La fe
Ya sé que esta vida es, para quienes
ser, siempre es una expectativa incierta,
una evocadora espera de sombras añejas.
Sin embargo, cuando le cantas y sonríe,
lo meces sonriendo, me busca y sonreímos,
y al gesto y al sonido de una mueca
improvisada,
sonreís.
Todo queda supeditado al compás de la
efervescente ingravidez de la que dota al mundo,
y nos suspende.
Es una prorrogación, una segunda oportunidad
para creerme, para la
fe.

