Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

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jueves, 28 de agosto de 2008

El caos



Tus gafas despatarradas
sobre la mesa del salón.
Tu bolso de verano derretido
suspirando en la encimera
de mármol de la cocina.

Estoy seguro que esa fila de
hormigas del patio, ajenas a
tu rastro, obtienen algún tipo
de placer en su esclava labor.

La puerta del aseo huele
a recién abierta, a pelo
mojado y a pies descalzos.

No me hace falta tu esencia
para encontrarte, pero si está,
levito mientras me aproximo
como acechando a una presa
desconfiada y hercúlea. .

Entre tu cuerpo mojado y mis
manos sedientas cualquier
distancia es un tiempo sumido
en el caos,
un desperdicio de armonía,
una simbiosis extinguida.

Puede que los astros no se
alineen por nosotros, que la
tierra no presuma de contenernos,
pero la vida que se desprende en el
momento en que nos aniquilamos,
es el mejor ejemplo de la génesis y
del apocalipsis de todos lo tiempos.


lunes, 25 de agosto de 2008

Quisiera



Quisiera tratarte como lo escribo,
sería lo que mereces sin duda, pero
estando tan cerca de tus formas
pecaminosas, los versos se
convierten en mis manos en
aullidos y maldiciones de animales
impacientes y nocturnos.

Quisiera ser como digo que pienso,
pero para ello tendrías que saber
adaptarte a mis vehemencias y
a mis desidias, y lejos
de ser justo, la verdad,
no creo que pudiese soportar el
fuego sin calor,
y a la mamba sin veneno.
Te echaría de menos de víbora.

La belleza siempre tan ambigua.
La verdad siempre tan austera.
Y lo que soy nunca encuentra
un lugar sereno junto al tuyo.
La maldición de matarnos y
resucitar sin remedio, y sin saber
por qué, nunca aprendemos,
es la única locura sensata
que conocemos para perdurar
en el milagro caótico que
formamos, mientras se expande
el universo buscando nuestra
armónica belleza por el cosmos.


jueves, 21 de agosto de 2008

El pueblo incierto (XI)



Poco tiempo después me pareció oír la sirena de la policía avanzando hacia mi lamentable situación. Espero que no utilicen ningún método violento para intentar detenerme, no hay nada que falte más a la verdad que pensar que hace falta algún tipo de fuerza para convencerme de que salga al fin de esta ratonera en la que se había convertido mi refugio nocturno contra unos supuestos Nosferatus sanguinarios.
Me coloqué al fondo del cuarto, en el mismo ángulo que ya había utilizado, para que me permitiese ver algo si la puerta se abría de nuevo lo más mínimo. Dispuesto a colaborar en todo, incluso a olvidar que esto estaba sucediendo y despertar en mi cama sudando a mares de fuego. Por el murmullo parece que los trabajadores del banco están informando a los agentes de la situación en la que nos encontramos.
Un silencio absoluto me anegó el alma, sabía que esta quietud era el preámbulo a la táctica policial que estaban a punto de emplear conmigo. Esperé con tanta expectación que retuve la respiración para poder oír cualquier iniciativa a favor de reducirme.
Pom, pom, pom, llamaron breve pero contundentemente mediante tres secos golpes a la puerta, si hubiese tenido que jugarme la vida en adivinar el número de golpes que darían, la habría conservado. No sé, llamar dos veces puede albergar arrepentimiento, cuatro, indecisión. Tres golpes implica la determinación justa que requiere el acto en si.
Le habla la policía, no tiene escapatoria, abriremos la puerta lo suficiente para que pueda entregarse, salga con las manos por delante, que sea lo primero que le veamos, ¿está claro?...

lunes, 18 de agosto de 2008

Soy como piensas



Reconozco que a veces,
incluso prolijamente,
soy como piensas;
un búho ermitaño y
alicortado que sólo
abarca lo que presiente
si antes lo ha sobrevivido.
Todo porque bailo
desenfrenadamente inmóvil,
porque no me recreo en la
palabra, evitando acomodos
imprevistos más allá de lo
interesante, o de lo concreto.
Ya sabes que de registrar
mi genoma, lo llamaría
“timidez profunda”.
Prefiero desahogar lo
absurdo que segregamos
con desvaríos íntimos,
para ti y pocos más.
Paranoias que a su vez son el
peor de mis castigos cuando parecen
constreñir como anacondas
tu futuro de gacela urbana.
de profeta de los cuerdos, de
ángel con los pies en el asfalto.

