EL FIN DE LOS TIEMPOS

Artículos en clave de humor, relatos, cine y poesías. Un rincón donde reflexionar, explorar, e intercambiar experiencias.

jueves 22 de mayo de 2008

Luis Cernuda (La realidad y el deseo)

Uno de los grandes poetas andaluces, perteneciente a la generación del 27. Y aunque nunca haya sido tan popular como Bécquer, Alberti, Lorca, o Machado, sin duda alguna su obra es una de las más profundas y brillantes que ha dado la poesía en español.
Republicano confeso, se pasó media vida exiliado, impartiendo clases en Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos y México, País este último al que amaba profundamente y, donde finalmente moriría en 1963.
Su vida estuvo marcada por un carácter extremadamente introvertido y por la distancia de su tierra; sus deseos enfrentados constantemente a la realidad que le tocó vivir, y que frenó sus expectativas a favor de la soledad y la tristeza.

Este vídeo no tiene demasiada calidad, pero para eso ya está su poesía:

lunes 19 de mayo de 2008

El cielo (según San Morfeo)



Hoy soñé que estaba muerto,
y que después de todo, había un cielo.
¡Quién lo habría imaginado!
En él coincidía todo lo indispensable;
una toalla húmeda brevemente sujeta
a tu cuerpo reclinado, con mi campo
de visión, y el alcance de mis manos,
curiosamente frías.
El tiempo pasando, los momentos claves
siempre disponibles, mis bolsillos
rebosando de tus sonrisas y tu silencio.

Mi familia, mis amigos;
todos plenamente felices,
asumiendo con gozo el
hecho de que yo fuese el
único
que decidiera cuando
teníamos que vernos.

Coexistían sin clasismos quienes
provenían de sus aprobadas
vidas terrenales, con los
indultados del infierno.

Qué placer poder conversar
en la zona menos idílica, y
por tanto más inspiradora,
con grandes cuentistas y poetas;
Neruda, Melquíades en representación
de Márquez, Cernuda, etc...

¡Qué ingrávida paz nos embarga!
Si se pudiese morir de placer,
sería aquí, si lo llego a intuir antes...
Aunque es fácil decirlo cuando ya estás
muerto, y nadie sufre por saberlo.

jueves 15 de mayo de 2008

El pueblo incierto (V)



Intentar escapar traería consigo una reacción de fuerza por su parte que debería atenuar en la medida de lo posible. Decidí no continuar avanzando, de todas formas el pueblo seguiría estando seguramente a la misma distancia constante e infinita, me quedaría allí, esperando que contactaran conmigo. Me adentré unos metros entre los girasoles, esperando encontrar en la senda dejada por el supuesto espía algún vestigio que delatase su naturaleza, entonces advertí que el suelo tenía una firmeza inusual, me agaché, removí la tierra rojiza con mis manos apocalípticas, y apareció ante mi atómica ansiedad una estructura metálica a apenas un centímetro de profundidad, de la cual brotaban los tallos. ¿Qué podía significar eso? Rápidamente mis alucinadas neuronas opinaron que debía tratarse de una plataforma para mantener artificialmente a las plantas en el mismo estado que cuando invadieron el pueblo, creyendo que así mantendrían dentro de la normalidad la apariencia cotidiana de los alrededores del lugar.
Cambié de planes: si sus centinelas pudieron llegar hasta el pueblo a través de la plantación, también podría hacerlo yo, así que seguí lentamente uno de los caminos abiertos en línea recta hacia el macabro sonido de la torre más alta. No sé si me alegré de haber acertado en mi deducción, pero la verdad es que a cada paso que daba el tamaño de las casas aumentaba, al fin estaba acercándome irremediablemente, y de nada servía el que deseara con toda mi alma que fuese a la inversa; que cada zancada me alejase cien metros de aquella incierta realidad de la que no podía desterrarme. Respiré hondo y bebí un trago de una botella que llevaba en la mochila, el agua me supo a sudor de dos días cuando se mezcló con mi saliva y antes de caer en el pozo incandescente en el que se había convertido mi sufrido estómago... (seguiré atormentándome con su recuerdo)

lunes 12 de mayo de 2008

La condición humana



Si la vida fuese eterna
hasta que la muerte apeteciera…

Si creyésemos ciegamente en dios,
y en lo esperanzador de sus designios…

Si ella creyera incondicionalmente en mí…

Si agradeciéramos a la tierra, cada día,
el disfrutar juntos de ella…

Si Dios nos quisiera aún endemoniados;
escupiendo dudas como pecadores enfermizos…

