubiese nadie que pudiese imaginar en aquel momento el motivo de tan arduo anhelo. En uno de los movimientos compulsivos con los que el himenóptero intentaba escapar del sufrimiento, su peine al fin cedió por donde su salvadora estaba obcecada en que así fuese, cayendo de bruces sobre el suelo. El dolor no le importaba, el cansancio se le olvidó, en cuanto recuperó el aliento se puso en pie, comenzó a caminar con parsimonia contemplando con emoción como su agónica pata parecía acompañar con solvencia al resto. Salvo una pequeña y lógica disfunción transitoria toda su extremidad delantera parecía responder a su intención. Al fin era libre. Obviando las secuelas corrió dando vueltas alrededor de su cárcel de piedra, era toda una exhibición del por qué de la milenaria existencia de su especie. Se encaramó a la roca en milésimas y se topó de frente con marisiete...
                                 
                           

jueves, 26 de noviembre de 2009

ILUSOS



Asida vas a todo lo que te dije,
a todo lo que hice, incluso a lo que
crees que callo, o no hago.
Como un niño os sigo, refunfuñando,
sintiendo como mío sólo lo común,
lo que sentiría todo el mundo.
Mi adulto mientras tanto va
sonriéndote como un extraño o un
amnésico que ha olvidado el motivo
que te hace creernos cómplices.
Y te beso en la frente como quien se
pellizca confirmando una suerte desmedida.


Y al leer esto creerás que me equivoco,
que me intuyes más allá de lo que
imagino, que incluso el tiempo donde
aún no hemos sido transcurrirá
haciéndonos razonablemente idóneos.
Y yo intentaré que no adivines lo que temo.
Trataré que dos ilusos lleguen a ser la razón
de todo lo que importa, la esencia de la
verdad desde la que nos desvanecemos
.

                                                                                                           

lunes, 23 de noviembre de 2009

La historia más triste de la historia (XXXIV). En la cama


─¿María? Dime algo por favor, no hagas que me sienta como una lunática en busca de amores utópicos. Y si es así como me ves, dime que puedo hacer para convencerte de lo contrario, que es, sin duda, lo cierto. Cómo podríamos empezar de cero. No creo poder soportar que me dejes aquí, pensando que lo único que he provocado en ti es agudizar la tristeza con la que llegaste. Sé que sólo puedo aspirar a tu amistad, te prometo que jamás tendrás que recordármelo, por eso espero, con toda mi alma, que no tomes medidas para remediar lo que no ha pasado ni pasará, danos un oportunidad para seguir siendo como hasta ahora. Reconoce que sería fantástico poder contar con alguien así, con momentos como los que nos han transcurrido, con sonrisas cómplices, con miradas claras. No podemos permitirnos el lujo de ignorarnos, al menos, yo no puedo. No hay nada que lo justifique, ni nadie, que lo haya vivido, que pueda recomendarlo.

María comprendió que la desesperación había cogido las riendas de las palabras de Milagros y que, no sería justo juzgarla por ser la enésima gota que colma su vaso. Ella misma también podía acabar siendo para Milagros una gota rebosante, o lluvia de mayo. En otras circunstancias esta situación podría incluso haberla halagado, como mínimo habría intentado ser delicada y comprensiva.

─No te preocupes por nada, mañana me iré como tenía pensado y, cuando alcance una perspectiva más o menos fiable de lo que está siendo mi vida, como te había prometido, te llamaré para volver a vernos. Tienes razón, nada de lo que he supuesto puedo confirmarlo con lo que ha pasado. Afectivamente no soy justa, lo sé, pero siéndolo sólo he logrado que me abrazaran decepciones. Lo mejor que podemos hacer ahora es dormir. Buenas noches Milagros.
─Ojalá, María.

jueves, 19 de noviembre de 2009

YES. HEART OF THE SUNRISE (FRAGILE)

Yo también me encuentro perdido en la ciudad, no reconozco nada de lo que poseo como deseado, sólo me quedas tú, la distancia, y la espera. Bueno, y el rock progresivo de YES.




HEART OF THE SUNRISE (FRAGILE. YES)

Love comes to you and you follow
Lose one on to the heart of the sunrise
SHARP-DISTANCE
How can the wind with its arms
All around me

Lost on a wave and then after
Dream on on to the heart of the sunrise
SHARP-DISTANCE
How can the wind with so many around me
Lost in the city

Lost in their eyes as you hurry by
Counting the broken ties they decide
Love comes to you and then after
Dream on on to the heart of the sunrise
Lost on a wave that you're dreaming
Dram on on to the heart of the sunrise
SHARP-DISTANCE
How can the wind with its arms all around
Me
SHARP-DISTANCE
How can the wind with so many around me
I feel lost in the city

Lost in their eyes as you hurry by
Counting the broken ties they decided

Straightt light moving and removing
SHARPNESS of the colour sun shine
Straight light searching all the meanings
Of the song
Long last treatment of the telling that
Relates to all the words sung
Dreamer easy in the chair that really fits
You

Love comes to you and then after
Dream on on to the heart of the sunrise
SHARP-DISTANCE
How can the sun with its arms all around
Me
SHARP-DISTANCE
How can the wind with so many around me
I feel lost in the city

lunes, 16 de noviembre de 2009

La increíble hormiga pensante (IV). La mariquita



Estaba amaneciendo y el frío hacía que a medida que su cuerpo se congelaba, la interconexión entre sus neuronas se multiplicase exponencialmente. No muy lejos de allí, una mariquita de siete puntos había observado impertérrita desde una hoja la circense escena. Se acercó y se quedó unos segundos observándola, estaba hambrienta —como todas las mañanas que podía recordar— pero, una hormiga no entraba dentro de su menú, demasiado dura y peligrosa comparada con sus queridos y jugosos pulgones. Cuando la siafu, en esa posición de trapecista, pudo interpretar que el colorido coleóptero había emprendido su marcha con intención de abandonarla a su suerte, hizo un esfuerzo cósmico e emitió un sonido de auxilio que logró detener a la mariquita, parecía que al fin había podido comunicarse con otro insecto ajeno a su especie. ¡Por favor, que me haya entendido! —suplicó mientras miraba al cielo totalmente entregada, descubriendo así un nuevo y misterioso Dios con el que intentar dar sentido al mundo— La marisiete trató de subirse encima de la piedra savia pero, era de una superficie tan fina que resbalaba como el cristal mojado. Lo intentó una vez tras otra, por cada una de sus caras y aristas, pero sólo obtuvo como premio la asfixia y la derrota. Buscando una nueva ruta tropezó con la hormiga, sus antenas se tocaron y la siafu aprovechó para hacerle entender que podía ascender utilizándola a ella como escalera. Y así fue como pudo coronar la piedra. La hormiga desconocía la forma en que la mariquita pretendía ayudarla, y el por qué tenía que ser desde arriba, pero no podía estar más dispuesta a colaborar decididamente fuese cual fuese el plan.

jueves, 12 de noviembre de 2009

El bosque (VIII). El río que ascendía



Por más que avanzaba no asomaba por el horizonte la más mínima referencia desde la cual pudiese llegar inequívocamente a la cabaña. Un ligero murmullo la detuvo, era la corriente del río que de repente empezó a fluir pero, lo extraño era que iba en dirección contraria a sus pasos, se dirigía sin motivo lógico alguno hacia las montañas que lo engendraban. Nada había sido muy normal desde que se adentró en el bosque el día anterior, aunque no descartaba que fuese ese mismo día, pero la decisión del agua de circular en sentido contrario superaba con creces todos sus conocimientos físicos, e incluso su fantasía más anárquica. Que tenía que seguir la corriente del río era la única seguridad con la que había alimentado la esperanza de salir de allí en un espacio de tiempo razonable. Ahora tendría que decidirse entre lo lógico y lo cierto. ¡Cómo me gustaría que aparecieras! —le habló al aire como si éste pudiese ayudarle a llegar hasta Gabriel— Pero pasado unos minutos comprendió que el viento también estaba buscando una honrosa salida de aquel lugar. Eligió continuar con el camino emprendido. Que el agua contradigese la gravedad le parecía menos improbable que el hecho de que un río desembocase en el mar. Así que supuso que era algún tipo de fenómeno momentáneo provocado por la fuerza de las mareas. De todas formas la duda hizo que aminora su ritmo y que mirara con frecuencia hacia atrás, como intentando reajustar constantemente sus razonamientos. Buscó de nuevo motivación en el espléndido día que hacía y en el fantástico espectáculo que la naturaleza le ofrecía...