Hasta ahora hemos sobrevivido
en la linde que delimita tu
frenética ciudad y mi
sobrecogedora selva.

Y yo sigo esperándote allí,
como si el mundo aspirara a
mantenerse intacto por nosotros.

jueves, 14 de agosto de 2008

De mi viaje a Italia (Florencia)







Algún día volveré a la voluptuosa cuna del renacimiento, ahora mismo no encuentro una explicación razonable del por qué tomé tan pocas fotos en mi visita a Florencia. Seguramente sería un caso severo de enajenación, más bien de encantamiento mental transitorio.
¡Cuánto arte concentrado ante un fotógrafo de pacotilla!
¡Cuánta belleza moribunda en la memoria!
Un buen motivo para regresar a la galería de la academia y contemplar uno de los héroes que fui en el pasado; el fabuloso
David de Miguel Ángel.

lunes, 11 de agosto de 2008

Un cortijo andaluz. José, el pobrecito agradecido (I)



José no era sólo un buen trabajador, a los ojos de sus jefes era el mejor de más de cincuenta empleados que tenían con nómina indefinida en el cortijo. Pero murió sin la alegría celestial de saberlo con certeza, no pudo oírlo directamente de sus labios potentados, hubiese sido todo un detalle que lo habría henchido de satisfacción y orgullo, y su entrega y diligencia no hubiesen tenido límites a su entero servicio.
Todas las mañanas atravesaba acelerado, con su característico paso tímido y sumiso de japonesa introvertida, el patio del cortijo para abrir los solemnes portalones de madera vieja y leprosa, que aún cumplían decorosamente con la función de salvaguarda que le encomendaron cuando era maciza y vigorosa, por aquellos años de posguerra se cerraba casi por su cuenta, sin crujidos ni chirridos lastimeros, suavemente velaba por lo poco valioso o comestible que se pudiese tener, y que, por supuesto, se encontraba concentrado en la gran casa almenada de los señores, casi siempre deshabitada.
José era un poco de todo, hacía funciones de administrativo, de organizador de eventos para el gran terrateniente y los señoritos, de casero, y de todo lo que pudiese, con su fidelidad infinita, ir abarcando para el bien y el progreso de la finca.
Era un celoso contable a la vieja usanza, con sus libretas siempre a cuestas, el bolígrafo en la mano y el lapicero encajado en una oreja, o viceversa. Con una maestría artesanal pesaba una por una todas las cajas de aceitunas que los jornaleros habían traído del verdeo. Nunca reconoció que durante muchos años había trucado el rudimentario mecanismo de pesada para ganar unos cientos de gramos, ni que la mayoría de las veces redondeaba a la baja, pero cada campaña las cuadrillas acababan dándose cuenta, y...

lunes, 4 de agosto de 2008

En mi defensa



En mi defensa te diré
que nadie más te haría sonreír
por algo tan inocente como este
poema, único en su especie;
que alcanza la transparencia
del alma, cuando me besas
creyéndome dormido, o a veces
triste.

Ya sé que nadie, es mucha gente
y en todo el tiempo posible,
pero es así; una corriente
inestable de alianzas implícitas,
que por ti, nos pertenece en exclusiva,
y se inflama y multiplica cada vez
más enraizada y omnipotente,
y acaba por aspirar a perdurar
más allá de la nada.

No puede haber algo parecido en
ningún otro lugar, ni a ninguna
otra persona se le ocurrirían esta
sarta de improvisadas obviedades,
y aunque así fuese, en otra vida,
seguramente no las tolerarías.

Es como a una religión
improvisada por unos dioses ateos,
como un país paralelo que lucha
y se funda, se evapora y se erige
con cada gesto cómplice.

Poco a poco creamos un dialecto
indescifrable, unas guerras cada
vez más diminutas, rituales,
aquelarres, una adaptación libre
del kamasutra. Sólo admitimos
en nuestro imperio las cosas
imprescindibles para extendernos,
y acabar siendo algún día, un laberinto
independiente dentro del cielo eterno.

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