Si la ciencia avanzara a un año por hora…

Si esta vida sólo fuese el ensayo de una
perpetua obra maestra…

Si fuésemos algo más idiotas, y lográramos
desterrar todas las falsas expectativas.

Si una sola condición se hubiese cumplido,
no importaría que estas palabras existieran.

jueves 8 de mayo de 2008

El pueblo incierto (IV)



Poco a poco un sonido agudo e irritante, de una frecuencia casi inaudible para el ser humano fue ocultando al de las campanas, yo me protegí los oídos con las manos para intentar mantenerme asido a la débil reja que sostenía aún con vida a mi cordura. De pronto una infinidad de caminos se abrieron entre los girasoles; desde todas las direcciones el sonido a tallos quebrados y a marcha desenfrenada ofrecía ante mi atónita mirada un espectáculo sobrecogedor e indescriptible; como si el diablo llamase a filas a todos sus demonios, amenazando con el paraíso al que osara llegar el último. Todos los frenéticos senderos se dirigían hacia el pueblo. Cuando se alejaron me puse en pie, luego me subí en la roca que había utilizado de abrigo, no hubo manera de ver qué tipo de alimañas salieron del sembrado, estaba demasiado lejos para ver esos detalles. y me quedé allí subido un buen rato, sin tener la más remota idea de lo que iba a hacer, sabiendo que en esa posición, mi silueta desolada estaba deformando el valle, y era un blanco perfecto para cualquier ojeador que me pretendiese. De alguna manera supe que ya hacía tiempo que habían advertido mi presencia, así que reaccioné quizá de una forma absurda, pero grité a pulmón lleno ¡Hooolaaa!, abandonándome por completo a las intenciones de quién sabe qué inauditos seres.
Reconozco que mi reacción no fue precisamente el paradigma de nuestro instinto de supervivencia como especie, pero algún sentido oculto me aconsejaba asumir que no podría salir de allí sin afrontar que estaba a merced de ellos, y que…

lunes 5 de mayo de 2008

...En definitiva...Salvaguárdame



...En definitiva, necesito el aire
que desprende la certeza de que
estás ahí, y que nunca claudicarás
frente al destierro que inflingo
a la parte de la tierra que cuenta
incondicionalmente conmigo.
Preciso que merodees inagotable los
entresijos de mi pusilánime ánimo
por otros mundos, y en otros sentidos.
Que trashumes mi espíritu
en cuanto se confunda con la inercia
de días plagiados y ocres.
Júrame que zarandearás mi pegajoso
recato aunque te crucifique de reojo
en mi soliloquio.
Fusílame con el futuro visto desde
la espontaneidad de tu sonrisa.
Condéname a vivir en primicia
cada detalle que pueda ser mimado
para engendrar entre ambos un milagro.
En definitiva… Salvaguárdame.

jueves 1 de mayo de 2008

Pedro Reyes (El Hombre)

Yo me considero de la generación de la “bola de cristal”, ese programa infantil que dio la oportunidad a tantos artistas innovadores en los años 80, y que marcó de alguna manera a nuestra generación con un espíritu más o menos creador.
Fue ahí donde conocí a Pedro Reyes haciendo dúo cómico con Pablo Carbonell, dos locos andaluces por los que siento verdadera debilidad. Definir el humor de Pedro Reyes es tan difícil como que te deje indiferente, es todo lo absurdo que hay en el hombre enfrentado a su miseria, o quizás, todo lo contrario.
Vean este vídeo donde nos regala una particular reflexión sobre la condición humana: “El Hombre”.