lunes, 9 de noviembre de 2009

La historia más triste de la historia (XXXIII)



En el aplastante silencio de aquella madrugada María recordó una frase que Milagros pronunció en el bar, en su primera toma de contacto. No recordaba el contexto exacto pero, ella exclamó un “...de la acera de enfrente, como siempre”, ese “como siempre” no logró interpretarlo en ese momento pero, ahora, mientras le recorría una amenazante sensación, lo atribuía, con fijación enfermiza, a su condición sexual.
─Milagros, no quiero pecar de indiscreta pero tengo que preguntarte algo y espero que me creas merecedora de tu sinceridad. Puede que sean elucubraciones mías pero necesito saberlo. ¿Eres lesbiana?

Un silencio aún más intenso ahogó respiraciones y pulsos en la oscuridad que las separaba.

─Pues sí, pero no me creerás tan superficial como para enamorarme de ti en tan sólo una semana. No he disfrutado tanto de tu compañía por mi homosexualidad. Mis mejores amigas son heterosexuales. Sería injusto que reinterpretaras todo lo que hemos vivido juntas porque ahora sepas que soy lesbiana.

Fue la mentira más desesperada que —con el paso de los años y los hechos— Milagros jamás utilizó para intentar retener un amor que se desangraba antes de estar vivo.
María acentuó su habitual posición fetal mientras lloraba, conteniendo el estruendo de su pesar para no despertar en Milagros la necesidad de consolarla. Definitivamente —pensó secándose las lágrimas con la sábana— no tenía la capacidad de infundir a nadie una relación de amistad. ¿Cómo podría afrontar el hecho de recibir de todo el mundo y en todo momento sentimientos tan radicales como el amor o el odio, el desinterés o el paroxismo en cada sentido? ¿Por qué no puedo abandonarme a la seguridad y al sosiego de una amistad que no se corrompa en el tiempo ni en la carne?

jueves, 5 de noviembre de 2009

Donde somos



Y qué más da que sea o no
causa de nuestro demérito,
o del resto.
Somos exactamente lo que
no estamos siendo, ni fuimos
algo más que ideas difuminándose.
El tiempo es una incógnita
que siempre nos resuelve en
incertidumbre, o conato yermo.
Aún así te esperaré de regreso,
para que vuelvas a tropezar en
la piedra que soñamos cuando
se baten las caderas en los
efímeros rincones donde somos.

martes, 3 de noviembre de 2009

La increíble hormiga pensante (III)


Nadie debería juzgarme por la hormiga que he sido hasta ahora —dedujo del desinterés que infundía su situación—, ni tan siquiera por la que hubiese sido toda la vida si no llego a caer en esta trampa con la que los árboles vengan su quietud. ¿Quién podría exigirme que obviase tamaña herencia genética. Ha sido necesario un hecho traumático, que tutee a la muerte sin garantías de ganarme su respeto, para romper la secuencia de programadas obligaciones a la que estaba predestinado desde que nací. Si al menos pudiese articular algún tipo de sonido que me permitiera expresar, con un tono agónico, mi grado de desesperación. Proclamaría sin cesar la infinitud de mi agradecimiento a quien decidiese ayudarme a salir de este trance. Me proclamaría su deudor eterno.
Un sonido lejano y seco, proveniente sin duda de un acto contundente, empezó a registrarse en sus antenas y en su cinco patas libres con una cadencia perfecta, la vibración recorría su cuerpo como un impulso eléctrico. Era una manada de elefantes que ajenos a ella, al resto de seres vivos, cosas, y dioses, recorrían en fila india aquella zona en busca de agua. Pasaron tan cerca que una de sus pisadas hizo que la gota de savia se elevara y cayera, arrastrando a la hormiga con ella, con la mala fortuna —eso es lo que creyó en una primera evaluación— que lo que fuera la base quedo a la inversa, resplandeciendo bajo la luz de la luna. Y el insecto quedó colgando de su maltrecha extremidad, con su cabeza pensando en agujeros negros y holocaustos, a sólo un palmo —de hormiga— del suelo. Aunque su situación era crítica, su cada vez mayor capacidad de reflexión le hizo albergar esperanzas suponiendo que esa era la única y última posibilidad que tendría para provocar en los demás insectos un halo de misericordia.

jueves, 29 de octubre de 2009

Un fin de semana juntos (II)

─Ya estás muy por encima de lo que crees, sólo tienes que existir y suceder en mí sin pensar que debes competir por mi consideración. No puedes pedirme que te lo demuestre en los términos que tú lo harías. Te quiero conmigo para siempre, y cada hecho que se encamine hacia otra meta es un mero afluente de lo que somos.
─No creerás que a estas alturas vas a desmoronar lo que pienso con esa filosofía barata. El movimiento se demuestra andando, juntos preferiblemente, y tú me has plantado como un árbol en el que refugiarte de las inclemencias.
─Estoy seguro de que, como mucho, eso es lo que temes llegar a ser, y no es justo que me reproches algo que sería lo último por lo que te querría.
─Está bien, no volveré a decirte como me haces sentir, de hecho tú pareces estar mejor documentado, pero el hecho que sea, o no, unos sentimientos fundados no me retendrá cuando crea que no merece la pena soportar esta situación ni un minuto más.
─No creo que haya nadie en el mundo al que le siente mejor que a ti, amenazar como primera acción del día. Debes poseer un gen ancestral que en la misma medida que te protege, te hace la criatura más apetecible y exuberante que existe.

E imitando la pose de un felino agazapado en posición de ataque fue acercándose mientras ella hacía el gesto de apartarlo con una silla y lo fustigaba con un látigo incandescente.

lunes, 26 de octubre de 2009

La historia más triste de la historia (XXXII)



─¡Me podría ir contigo unos días! —dijo Milagros como viendo una luz al final del túnel—, hasta que te instales definitivamente, aunque el pueblo sea pequeño no te vendría mal una guía, así podríamos seguir reconstruyendo la historia.

Unos segundos de silencio hizo que Milagros entendiera que María no se esperaba en modo alguno su ofrecimiento, y que no entraba, al menos de momento, dentro sus planes seguir acompañada.

─Haber...
─Mejor olvídalo, ya no recordaba que estás aquí en busca de todo lo contrario, una paz y una intimidad que espero que puedas encontrar. Como vamos a ser casi vecinas, cuando lo desees sólo tendrás que llamarme.
─No quiero que pienses que no valoro tu ofrecimiento, esta semana ha sido un fantástico paréntesis en mi caótica realidad pero, he de pararme de una vez e intentar situarme, he de pensar y pensarme, antes de continuar debo saber hacia dónde, y eso es imposible no hacerlo sola. No sé el tiempo que me llevará, ni dónde terminaré pero, si hay algo en lo que puedas confiar ciegamente es en que te llamaré cuando me sobreviva.

