Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

miércoles, 22 de junio de 2011

La salvación. Asparoi


Asparoi es un planeta tan lejano que no pertenece a ninguna galaxia, está un poco más allá del universo, entre la nada absoluta y el silencio más despótico. Sin embargo, genera en su interior la suficiente energía para albergar en la superficie una impresionante variedad de vida. En estos momentos me encuentro en él, intentando encontrar las palabras justas para contaros esto sin que penséis que es un relato fantástico más, o quizá, que estoy totalmente desequilibrado. Y puede que esto último sea cierto, pero en ese caso sería el único perturbado de Asparoi. No puedo contestar a vuestras preguntas, os iré contando todo lo que pueda sin poner en riesgo mi propósito. Esta vez sólo voy a permanecer aquí una semana, aunque la tierra apenas albergará mi ausencia física durante una hora.
Sé que están leyendo estas palabras simultáneamente con ustedes, pero no creo que les importe. Soy consciente de que saben que nadie me tomará en serio mientras esto se parezca tanto a un guión de ciencia ficción o a un inocente monólogo de humor. Incluso no tengo claro si actuarían en el caso de conseguir que algunos de vosotros me creyerais. La verdad es que mi relación con ellos no se puede decir que sea  precisamente de una gran compenetración. Aunque me han demostrado con creces que sus intenciones son más que loables aún no sé los términos en que piensan llevarlas a cabo, y cuál es el papel que me han otorgado.  
Lo que quiero es, llegado el momento, salvar con la ayuda de ellos al mayor número de personas. Esperar aquí el momento en que la tierra olvide quienes fuimos, y que podamos volver a empezar aprendiendo de los graves errores que cometimos sin piedad, y que acabaron convirtiéndonos en una plaga mortal para nuestro planeta.  
Os dejo, parece que alguien llega.

                                                                              

sábado, 11 de junio de 2011

La ira, el último vestigio de la esperanza (VI). Futuro inmediato

—Dar un paso hasta el futuro inmediato, qué difícil para quienes deambulan por un acantilado. Pero sabes, me apetece. Más bien, lo necesito, casi es un instinto, como cuando los rumiantes lamen las rocas salinas.

Se sonrió Víctor profusamente de sí mismo, era tan peculiar y acertada la comparación que no podía adivinar por qué no se le había ocurrido jamás a él. Siempre sobrevaloraba su imaginación y eso le provocaba una gracia amarga que disimulaba con una sonrisa ingenua.

—Bien, ordenemos algo este cuchitril, mullamos los cojines; encendamos unas velas, si las encuentro; pongamos algo de Enya para honrar al gran compositor que no recuerdo, y que dijo no conocer música que no fuera triste; apaguemos la revista del corazón. ¿Qué desea tomar la señorita? Le puedo ofrecer cerveza caliente, mistela frío, puede que quede al fondo de algún mueble algo de whisky, o tal vez ron. En cualquier caso no hay hielo.

—Si me acompañas, cualquier cosa estará bien. De todas formas a estas horas no debe ser muy recomendable empezar a tomar nada. Incluso continuar tomando algo.

Víctor desaparece tras la puerta de la cocina. Isabel se desliza un poco por el sofá y se reclina acomodándose definitivamente sobre los cojines mientras oye un frenético abrir y cerrar de puertas. Respira hondo y expulsa el aire por la boca como queriendo relajarse con un ejercicio de yoga que aprendió cuando no le hacía falta y del que sólo recuerda una armónica y honda cadencia de aire. Con los dedos de la mano derecha se masajea la frente como recapitulando todo lo que la condicionó para terminar allí, ahora.
En ese momento regresa Víctor con una bandeja, la coloca encima de la mesita del salón. Había preparado dos copas de vino dulce; unas galletas saladas caducadas tan sólo hace un mes que por conservarse aún cerradas al vacío, y no tener muchas más opciones, decidió indultar sin que sirviera de precedente, como siempre.   

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