lunes 28 de abril de 2008

El pueblo incierto (III)



La sensatez más básica hizo que me sentara en una roca caliza que emergía sin lógica geológica a un lado de la vereda, tomé aire profundamente para promover algún tipo de reflexión, y antes de expulsarlo por completo vi como algo o alguien, aún invisible bajo las secas pipas, se acercaba hacia mí a través de los girasoles, haciendo camino a base de coléricos movimientos y sonidos quebradizos, y cuya única razón para existir, teniendo en cuenta su certera trayectoria hacia mi inquietante expectación, parecía que fuese el encontrarme. Ya era tarde para correr, incluso para pensar en correr, supongo que mi instinto tuvo como idea predominante la que advierte que nunca es bueno dar la espalda a una amenaza desconocida, y por eso sólo atiné a ocultarme de rodillas detrás de la piedra, mirando sigilosamente, intentando adivinar el lugar exacto por donde desembocaría aquella cosa. A escasos dos metros para salir de la plantación aquello se paró en seco, me recordó a esos perros de cacería que se quedan clavados mostrando a sus dueños el lugar exacto donde el miedo atenazó a la presa, y recé para que no fuese mi olor el rastro al que estaba sentenciando. A ese instante donde se combinaron el sonido silencioso de mi corazón sobreexcitado, su respiración acelerada, y el eterno compás a difunto de las campanas, se le podía haber tildado de todo menos de esperanzador. Mis tripas respondieron al ambiente con un lamento aéreo acuático que no iba precisamente a mejorar las cosas; un retortijón seguido de varias réplicas de no menos intensidad, que acabaron de delatarme por tierra, mar y aire. De repente avanzó, sólo un paso al frente, suponiendo que tuviese pies, luego otro, aún más corto pero siempre adelante, decidido a sorprenderme… (Próximamente avanzará)

Dibujo: José Manuel Exojo Mena

jueves 24 de abril de 2008

Sobre tu pubis

Sobre tu pubis mi cabeza descansa
como muerta, entre tus piernas mi pecho
regresa de robar oxígeno por los rincones,
resucitado.
el mundo acaba en un sudor helado de pies.
de nuevo acabamos en tablas la
encarnizada lucha por la supremacía de
satisfacer; de esa forma suicida en que todo
en la locura, al fin cobra sentido.
Sobre tu pubis yazgo sin culpas ni necesidades;
sólo sangre regresando reconfortante.

lunes 21 de abril de 2008

El pueblo incierto (II)



¡Qué diablos! exclamé confirmando mi decisión de suspender por un día el trayecto fijado a favor de la aventura y la improvisación. Y me recorrió desde el estómago al pecho una agónica incertidumbre; la misma sensación que cuando decidí acercarme al fin, a la primera chica con la que soñé despierto. Y esa angustiosa esperanza me cautivó de nuevo, y obedecí sin recato a mi suerte como penitente de misterios insospechados. Encogí las tripas y alargué el paso intentando estar siempre por delante de la sensatez del miedo. El camino era de una tierra arenosa y rojiza, flanqueado por plantaciones de algodón y girasol penosamente abandonados. Era extraño no ver a nadie trabajando, ni tractores, ni aperos de labranza o gomas de riego; parecía que la plantas habían crecido exuberantemente de una forma natural, y que de pronto se hubiesen secado y podrido sus frutos antes de haber podido ser recolectados por los vecinos.
Llevaba más de una hora en dirección al pueblo y mi percepción del tamaño de sus casas no había variado ni un ápice, una de dos, o estaba más lejos de lo que había calculado en un primer momento, o el pueblo estaba manteniendo las distancias conmigo, no me preguntéis cómo ni por qué. Miré hacia atrás para comprobar todo el trayecto recorrido, volví a contemplar la torre alta que aún se lamentaba. Era increíble pero calculé que llevaba andado unos cuatro kilómetros, sin embargo la imagen del pueblo y el sonido de las campanas eran prácticamente el mismo que cuando desvié mi camino hacia ellos… (Continuará, mientras yo pueda)