Regresaban a casa paseando por las calles abandonadas al misterio de los gatos, pensativas, como colgando de una fina sensación agridulce. María dudó si había sido una buena idea quedarse durante esa semana en el piso de Milagros, insistió tanto que le fue imposible negarse. Ahora quedará entre ellas una pequeña falla que habrá que esquivar para siempre. Sin advertirlo, tuvo que reconocer que la última conversación que tuvieron en el bar era más atribuible a una pareja que necesitaba distanciarse un tiempo, que a unas amigas con una antigüedad de días. Esta noche no será como las anteriores; los temas serán más serios; las frases más lapidarias; las risas algo más parecidas al desaliento. No habrá esa loca tertulia, casi adictiva, donde estrofas, tarareos y relatos, hacían de ellas las animadoras preferidas del Olimpo...

jueves, 22 de octubre de 2009

La increíble hormiga pensante (II)


Aunque logró recuperar algo de esperanza pensando que, seguramente, nunca había estado en esa tesitura. Ella esperaba, condenada a una cruel pasividad, que volvieran antes de que la sangre de aquel maldito árbol se petrificase por completo fusionándose con ella para siempre, y la amputación fuese el único remedio. Ahora que podía pensar, lo hizo preguntándose por qué no lo había hecho antes. ¿Por qué no sabía cuánto tardaba en solidificarse del todo la savia? ¿Por qué nunca calculó el tiempo que tardaban en regresar al hormiguero? Estaba descubriendo otro mundo en el peor de los momentos, y en la más lamentable de las situaciones. Aunque gracias a ello tendría, si existiesen, muchas más posibilidades de sobrevivir.
Ante la hormiga todo parecía cobrar un nuevo sentido, mágico, diría si pudiese. Por ahora sólo atinaba a compararlo con esos extraños pensamientos que apenas intuía, a veces, cuando despertaba.
Comenzó a sentir frío. La noche se estrellaba y la templanza del aire desaparecía entre las desgajadas nubes. La pérdida de temperatura de su cuerpo era una desagradable sensación que sí reconoció de inmediato, y que asociaba , casi exclusivamente, al momento exacto de abandonar la cacería, y al regreso a la seguridad del hormiguero.
Dos horas después seguía sin haber rastro de sus compañeras. En su tristeza aprendió que el tiempo era más soportable cuanto más ajeno eras a su existencia, y que el frío podía llegar a ser mucho más intenso que el hambre o que el ardor guerrero de las Siafu...

lunes, 19 de octubre de 2009

Divagando



Porque la lluvia hace que la
tierra vuelva a oler a edénica.
Porque no poder evitarlo es una
utopía maravillosa hasta que me
derramo de tu lengua, al fin realizado.
Porque jamás sabré por qué, y jamás
pueda ser un segundo que me descubras.
Porque existen telarañas en escalera
para poder atrapar a las polillas.
Porque saberlo me influye tanto
como los dogmas de la iglesia,
o las tendencias de la moda,
y viceversa.
Porque nunca resisto que me
desnudes por completo sin que me
derrote la solidaridad del necesitado.
Porque lo superfluo en ti es un
ensayo metafísico sobre el arte
improvisado en una sonrisa.


Que yo sepa, por nada, consecuencia
de todo esto, te quiero, pero ya sabes
que siempre termino divagando, patético,
en los preámbulos, como queriendo
ocultar esa pregunta implícita e indiscreta
que no mereces, y que siempre amordazo
con una peregrinación desde tu boca,
formando una cruz dionisíaca y
amnésica sobre tu cuerpo.

jueves, 15 de octubre de 2009

La increíble hormiga pensante (I)


Una legión de hormigas Siafu salieron aquella cálida noche de cacería, una de ellas —insignificante fuera del perfecto engranaje bélico que formaba junto a sus dos millones de hermanas— quedó atrapada por una de sus patas en una gota de savia caída de un gran árbol centenario, era una soldado que marchaba en retaguardia. Pidió ayuda de todas las formas que conocía pero, el olor de sus feromonas quedó eclipsado por el de la savia, y sus vibrantes antenas no encontraron con quienes compartir su alarma. Era demasiado tarde, se encontraba sola y atrapada, olvidada por la marabunta.
El vano esfuerzo de desprender su extremidad de aquella sustancia pegajosa, que con el tiempo se hacía cada vez más dura e intratable, hizo que su descomunal fuerza y su inquebrantable decisión acabaran por rendirse. Era la primera vez que experimentaba la sensación de impotencia, se ruborizó —sin tener idea de lo que significaba— al comprobar que era capaz de pensar en sí misma, e incluso de buscar una forma para poder escapar de su cautiverio. Primero planeó pedir ayuda a cualquiera de los insectos de aquel lugar pero, quién iba a socorrer a una hormiga asesina, sobre todo teniendo en cuenta que ellos eran sus presas habituales. Estuvo a punto de tomar la trágica decisión de tirar bruscamente de su pata hasta desprenderse de ella, sólo la detuvo el hecho de que fuese una de las delanteras, y eso provocaría una falta de tracción inadmisible a la hora de atacar y transportar a sus víctimas. Pensó entonce en relajarse, reservar fuerzas hasta que su colonia regresara de la caza en dirección inviolable al hormiguero, sería impensable que millones de compañeras pasaran a su lado sin prestarle la ayuda necesaria, sin embargo, lo cual le provocó un escalofrío también primerizo, no logró recordarse haciendo un gesto compasivo como ese por nadie.

lunes, 12 de octubre de 2009

Un fin de semana juntos (I)

Se incorporó como un camaleón tratando de sorprender a una mantis religiosa en pleno rezo, aunque su intención no estaba supeditada a ninguna necesidad fisiológica. Sus pies descalzos amortiguaban el silencio de su leve respiración. Alargó su brazo hasta alcanzar el portátil que había escondido en un cajón vacío de la cómoda.
─¿Dónde vas?
─No, nada, he tenido una idea para continuar esa historia que te leí ayer e iba a...
─No me dirás que has traído el ordenador después de haberme prometido que íbamos a estar solos y en exclusiva, el uno para el otro, este fin de semana.
─Bueno..., no querrás que le guarde luto a una promesa. ¿Que más da que escriba mientras estás inconsciente?
─La pregunta es, ¿cuánto tiempo te gustaría que siguiera dormida?
─Simplemente hasta que comprendieras que desear otras cosas es lo que te hace ser lo único imprescindible.
─Pues no lo entiendo, así que despiértame cuando creas que esté a la altura de esa persona.

*Le toca a él. ¿Cómo creéis que debería continuar?

viernes, 9 de octubre de 2009

El arte inalcanzable



Aunque aún esté ahí, tentándome como las
religiones a soñar mediante el sacrificio,
incluso podría llamar súplica a este intento
concreto con el que tan sólo me reafirmo
en la atonía de un voluntad mediocre,
y quede espacio donde evitar la solaz
inercia de este tiempo esclavo que corre
en estampida hacia una salvación en cuarentena,
parece que haga siglos que lamente
de cuanto me privarán mis limitaciones,
palabra a palabra sin eco de versos,
minuto a minuto irrecuperables,
sin fe en que la muerte me remedie,
alcanzando una imagen y semejanza elevada,
y demostrar que todo lo que necesito es
decirte con el arte que mereces, y con
el que me jalonas cuando callas entregada.

martes, 6 de octubre de 2009

El bosque (VII): La joven de blanco



–Gracias, pero no sabría explicarle el por qué he de aguardarlo aquí. Pero ha de ser así, y así será. Estoy segura de que él conoce el camino, incluso sueño que ya hemos estado juntos en este lugar, y que algo crucial quedó por decidir.
─Como quiera pero, si al menos me dijera su nombre podría intentar..
─Aunque lo supiera no se lo diría. Prefiero que todo suceda porque no quepa otra posibilidad de que seamos mejores, como un lobo cuando aúlla a la luna.
─En fin, me voy algo contrariada por no haber podido convencerla para que me acompañe pero, ¿no sé qué puedo hacer más?
─No dudes, dijo la mujer de blanco con voz espectral alejándose del río y difuminándose entre los árboles.
─¡Un momento, espere por favor! ¿De qué no he de dudar!
¿Por qué habría desaparecido así, sin apenas despedirse y aconsejándome que no dudara, con ese eco de sueño recién desenmascarado?, se preguntó Eva reanudando titubeante su camino. De alguna manera, en la cual no quiso profundizar, todo lo acontecido con aquella joven le resultaba misteriosamente familiar. ¡Pobre chica!, seguramente estará trastornada por algún hecho traumático, cuando llegue a la ciudad veré qué puedo hacer, Quizá Gabriel haya oído hablar de ella, concluyó su razonamiento eludiendo cualquier posibilidad de implicación emocional.
¿Lobos? Dijo que veía comer a los lobos, ¿desde cuándo hay lobos por aquí? De todas formas avivaré el paso, no sea que dentro de su evidente paranoia este dato en concreto se haga al atardecer una macabra realidad.

jueves, 1 de octubre de 2009

El amor es...