jueves 17 de abril de 2008

La leyenda de Psique y Cupido



Cuenta la leyenda que había un rey que tenía tres hijas de inigualable belleza, entre las cuales destacaba de una forma sobrenatural, casi divina, la más pequeña, Psique se llamaba y era tal su hermosura que los súbditos del reino dejaron de adorar a Venus y proclamaron a Psique diosa de la belleza. Venus no podía tolerar tal humillación y ordenó a su hijo Cupido que hiciera que la joven se enamorase del ser más horroroso que existiera. Pero lejos de cumplir su misión, Cupido quedó perdidamente rendido ante sus encantos; entonces se propuso idear una estrategia para no contrariar a su madre y poder disfrutar del esplendor de Psique al mismo tiempo.
El rey consultó a un oráculo para saber por qué su hermosa hija menor no había encontrado marido como sus hermanas, haciéndose pasar por el oráculo Cupido le ordenó que llevase a Psique a una colina donde se casaría con un monstruoso ser volador. Apesadumbrado, el rey acató las órdenes de los dioses, allí permaneció Psique temblorosa hasta que Céfiro la levantó por los aires hasta dejarla en una maravillosa pradera donde ésta se quedó dormida. Cuando abrió los ojos contempló a lo lejos un palacio que parecía de oro y piedras preciosas, una voz la invitó a entrar y quedó maravillada cuando observó la belleza y el lujo de todas sus salas, se bañó en una bañera de oro, eligió un fantástico vestido del armario, y bajó al comedor atendida por invisibles criados. Psique temía la aparición del monstruo pero en cambio escuchó una tierna voz perfumada pidiéndole que se acercara, él la acarició en la penumbra, ella se estremeció de placer, entregándose sin condiciones a su esposo. Después de una apasionada noche él le hizo prometer que jamás intentaría saber su identidad, y menos aún ver su rostro, y ella accedió a sus deseos. Aunque era feliz esperando cada día la llegada de su apasionado y misterioso esposo al caer la noche, le pidió que le permitiese visitar a su familia, Cupido no pudo negarse. Psique narró con todo detalle a su padre y a sus hermanas todo lo que le había acontecido, y la felicidad que irradiaba hizo que sus hermanas se murieran de envidia, así que convencieron a su hermana menor para que intentara descubrir la apariencia de su marido. La misma noche que regresó al palacio, Psique esperó a que su esposo estuviese dormido para iluminar su cara, era Cupido, el más bello de los dioses. Pero una gota de cera cayó en su marido, éste se despertó sobresaltado y reprobó la desconfianza de su mujer, desapareciendo como le había advertido.
Psique se marchitó de pena y recorrió toda Grecia en su busca, enloquecida pidió a Venus que la ayudara, y ésta, para consumar su venganza le puso como condición superar unas pruebas; ella aceptó sin preguntar nada. Mientras tanto Cupido estaba encerrado en una torre como castigo por haber traicionado a su madre.
La primera prueba consistía en separar de una montaña de cereales las siete variedades de trigo que existían, que gracias a unas piadosas hormigas logró superar, Luego consiguió, con la ayuda de un águila, coger agua de la inalcanzable laguna Estigia. Amansó a fieras para llegar al trono de Proserpina, reina de las sombras en el infierno, en busca del secreto de su belleza, la reina le ofreció un cofre que contenía un ungüento con el que todo aquel que se impregnara recuperaría la belleza perdida. Antes de entregárselo a Venus, Psique se untó un poco para intentar borrar de su rostro las marcas de tanto sufrimiento, pero en verdad el cofre contenía el espíritu del sueño y ella quedó profundamente dormida. Céfiro le contó a Cupido todo lo que había hecho Psique para recuperarlo, éste consiguió escapar de la prisión y expulsar de Psique el espíritu del sueño, y con un apasionado beso logró despertarla.
Venus reconoció la fuerza inmortal de su amor y los presentó en el Olimpo, donde la joven bebió del néctar y la ambrosía para ser eternamente feliz junto a Cupido.

lunes 14 de abril de 2008

El pueblo incierto (I)



Ese pueblo nunca debió existir, quizá hubiese bastado con que uno de los dos no estuviese allí en aquel momento, no obstante estuvimos, o al menos yo estuve en él, de eso estoy prácticamente seguro.
Fue asomando detrás de unas colinas a medida que yo ascendía por el camino. Me detuve, intenté situarlo en alguno de los planos donde había trazado minuciosamente mi ruta por aquella comarca, en un primer momento achaqué su anonimato a una falta de rigurosidad de los mapas.
Contemplé sin prisas la misteriosa estampa distante y sosegada de aquella piña de casas blancas que invadían con una pasmosa autoridad el valle, como si siempre hubiesen formado parte de aquel, aparentemente, impávido paraje. Decidí acercarme un poco más. A lo lejos sonaba una música entrecortada que no tenía otro remedio que provenir de algún instrumento caído del Olimpo. Cuanto más avanzaba mayor era mi voluntad de desviar mi itinerario para visitar aquel lugar desconocido. La melodía sonámbula fue tomando cuerpo a medida que fui aproximándome: eran las campanas de la más alta de las torres del pueblo, que no cesaron ni un segundo su toque a muerto mientras me acercaba, como si el único superviviente del lugar fuese el campanero, y su única misión fuese alertar al mundo de la inminente llegada del fin de los tiempos.
Era la última hora de la tarde, las bandadas de pájaros sobrevolaban mi difuminada sombra en busca de sus dormideros. Lamentablemente, recreando la escena mucho tiempo después, recordé haber visto como las aves evitaban el espacio aéreo de las casas en su camino a un bosque situado a la espalda de la población, bordeaban su perímetro como si una atmósfera de peligro les advirtiera. Pero en aquel cándido momento y a tanta distancia ni siquiera recuerdo que intentase buscar una explicación lógica a tan extraño comportamiento, supongo que pensé que era causa de un efecto óptico engañoso…(Me temo que continuará)

jueves 10 de abril de 2008

Miguel Ríos y Joaquín Sabina

Dos míticos andaluces de los que tenemos la suerte de seguir disfrutando hoy día, activos y con fuerza para rato son Miguel Ríos y Joaquín Sabina.
No ha existido un Rock español más genuino y vigoroso que el suyo,
Miguel Ríos terminó aplastando las dudas de su reinado con el “Rock & Ríos” un doble Lp en directo grabado en Madrid en 1982. Esa voz honda y dulce que desde los arrabales de La Alambra derrama con firmeza el arte de Granada y la magia de una guitarra eléctrica se reúne en este vídeo con el ingenio y la sensibilidad de las letras de su amigo Sabina, y cantan emocionados una de esas canciones que Joaquín ya pensó desde Úbeda que algún día compondría. Y bien exiliado en Londres o refugiado en los bares de Madrid, no dejaría nunca de dar a luz sin tregua a esos musicales poemas que forman parte ya de nuestro idioma. Fundamental para mí el doble disco en directo grabado en el teatro salamanca de Madrid en 1986: “JOAQUÍN SABINA Y VICEVERSA”

Aquí os dejo “Aves de paso” muy apropiada para los visitantes de un Blog:

lunes 7 de abril de 2008

Cesó la poesía de repente



Cesó la poesía de repente
como si nunca hubiese existido:
tus cabellos azabaches acabaron
siendo oscuros pelos sin rima,
esos ojos que convertían a cada uno
de sus destinos en emociones únicas
invadieron de velatorios el aire.
Y noto como la tierra se acaba:
desaparece todo ante mí a medida
que giras tu cara acomodándola en la
distancia.
Abandonas a la deriva el mundo que
formamos a base de secretos y saliva,
la respiración se vuelve clandestina
y anuda las tripas al corazón
asfixiando el día, mutilando futuros,
decapitando ilusiones álgidas.
Vuelve cuanto antes te diría
si estuviese aún con vida…
Toda la complicidad a la basura,
cada palabra, cada aleación descubierta.
¿Cómo podría menguar la cuarentena
de silencio que vomitamos sin méritos?
Breve tiempo somos para guardar luto
a esos viles segundos en los que sólo
decir, lo siento, parece más difícil
que recordar todo lo bueno que creamos.
Cesó la poesía de repente.

jueves 3 de abril de 2008

A veces



Es una lástima que todo lo bueno
en nosotros suceda a veces:
a veces indeterminadas,
y que a veces sea imprevisible,
incluso a veces, deshermanadamente.