El amor es una mariposa
estallando y recomponiéndose
aún más bella y sin remedio
desde tu pubis hasta mi pecho,
desde los sueños a las
contracciones de nuestros glúteos
si tus labios me revolotean
recolectándome como néctar de Hefesto,
sintetizando el mundo en cada
célula aspirante a estambre.
Y es un gusano hambriento
adentrándose en mi oído cuando
tu lengua sólo articula, lejos de
improvisarme con su anegado
aleteo incandescente,
debilidades terrenales de Mérope.

martes, 29 de septiembre de 2009

La historia más triste de la historia (XXXI)



Ahí estaba al fin, dos cafés y cuarenta minutos después, Milagros cruzaba la calle corriendo, temiendo, quizás, que María se hubiera cansado de esperar. Soltó unas carpetas sobre la mesa, resopló girándose hacia la barra temiendo lo peor, en su reconocimiento encontró a un camarero que le hizo una señal alargando su cuello y dirigiendo su frente hasta coincidir con el espectáculo que era la cara de María saliendo del lavabo, recién retocada.
Pasadas dos horas continuaban como poseídas por el frenesí de coincidir en el placer de constatar la fragilidad de la condición humana a lo largo de la historia. Los cafés fueron sustituidos por cervezas, y definitivamente olvidados con la aspereza afrutada del Rioja del almuerzo. Parecían robots publicitarios , con la cadencia exacta de simpatía y asombro en la conversación para recrear un ambiente idóneo: acogedor y distendido, que invitara a entrar en el bar. Sólo por el placer de la conversación María retrasó su mística llegada a “Los pecados de Cristo”. Estuvo una semana más en ese pueblo, recorriendo con Milagros lugares, testimonios, señales inequívocas de las devastadoras consecuencias con las que la posguerra abandonó a aquella comarca. Envueltas en aquella tragedia se dejaron llevar por la esencia de la locura y, aún así, tuvieron —esa noche en el pub “El cielo”—, que recurrir al alcohol para intentar comprender que elevada causa, o qué virus asesino, era capaz de hacernos masacrar a familiares y amigos.
Fue allí, en ese pub, donde la amistad entre ellas pareció dar un salto cualitativo y definitivo. Apurando sonrisas con sabor a ron reconocieron, como recapitulando, que habían pasado unos días maravillosos juntas y que, a propuesta sincronizada de ambas, deberían repetir la experiencia cada cierto tiempo. Milagros, mientras asentía, fue instalando una mirada perdida en alguna región donde las grandes expectativas eran despojadas, por la experiencia, de toda euforia inmadura.

jueves, 24 de septiembre de 2009

La historia más triste de la historia (XXX)


todo lo relacionado con esta historia.
–Muy bien ¿no será editora? ¿Se imagina usted mi tesis, tantos años abandonada al ostracismo en un cajón sombrío de escritorio, convertida en un best seller?
–No, exactamente una editora…
–Es broma mujer. Espere aquí un momento, vivo muy cerca, en un piso de la acera de enfrente, como siempre. Incluso creo tener alguna copia por algún sitio. En cinco minutos estoy aquí.
–De acuerdo, pero no hace falta que se tome tantas molestias, puedo acompañarla…
–No se preocupe, lo hago con mucho gusto, conversar sobre este tema con usted me ha despertado de nuevo el interés por la historia, por escribir, por saber, por debatir…
–Como quiera, aquí estaré. Pero, por favor, me llamo María, tutéeme.
–Es verdad, con la emoción ni siquiera nos habíamos presentado. Yo soy Milagros, dame un beso, guapa, encantada de haber coincidido contigo. No se vaya, vuelvo en un soplo.
–De aire fresco, continuó la frase María mientras Milagros se alejaba colocándose el bolso en su veloz hombro.

Ya era hora, pensó, una conversación interesante con alguien a quien no despertaba sentimiento personal alguno. Era un verdadero placer para ella el simple hecho de no tener que leer constantemente entre líneas; abandonarse sin temor al placer de las palabras cuando éstas despiertan en secreto, poco a poco, el interés por seguir descubriendo qué fantásticos secretos nos esconde la vida.
Miró su reloj. Apuró el café. Desde la cafetería observó a Milagros entrar en su portal mientras unos obreros de azul intentaban memorizar la armonía de su trasero, seguramente recitando al unísono cualquier piropo obsceno. Quince minutos no eran nada, aunque fuesen exponencialmente superior a lo calculado por su contertulia.
Intentó imaginar cómo serían los hombres si las mujeres pudieran desconectarlos a voluntad de sus instintos. Pero reconoció de inmediato que su imaginación no estaba preparada aún para tales retos.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Mantenme así



Mantenme así.
Sin un solo sentido que
se aventure a tu intemperie.

Sostenido en una nota de Vai,
como el horizonte de un cuadro.

Trasiégame sin compasión
con atenciones que me conviertan
en profeta del apocalipsis.

De donde estamos, elijo
no pensar que exista otra
posibilidad de ser, y no estar
muerto.

resistir en un estado minado de
milagros, rodeado de ebrios efluvios
y erupciones sanguinolentas, debe
ser una prueba religiosa definitiva.

ser el elegido por cada curiosidad
de tu cuerpo para descubrir el
universo, es un don como el de
la naturaleza al mundo.

Si te vas en la luz, ahora,
hasta que lluevas de nuevo sed
de Olimpo en nuestra penumbra,
mantenme así.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Nueve meses en la luna (Yareah magazine)

Este mes, la revista cultural (español-inglés) Yareah magazine, coincidiendo con la publicación de su número diez, ha lanzado un libro con los artículos más significativos de su corta pero, mágica existencia. Se titula “Nueve meses en la luna”, y tengo el honor de aparecer en una de sus páginas con el poema “Superhéroe”.

Felicito al equipo de Yareah por toda la dedicación y esfuerzo realizado en favor de una cultura universal e integradora, y les deseo inspiración infinita.

El libro se puede tanto, comprar en papel, como bajar gratuitamente en
bubok.


lunes, 14 de septiembre de 2009

El bosque (VI): La joven de blanco



–Buenos días, me alegro tanto de encontrar a alguien. He estado bastante tiempo perdida, hacía siglos que no venía por aquí y la noche hizo el resto. ¿Me podría usted confirmar si la dirección que sigo me conducirá al puente de los suicidas?
–No.
–De acuerdo, pero, ¿por qué no puede, o por qué no quiere?
–Nunca he salido de la zona que usted pueda alcanzar a ver desde aquí.
–Entonces, ¿ha nacido en el bosque? ¿Y su familia?
–No lo sé, un día cualquiera abrí los ojos en este lugar y, todo me susurra que he de esperar a alguien con el que me quiera marchar para siempre.
–Si quiere puede acompañarme, iremos a la policía, ellos nos ayudarán a encontrar a sus padres, seguramente habrá sufrido algún accidente que le ha provocado cierta pérdida de memoria.
–prefiero quedarme, cada día presiento con más fuerza que la persona que espero está, a cada hoja que cae y gota que se evapora, más cerca.
–Pero, ¿qué come? ¿Dónde duerme?
–Yo sólo observo. Ver comer a los cuervos, a las ardillas, a los lobos, me alimenta. Tumbándome sobre la hierba, acomodada entre las ramas, logro mantener la esperanza, la vida que me rodea me ha adoptado, me sustenta por la mirada, a través de la piel, y simplemente me limito a esperar.
–Permítame que insista, si viene conmigo volverá a encontrarse con sus amigos, con sus seres queridos. Seguramente la persona a quien espera no sabe que usted está vivendo con la única intención de encontrarse con él en este bosque...