Todo en la vida sucede a veces,
a veces nos queremos siempre,
a veces sólo a veces, a veces nos falta
apenas demostrarlo, y a veces nos
desperdiciamos a escasas dos palabras.

Al menos a veces lo nuestro parece
eterno; a veces coincidimos siendo
paradigmas de un mundo perfecto; y
regresamos cándidamente abrazados,
como si volver fuera cuestión de desearlo.

A veces me quedo mirándote callado,
y pienso que la tierra está calmada,
a veces adivino en tus gestos el caos.
Todo sucede a veces, menos la espera.

lunes 31 de marzo de 2008

No es fácil quererte



No es fácil quererte a veces:
depender de una mirada cómplice
cuando sólo ves buitres acechándote,
es como respirar obsesionado porque
el aire que te sostiene, poco a poco,
te consume, y eres consciente de
cada gota de aire que te oxida
hipotecando tu ilusionada sangre.

No es fácil tener que imaginarte
estando tan endemoniadamente
cerca mi boca de la tuya, y mis
manos de tu indómita cintura.
La noche sume en el caos mis
expectativas y el día claramente
lo confirma; somos carroñeros
rivales que no comen con tal
de que el otro, tarde o temprano,
se rinda.

No es fácil quererme a veces,
tú también me arrancarías de
un zarpazo la parte de mis sesos
que hiere, y que nunca echarías
de menos,
lo sé, y espero que el resto de mí
te compense para siempre.

jueves 27 de marzo de 2008

Dark City (Alex Proyas)

Dark City se estrena en 1998, un año antes que la aclamada Matrix, la cual copia de su predecesora innumerables situaciones y ambientes, dirigida por Alex Proyas, Dark City es una de esas escasas películas de ciencia ficción que cada cierto tiempo aportan interés, originalidad y misterio a un género cada vez más superficial y efectista.
El protagonista intenta recordar su identidad y paralelamente va descubriendo el siniestro engaño al que está siendo sometida toda la sociedad donde vive, por unos misteriosos y evolucionados seres que los manipulan, intentando descubrir en ellos la clave...
Aquí la destripan mucho mejor:
http://es.wikipedia.org/wiki/Dark_City

Hay períodos donde me siento igual de dirigido y utilizado que John Murdoch: al servicio de alguien superior y sin escrúpulos que parece disfrutar experimentando con mi cerebro, en busca de quién sabe qué macabro o sublime propósito.


Aquí un aperitivo de este misterioso universo:

lunes 24 de marzo de 2008

Un cortijo andaluz: Gumersindo el porquero (Fin)