jueves, 10 de septiembre de 2009

Un placer



Que leáis esto, sea lo que quiera
cada uno de ustedes que signifique,
es uno de los excepcionales placeres
donde, tan lejos de la vanagloria
como apegado al agradecimiento,
ningún estímulo tiene que coexistir,
y nadie ha de estar presente,
o viceversa.
Gracias, serás, seas, o fueras.

lunes, 7 de septiembre de 2009

La gripe abecedaria



Espero encarecidamente que, llegado el momento en que seamos amenazados por un nuevo y sanguinario virus que dará nombre a la gripe “B”. La cual compartiremos —relevando de tan pesada influencia al cerdo— seguramente con los borregos, ya seamos conscientes del psicótico poder de las grandes compañías farmacéuticas, y de la lealtad espartana que le profesan los generales de sus legiones de acciones: políticos, banqueros, etcétera.
También espero —si no es mucho esperar para un mismo pensamiento— que cuando el lobo sea realmente fiero, como el que sucumbió a la famosa familia mafiosa de los Caperucita, seamos poseedores de la información, inteligencia colectiva, o experiencia suficiente para no morir con una sonrisa de idiota que nos defina toda la eternidad.
Confiemos en que este tipo de empresas no lideren la ansiada recuperación económica, porque sin duda será con cargo a nuestro miedo. Y tendremos por delante el desafío de sobrevivir a una gripe por cada letra del abecedario.

viernes, 4 de septiembre de 2009

La historia más triste de la historia (XXIX)



...reavivara de nuevo las llamas de la guerra en sus miserias; cambiar el nombre al pueblo por “los pecados de Cristo” para recordar siempre que por su salvación tuvo que morir alguien mucho más digno que ellos, y que por ello deberían estar agradecidos durante mil generaciones.
Más o menos eso es todo. Así que le aconsejo que cuando llegue allí no se le ocurra mencionar estos hechos, al menos, hasta tener la confianza suficiente para que no recelen de sus intenciones.
–Me he quedado totalmente extasiada con la historia, he disfrutado de cada palabra que ha pronunciado. Definitivamente es el pueblo que busco, un lugar donde los secretos son sagrados. Y dígame, ¿nadie ha escrito nada sobre ello? Usted, por ejemplo, parece muy versada en el tema.
–No creo que nadie haya narrado nunca esta tragedia. Tenga en cuenta la férrea negativa de los ciudadanos a contar nada relacionado con lo acontecido en aquellos días, es difícil hacer pensar a alguien que esta crónica pudiera interpretarse como algo más que una simple fábula fruto de la borrachera de algún abuelo resentido. La verdad, ahora que lo pienso, sí he escrito algo sobre ese pueblo, pero sólo recogí, de todo lo que le he contado, la parte menos fantástica. Soy licenciada en historia, y realicé una tesis sobre los cambios sociales en la España rural de la posguerra, ubicando mi trabajo fundamentalmente en esta comarca. De ahí que haya tenido suerte al preguntarme por los antecedentes de la denominación del pueblo.
–Me haría usted un gran favor dejándome una copia de su tesis, si no es mucho pedir, me encantaría conocer…

martes, 1 de septiembre de 2009

El bosque (V)



Entre las ramas de uno de esos árboles de la otra orilla creyó observar la silueta de una mujer vestida de blanco. ¿Qué podía estar haciendo ahí encaramada?, se preguntó. Anduvo hasta situarse justo frente a ella, agudizó su mirada todo lo que pudo para concretarla entre las hojas, efectivamente, se trataba de una joven más o menos de su misma edad, elegante, de cuerpo sutil y rostro amable, con una gran melena de rizos negros como el tizón que parecían brotar de las ramas para culminar enraizándose en sus ideas. Por un momento pensó, lejos de cualquier lógica que ella hubiese reconocido y sorprendiéndose escandalosamente a sí misma, que lo sacrificaría todo por ser como ella, por parecer la clave secreta entre la vida y la tierra, el eslabón roto que desarraigaba a la muerte de nuestro destino.
Antes de que se le ocurriese en qué términos dirigirse a aquella joven, ésta empezó a descender del árbol casi sin esfuerzo, como si se deslizara libre de gravedad. Una vez en el suelo Eva la saludó con un "¡hola!" acabado en una sonrisa mezcla de sorpresa y admiración que acompañó al clásico movimiento alocado de muñeca y mano de cuando uno está deseoso de llegar al otro. Hola, contestó sin excesivas florituras la misteriosa mujer de blanco. Se acercó con parsimonia a la orilla del río, como si por ello, ya estuviese haciéndole un favor a Eva...

jueves, 27 de agosto de 2009

Si me quieres



Si me quieres te prometo que —siempre
que sea de esa forma precisa donde
todo lo demás va desintegrándose
avergonzado, o trata de adaptarse
cardíaco
a nuestro rastro de vida primogénita—,
te haré aquello que tanto echas de
menos porque, aunque me inventes
en cada ahogo, nunca lo sospechas.

lunes, 24 de agosto de 2009

AVATAR. Prometedoras imágenes

James Cameron no es precisamente uno de los directores a los que rinda culto pero, he de reconocer que el trailer de su nueva película “AVATAR” es todo un espectáculo. En la ciencia ficción hay tanto de fantasía como viceversa —incluso con el comercial transfondo bélico de turno—, y ambos géneros tienen algo que me reavivan, que me hacen respirar profundamente y creer, por un instante, en el milagro que puede llegar a ser vivir en un planeta como el que esquilmamos si todos intentásemos sorprender al resto, imaginando como de original podemos llegar a entender la vida. Lo sobrehumano de la naturaleza también alberga a nuestra imaginación. Me gustaría creer que el hombre está aquí para aspirar a algo más que ser espectador de su propia decadencia. Vean.


jueves, 20 de agosto de 2009

Impotencia



Podría catalogarse dentro del selecto epígrafe de las soberanas impotencias que, sometiéndote a no saber decir y, omitiéndote hasta cuándo se ha de claudicar, crecen en la miseria del desconsiderado hecho de necesitar contar ahora, se convierten en un lastre de sinrazón: pesada carga neurotransmisora de palabras estériles, yerma experiencia, y enjuta imaginación.
Y aunque admitirlo sea sólo un consuelo de inepto resignado, que no lo sé, para no desentonar, termino reconociéndolo, por lo de “algo es algo”, y eso incluye las limosnas creativas y los ánimos de amables desconocidos.

lunes, 17 de agosto de 2009

La historia más triste de la historia (XXVIII)


...Levantó su cabeza, fue recorriendo sus rostros con una mirada tan firme y reveladora que todos respondieron humillando sus frentes, mientras decía algo parecido a esto: “Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no teme; aunque estalle una guerra contra mí, estoy seguro en ella. Si Dios está conmigo, ¿quién osa estar contra mí? La malicia matará al impío,
los que odian al justo lo tendrán que pagar. Hermanos, el maligno ha sembrado en vosotros la semilla del odio. Rezad conmigo, pedid clemencia a Dios nuestro Señor, mirad al cielo y elevad vuestras manos, moriría por vosotros ahora mismo para haceros dignos de su perdón”. Dicho esto se echó mano al pecho como si el corazón se le quisiera escapar al cielo, hincó sus rodillas en la madera ensangrentada, y antes incluso de intuir su final, cayó muerto como un ajusticiado más de aquel patíbulo.
“Somos los pecados de Cristo, gracias Señor por habernos perdonado”, gritó el que fuera, antes de la guerra, uno de los monaguillos del pueblo. Todos los allí presentes se santiguaron cerrando sus ojos en un acto de intimidad suprema, un murmullo ensordecedor de gracias y rezos se elevaba a través de la noche haciendo temblar las estrellas. En ese momento fueron conscientes de que sólo un milagro podría salvar sus almas, y que Dios se lo había concedido sin reparar en misericordia. Fueron reuniéndose alrededor del peregrino, besándose y abrazándose entre todos como si la ira y la abominación de aquellos últimos años, en aquel lugar, hubiese sido un paréntesis infernal dentro de su humanidad y de su fe inolvidable. Los más sabios del lugar decidieron realizar un sufragio para aprobar una serie de medidas que garantizase que nunca más se apartarían del camino del señor. Entre otras, propusieron hacer Santo al monje que dio su vida por ellos, levantar una iglesia en su nombre —debido a su anonimato acordaron bautizarlo como el salvador—; prohibir terminantemente, bajo pena de destierro, tener en cuenta ni rememorar traiciones, rencores, sangre derramada, ni cualquier otra barbarie pasada que...

jueves, 13 de agosto de 2009

Quisiera saber cuántos...



¿Me pregunto cuántos de ustedes contestaréis a esta pregunta, aunque al final haya decidido no hacérosla? ¿Cuántos la encontraréis oculta entre los huecos de la duda? ¿Cuántos responderéis con otra pregunta como ésta? ¿Cuántos hallaréis la réplica maestra que abra cualquier interrogante? ¿Cuántos me preguntaréis cuál es la pregunta? ¿Cuántos callaréis pensando en laberintos y trampas? ¿Cuántos anónimos me insultaréis creyendo que me sobra merecimiento por haceros creer que no sé tantas cosas? ¿Cuántos ni siquiera llegaréis a esta altura? ¿Cuántos me sorprenderéis haciendo algo diferente a todo lo que me cuestiono? ¿Cuántos diréis qué, o cómo? ¿Cuántos seréis todos juntos? ¡¿Cuántos podréis llegar a ser cuántos?! ¿Cuántos podríamos obtener algo positivo de esto? ¿Cuántos sabréis cómo detenerme de una vez por todas? ¿Cuántos…?

lunes, 10 de agosto de 2009

El microrrelato



Me he propuesto escribir un microrrelato, lo voy a titular: “El microrrelato”. Ya sé, no es muy original, pero aunque en su génesis peque de vulgar, intento suplirlo con la exactitud en la definición de su naturaleza.
Érase una vez… Lo sé, típico comienzo, ¿pero no me diréis que me ha sido otorgado el honor de encarnar a la famosa gota que colma el vaso? Después de cientos de miles de millones de cuentos empezando de esta guisa, no pretenderéis que el sacrificio de este humilde despropósito redima tamaña sintonización colectivo literaria. Además, la palabra microrrelato en si ya es demasiado larga para seguir diciendo algo que, por su brevedad, estaría condenado de antemano a ser juzgado como un microrrelato micro-valorado.

miércoles, 5 de agosto de 2009

El bosque (IV)



De ahí que, a veces, no pudieran evitar sentir ciertos escalofríos al compartir, como era de esperar, tantas situaciones idénticas a las que han acabado colgadas del pasado como vanos espejismos desenmascarados que, sin embargo, aún reflejaban cierto brillo milagroso en su moribunda tristeza.
Eva emprendió el camino de vuelta como si nada hubiese ocurrido, de hecho, las consecuencias así lo confirmaban, seguía con la misma ilusión por sorprender a Gabriel que la hizo adentrarse en el bosque hacía un tiempo nada fácil de determinar.
Por muy estática que permaneciera el agua, ella se habría jugado su cordura a que, para seguir la corriente del río debía dirigirse, accediendo desde este lado del bosque, hacia la izquierda. Así que tomó convencida la dirección que le llevaría irremediablemente al puente de los suicidas. Mientras caminaba iba recreándose en la belleza del entorno, no alcanzaba a comprender por qué había tardado tanto en disfrutar de algo con una grandiosidad tan evidente, ella siempre reconoció que era mucho más de ciudad que de campo, pero hoy, no podría explicar muy bien por qué, estaba dispuesta a sopesar esas preferencias de nuevo. El viento contoneaba las hojas, el sol se mecía en ellas olvidándose de la tierra, y los pajarillos no paraban de perseguirse, trinando sin cesar como embriagados, para que no decayese la fiesta de ser observados por alguien con la ilusión de sentirse correspondida para siempre. Decidió aminorar el paso para disfrutar todo lo posible de las sombras, de los sonidos, de cómo cada árbol vestía de una forma diferente a luz y al aire. Todo lo que, apenas unas horas antes llegó a desesperarla, era capaz ahora de hacerla demorar su deseado encuentro sorpresa con Gabriel.

jueves, 30 de julio de 2009

La historia más triste de la historia (XXVII)

– ¡Qué aproveche! Perdone, acabo de llegar en tren y me gustaría preguntarle a qué pueblo podría dirigirme desde aquí, para estar lo más aislada y tranquila posible.
– ¿El pueblo más aislado? Yo diría que es “Los pecados de Cristo”, sólo se accede desde una línea de autobús que recorre la comarca, desde este pueblo salen un par de ellos al día.
–No puedo creer que haya un pueblo que se llame así. Se me amontonan las preguntas. ¿Sabe usted el motivo de ese nombre?
–No sabría decirle hasta que punto será verdad pero, se comenta que en la guerra civil se llegó a tal grado de paroxismo en ese lugar que se pusieron en práctica todo tipo de crueldades conocidas e inéditas: torturas, asesinatos, la quema en hogueras, hasta se rumorea que, debido a su remoto enclave y a la dificultad para su avituallamiento, llegaron a practicar el canibalismo. Un día apareció por allí una especie de monje peregrino que, a medida que iba recorriendo el pueblo fue comprobando la cantidad de atrocidades que se habían cometido: cada plaza constaba, casi por obligación, de un patíbulo donde se podían ver cabezas cortadas, cuerpos ahorcados abandonados a las aves carroñeras, cadáveres desplomados como si hubieran intentado absorber con su último aliento, de nuevo, su sangre. El monje, horrorizado, seguro de que satanás había encontrado una puerta a la tierra que desembocaba exactamente en aquel lugar. Decidió ir puerta por puerta suplicándoles una tregua y convocándolos en la plaza del ayuntamiento a la caída de la tarde, para intentar ocultar con las sombras, el odio de sus miradas y la sed de mal con la que el Demonio había infectado sus almas. Poco a poco la gente fue saliendo de sus casas, intentando no coincidir con ningún enemigo, cada bando se colocó a un lado de la plaza. El Peregrino estaba de pie en el patíbulo, con una especie de misal entre sus manos unidas, la cruz de una cadena en su boca, mirando hacia abajo en una especie de trance espiritual que tranquilizó algo a los ciudadanos, que parecían sentir, en su inquietud, las ascuas del infierno agrietándoles la suelas de los zapatos e incitándoles a culminar el holocausto.

lunes, 27 de julio de 2009

Del por qué ser…


Siempre
quiero
ser
palabras
precipitándose
sin
remedio
Inconscientes
del
futuro
sin
inercia
del
origen
más
allá
de
ser
hoy
sin
fianzas
Permanecer
eterno
e
irreverente
como
un
vampiro
católico
Un
alud
de
percepciones
con
fe
de
abismo
y
de
silencio
Coger
tus
manos
al
vuelo
antes
de
que
exista
el
pecado
original
de
no
hacerlo
Y
respirar
del
aliento
de
los
que
impulsen
al
pronunciar
lo
que
demonios
acabe
siendo
esta
serpiente
ávida
de
simbiosis
Concluir
comenzando
Siempre
quise
ser
palabras
salvavidas
flotando
en
el
ánimo
del
que
en
no
sufrir
halla
misericordia
y
aliento…

jueves, 23 de julio de 2009

Seamos consecuentes


Sería un acto de despilfarro inadmisible
que, dadas las circunstancias y, teniendo
en cuenta la idoneidad de las condiciones
—distancias erectas a huecos exactos;
la noche incipiente con su tiempo virgen
improvisando sombras dionisíacas; la
inercia de todo lo que fluye amenazándose
con desembocar al unísono, en cada lugar
coincidente, en todo vacío que nos imana;
caricias disfrazadas de ovejas; alientos
conspiradores; miradas paranoicas que
coagulan toda molécula que no sea partícipe—,
no actuáramos en consecuencia.

lunes, 20 de julio de 2009

La historia más triste de la historia (XXVI)



–Mucho me temo, lejos de desearlo o no, que no sería una buena idea, debo concluir lo emprendido sola, sé que no hace falta que le explique nada más, incluso estoy segura de que sabía que esta sería mi respuesta.