La mamá gallina aún no había divisado al mastodóntico perro, oculto casualmente detrás de la pared del pozo del cortijo, bebiendo de un charco como si la sangre de la cochina aún se resistiera a claudicar quemándole la garganta. Saciada la sed levantó al aire su hocico, alzó sus orejas como armas antiaéreas hacia el cielo, ladeó su cabeza para ayudar a sus sentidos a confirmar ese aroma de presas plumíferas que embriagaba a sus ancestrales instintos, de repente se giró, rodeó encogido el pozo en dirección contraria al rastro, cuando el ave se dio cuenta de su presencia éste ya estaba a apenas un metro de sus suplantados polluelos, cacareó agónicamente y de un aleteo desesperado cayó entre los perdigones y el can, prácticamente besándole el aliento asesino intentó con su determinación hacer entrar en razón al depredador, con sus delirantes aspavientos más que lograr intimidar lo que pretendía era alertar a todo el mundo de las siniestras intenciones de su acosador, el perro lobo miró a su alrededor, los polluelos aprovecharon el impasse para romper la formación y agruparse bajo la cola de la única madre que por suerte habían conocido. El cazador vio como su dueño y sus desconfiados congéneres lo observaban como si de sus actos dependiesen sus grises vidas, luego giró su mirada y contempló a la mujer del encargado y dueña de las aves saliendo de su casa, y antes que pestañease se echó en los fríos guijarros que conformaban el suelo, se dejo caer sobre su lomo y dio un bostezo desinteresado como si nada hubiese pasado, que además era exactamente lo que sucedió, nada.
Pero Gumersindo entendió rápidamente después de la actuación magistral de su perro que la situación era mucho más grave de lo que pensaban, no sólo confirmó que mantendría para siempre esos instintos asesinos, sino que era capaz de aprender y de improvisar, y esas facultades en un cánido de su corpulencia y mandíbulas eran totalmente incompatibles con la tranquilidad y la armonía que debía reinar entre los habitantes y las bestias de un cortijo. A la mañana siguiente nadie de los que presenciaron la escena del pozo le preguntó a Gumersindo dónde estaba su perro, y mucho menos el por qué. FIN

miércoles 19 de marzo de 2008

Las estaciones



Ya puedo adivinar el verano en el
barroco de tus cabellos en llamas,
maduras como dátiles y abandonas
tu cálida pupa de canela,
una fina capa de mar te socorre y te sazona.
Y esa ropa dejando entrever tu albura aún
invicta, provoca el bochorno en la ciudad
y el impulso de las olas.


Tu sombra vertiéndose prematura
entre las hojas me trae de repente el otoño,
baña los bancos y las fuentes de los parques,
cubriéndolo todo de una inalcanzable distancia.
Tu lánguida mirada tiñe la tierra de colores ocres,
y esa tímida sonrisa abandonada invoca
a los vientos y a las luces del norte.


La confortable palidez abrigada que
desprendes cuando me otorgas el invierno
en tus manos azuladas, hace que el mundo
cambie su órbita hacia la penumbra y la nieve.
Tu recogimiento da paso a borrascas y a
calles desérticas que suspiran por tus tacones.
Toda la naturaleza nutriéndose de ti,
esperándote para renacer a la belleza.


Resucitan los aromas y los colores
imitando la locura de tu cuerpo cuando asoma,
la primavera promueves ante mí por la
debilidad de tu débil ropa y los perturbadores
abismos que provoca, y cantan nerviosos
los pájaros, y nacen agónicos los versos,
la tierra se engalana a medida que la pisas,
como intentando complacerte, y sin querer,
me hace comprender en ti, el motivo de mi vida.


Del verano, el mar que te sazona ,
Del invierno, tu confortable palidez.
Del otoño, la lejanía de las sombras.
De la primavera, el despertar de tus formas.

jueves 13 de marzo de 2008

Filosofía barata



Si hay alguien ahí fuera que después de leer esto crea tener respuestas, le agradecería, por el módico esfuerzo de un comentario, me las hiciesen llegar antes del fin de los tiempos.
Si nuestro destino eterno depende de haber sido en vida malo o bueno.
¿Dónde iremos el resto?
Si tuviésemos la certeza de un paraíso.
¿Seríamos buenos por naturaleza o por conveniencia?
¿Se consideraría este último caso como un pecado?
Si no existiesen actos malvados.
¿Habría religiones, políticos o telediarios?
¿Qué estaría escribiendo yo en este momento?
Si ella no compartiese el mismo tiempo, y más o menos un lugar cercano al mío en el más allá.
¿Podría quedarme plácidamente esperando su alma en el limbo?
Si he de reencarnarme en un animal.
¿Me podría tocar de nuevo ser una persona?
Si después de la vida sólo hay muerte.
¿Cómo podría eludir la angustia de pensar que no estoy aprovechando mi tiempo?
Si la vida no es más que un fugaz latido en el tiempo, no deberíamos dilapidarlo haciéndonos absurdas preguntas para entenderlo.