Dejó caer la maleta al suelo, justo encima de su mirada de ceniciento, y con una expresión de resignación penitente recorrió lentamente su cuerpo hasta que en sus ojos se batieron todas las incertidumbres de la creación, la cogió por los hombros; le deseó suerte; le entregó una tarjeta jurándole que no dudara en llamarlo aunque sólo fuera para insultarlo; se besaron en las mejillas mientras el tren se detuvo definitivamente —para su desgracia no fue para siempre—. Se abrieron las puertas, ella lo acribilló sin proponérselo con un adiós bajo una sonrisa ambigua, antes de entrar en la pequeña estación se giró para despedirse de nuevo con un movimiento de su mano, como renunciando a una probabilidad de vencer, o sucumbir, al sentido de su existencia. Él sólo atinó a colocar la palma de su mano sobre el cristal, la miró sin parpadear mientras el tren reanudaba su marcha, justo cuando pasaba a su altura introdujo la otra mano en el bolsillo de la camisa, desplegó una hoja escrita con letras enormes que pegó a la ventanilla y que decía: “LLÁMAME MARÍA”. Confirmando así la sospecha de María sobre su condición de profeta.
Entró en la estación sin tener muy claro si se encontraba más liberada que arrepentida. Al fondo, a través de una gran cristalera con el nombre del pueblo grabado ya podía divisarse éste. Así que decidió preguntar mientras buscaba un lugar para comer. Entró en un local, mezcla entre cafetería y mesón, con vistas a la que parecía ser la calle principal, había una señorita comiendo sola en una mesa amplia y le pidió permiso para sentarse con ella.

viernes, 17 de julio de 2009

El bosque (III)



Nadie me creerá, pensó, además de suponer que nadie se adentraría tanto en el crepúsculo del bosque que pudiese corroborar este fenómeno. Colocó las hojas entre las rocas a modo de colchón, seguía nevando, pero la nieve no sólo era templada, se evaporaba sin pasar por su estado líquido, simplemente desaparecía. Así que se tumbó en el refugio y, antes de quedarse dormida, la primera luz del alba volvió a asomarse a sus pupilas. Por un momento barajó varias hipótesis: una era la posibilidad de estar volviéndose loca, la otra, que el mundo estuviese experimentando con ella una nueva estrategia para intentar dar la última oportunidad al hombre. Aunque esta última conclusión no haría otra cosa más que confirmar la primera. Estaba tan cansada que antes de plantearse una tercera explicación se quedó dormida, pero una pesadilla, donde un sol despiadado la dejaba reducida a cenizas, hizo que se incorporase como si realmente empezara a arder como una tea. Comprobó que, aunque el calor empezaba a ser incomodo, su piel todavía permanecía cubriéndola lo suficientemente elástica. Se acercó al río con la intención de refrescarse, quizá así pudiera intentar emprender de nuevo su camino hacia el puente. Se sentó sobre una piedra que había en la orilla, se quitó los zapatos e introdujo con cuidado las piernas hasta la altura de las rodillas, haciendo un cuenco con sus manos cogió agua y se la aplastó sobre la cara, estaba tan fresca y cristalina que repitió el gesto, pero esta vez se la bebió, inmediatamente se sintió reconfortada e, inclinándose sobre la estática corriente para peinarse un poco en su reflejo, comprobó, una vez más, que aquel lugar, en aquel momento, era de todo menos típico. Da igual, se dijo levantándose con fuerzas renovadas, se encontraba con energía e ilusión suficientes para emprender la marcha, seguir el cauce un par de kilómetros, y llegar, al fin, al camino que conducía a la cabaña, donde daría una grata sorpresa a Gabriel. Ellos habían sido amigos desde la adolescencia, pero fue hace dos meses cuando parecieron darse cuenta que, en verdad, el lazo que les unía era mucho más fuerte, y decidieron iniciar una relación de pareja, la cual los tenía sumido, como otras veces, en un estado de euforia imberbe, del cual, ambos habían terminado saliendo siempre por las alcantarillas.

lunes, 13 de julio de 2009

La vida es un lío

Como diría mi admirado Forrest: “La vida es como una caja de bombones, nunca sabes qué placer te va a perjudicar con más saña, ni cual va a provocar más envidia.”
En definitiva, un lío, que se lía y lía, hasta no acabar nunca.




jueves, 9 de julio de 2009

La historia más triste de la historia (XXV)



– ¿Me acompaña al bar? Me apetece una cerveza bien fría.
–No puede haber nada en este momento que me concierna, más importante que disfrutar con usted de la rejuvenecedora orina de los dioses.

Sentados en los taburetes del bar, hablando de preferencias y debilidades, no tardaron en comprobar que sus inquietudes descendieron hace miles de años, al menos, del mismo árbol. Ella incluso sonrió cuando cualquiera de las anécdotas le hacía olvidar el suelo, y flotaba sin peso entre los versos menos inmisericordes; socorriendo a los inmortales de Borges bromearon con la muerte; rodeados de auroras y crepúsculos en la capilla de los Medici, llegaron a entender a Miguel Ángel; y confesaron, casi compitiendo por ser el primero, que después de mil veces, aún se les ponía piel de gallina al oír cierta variación del capricho veinticuatro de Paganini.
¡Increíble! Pensó María regresando del asombro y tomándose un respiro para sospechar que, aunque el resto fuese discrepancias, estas afinidades parecen más bien una trama diabólica para debilitarme, que una milagrosa coincidencia. Desde que vio el poemario en sus manos no pudo librarse de la sensación de estar siendo víctima de una confabulación contra su intento de romper con el pasado.
Por megafonía se anuncia la inminente llegada a su destino, ella mira su reloj sorprendida. Ha pasado una hora y media.

–Ha sido un placer conversar y compartir placeres con usted, espero que algún día volvamos a coincidir, me apeo en la próxima parada, así que iré a buscar mi maleta…

–La acompaño.

Ella observa de soslayo como él hace el mismo gesto de coger una maleta, recoge una bolsa y un periódico del altillo, le ayuda a bajar la suya, y se dispone a acompañarla hasta la puerta.

– ¿Se cambia usted de sitio?
–No, solamente apuro todas las posibilidades de permanecer juntos, no hace falta que me lo pida, me bajaría con usted —aunque esto fuese un campo de concentración siberiano— con el simple hecho de que no se oponga.

lunes, 6 de julio de 2009

El prodigio



Mejor ir al fin:
nada ha cambiado; sigo sin
saber; apenas un vestigio con
aires de acabar siendo;
arrecife congelado;
siempre tú y el azar de las palabras;
límpido signo de limitación;
insuficiente tara, sin embargo,
para no aspirar a iterativo: y
seguir predicando,
caricato profeta redentor,
el prodigio que soy en ti.

jueves, 2 de julio de 2009

El bosque (II)



Vio a un águila remontar el vuelo dejando atrás la copa de unos sauces llorones, iba descabellando con su pico un pez que llevaba ensartado en sus garras. El río debe estar muy cerca, pensó caminando algo más ligera y confiada, pero una hora después aún no podía escuchar el murmullo de la corriente. No recordaba que el bosque fuera tan grande, pero hacía tantos años que no venía que equivocarse era lo más lógico. El sol empezó a entristecerse suicidándose en las cumbres más altas de la sierra. La sombra de Eva se alargaba hasta aliarse macabramente con la de los árboles, el sonido se fue replegando en el aire que habita entre las ramas, y debajo del humus. De nuevo aligeró la frecuencia de sus pasos hasta sincronizarlos con su miedo. Tropezó con algo, perdió el equilibrio y, dejándose caer sobre un costado, rodó unos quince metros hasta desembocar en un pequeño claro. Al levantar la cabeza observó como parte de su melena estaba flotando en agua, se incorporó apoyándose sobre sus codos y comprobó que efectivamente estaba salvada, había llegado al río. Era extraño pero el agua estaba tranquila como la de un lago, simplemente se ondulaba con calma sin intención alguna por dirigirse hacia ninguna parte, seguramente se trataba de algún fenómeno que ella desconocía porque en ese tramo la corriente siempre bajaba con bastante fuerza. Se puso en pie, estaba agotada y dolorida, en esas condiciones no se creía capaz de hacer todo el camino de vuelta, así que buscó refugio en medio de unas grandes rocas que parecían puestas en aquella llanura para tal efecto. Ayudándose de su falda recolectó una gran cantidad de hojas que pensaba utilizar de abrigo. De pronto empezó a nevar, era junio y hacía unos treinta grados centígrados. ¡Increíble! exclamó mientras extendía sus brazos y caían cálidos y suaves los copos en las palmas de sus manos.

lunes, 29 de junio de 2009

La historia más triste de la historia (XXIV).




–No puede ser. Me permite la indiscreción de preguntarle cómo descubrió ese libro.
–Se lo diré si me confiesa por qué quiere saberlo.
–Sólo por curiosidad, yo también tengo un ejemplar, y no es fácil encontrarlo en librerías.
–Su primera expresión no ha sido precisamente de curiosidad, más bien de asombro, casi de estupor me atrevería a decir. Este libro ha tenido que estar relacionado de alguna manera a un acontecimiento crucial para usted, ¿me equivoco?
–Bueno, déjelo, si para que me responda tengo que someterme a un psicoanálisis mejor...
–Está bien, de acuerdo, no se me vuelva a enfadar. Un día, naufragando por internet, recalé en el blog personal del autor, leí varios poemas, me interesaron y, voilà, por lo que he podido leer, sigue pareciéndome prometedor, pero lo que realmente me resulta apasionante del libro es la relación que pueda tener con usted.
En serio, sé que apenas nos conocemos, pero se me agrieta el mundo tras la ventanilla cada vez que descubro en su cara esa tristeza que hace ladear su cabeza, rendirse al desánimo hasta obligar a la belleza a prescindir de sus ojos y de sus dientes. No quisiera abrumarla, ni que piense que es una mera estrategia adolescente, pero le prometo que puede contarme lo que quiera y que haré lo inconcebible para que no se arrepienta.

María se quedo mirándolo como haciendo una resonancia magnética a sus palabras, en busca de similitudes con otras piedras preciosas del pasado, que acabaron convirtiéndose en las brutas con las que tropezamos siempre.

–Se lo agradezco, lo tendré en cuenta, quizá en otro momento. Ahora prefiero… La verdad, no sé muy bien qué prefiero, supongo que algún resquicio quedará aún para mí que pueda ilusionarme, por algo seguiré viva.
–Quizá ese resquicio sea mi desinteresada disposición a ayudarla, no cierre las puertas antes de poner un pie en el otro lado...

jueves, 25 de junio de 2009

Joe Satriani. Always with me, always with you

Llevo veinte años disfrutándola (con alguna que otra pausa).
Si a partir de ahora no existiera, el resto de mi vida sería un intento por resucitar esta canción.
He aquí el origen:



lunes, 22 de junio de 2009

La puta ventana



En cuanto la penetro comienzan
las distancias,
eran prácticamente idénticas ayer,
sólo llegadas y salidas sin propósito,
la monotonía del tiempo vive deteniendo
los espacios entre el cemento y el asfalto.
La lluvia se silencia y se contonea
desnuda, burlándose de caras previsibles
como este punto.
Tonio ¿vamos a desayunar?, me lanzas
con voz de hambrienta bella durmiente
mientras trato de imaginar más allá del
más allá
de la puta ventana, al lado del ordenador.
Entre tu amor y la nada, entre tu vida y
mi muerte,
debe existir algo mejor que estas palabras.
¡Voy! Hay cierta luz de esperanza al final
del túnel, en ese movimiento tuyo al bajar
por el hueco de la escalera, en bragas.

viernes, 19 de junio de 2009

La historia más triste de la historia (XXIII)



E hizo, con la técnica del mismísimo Marceau, el gesto de la cremallera sobre sus labios, el de cerrar un candado, y ponerse finalmente una especie de esparadrapo, para luego poner los brazos en cruz y descolgar la cabeza como un crucificado. Lo cual logró prolongar un segundo el espectáculo de sus dientes en el ocaso de sus labios replegándose.
Puede que me haya equivocado —pensó María mientras observaba alejarse una bandada de pájaros a través de la ventanilla—, no era fácil a estas alturas que eso sucediese, pero no iba a ser la primera vez, aunque siempre había sido por la percepción opuesta, la de haberme creado demasiadas expectativas y acabar decepcionada. Definitivamente no parecía el típico baboso en busca de un lugar donde verterse. Es inteligente, educado, complaciente. ¡Pero que coño estoy diciendo!, no has tenido suficiente ración de infierno sazonada con esos mismos ingredientes, parece mentira que esté pensando en embarazo con los puntos de la cesárea aún infectados.
Miró de soslayo a su derecha, él estaba leyendo un libro oscuro, parecía un poemario titulado algo así como “
Poemas de amor inmisericordes”, ella lo reconoció de inmediato. Andrés se sabía observado y, sin dirigirse a ella, recitó una estrofa en voz suave y honda:

Tan vehemente como dulce,
súbitamente bienvenido,
adictivo como todo lo imprescindible.
Estalla todo tu amor de repente
agónico e irascible;
verdugo de labios exánimes,
señor de carnívoras veleidades,
mecenas de lo inconcebible,
musa de improvisadas masacres,
sedicioso néctar irredento
que eleva sangrientas vocales asfixiadas,
reino de humedales entre cabellos.

Ella no pudo evitar entonar, al unísono y de anhelosa memoria, ese último verso…

martes, 16 de junio de 2009

El bosque



Emprendió su paseo por el bosque como cada mañana desde que su convalecencia lo obligara a tomarse un respiro. Cada vez era más consciente del sonido de las ramas y las hojas quebrándose a su paso mientras su respiración se acompasaba con la caída de los frutos y el rumor del río, como si hubiese regresado al lugar donde se extinguió hacía mucho tiempo. Ella quiso sorprenderlo adornando con una sonrisa inocente un abrazo inesperado. Siguiendo la antigua senda que él había vuelto a abrir a través de la hierba y el pasto llegó, abrigándose en los árboles en un zigzag de traviesas intenciones, tan profundo que empezó a mirar atrás con mayor inquietud, que fe hacia delante. Poco después decidió gritar su nombre deshaciéndose sin mucho reparo del factor sorpresa. El único resultado que obtuvo fue su ánimo hecho añicos entre los desequilibrados trinos de unos pájaros invisibles, adoptó la decisión de regresar sobre sus pasos. Desorientada miró a su alrededor como brindándole su rendición al bosque y esperando su benevolencia. Entonces recordó que también podía intentar descender hasta el río, remontando su cauce tarde o temprano llegaría al puente de los suicidas, desde allí el camino a la casa era largo pero seguro. Se quedó unos segundos dudando qué dirección tomar…

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