Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

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miércoles, 9 de junio de 2010

La ira, el último vestigio de la esperanza



Una vez más, después de abrir la puerta de su casa —como cada tarde al regresar del trabajo—, Víctor no baraja la posibilidad de renunciar a cruzar el umbral. Supongo que, si algún día su subconsciente tuviese a bien aconsejarle, con esa forma subliminal ascendiente a cobarde que acostumbra, una medida drástica para combatir su lineal existencia, no sería justo pasada la peor parte de la jornada —aunque fuese precisamente en esa fase del día cuando más justificado sería deparar en tal oportunidad— : cuando el guerrero del asfalto termina su batalla contra el resto de su propio ejército y se dispone a consumir su dosis de entretenimiento y a desahogarse con una sarta de improperios hacia toda clase de seres y objetos, todo ello para justificar su mala suerte. Asqueado de todo y de todos —incluido él mismo y el que presumía que iría siendo—, lanza las llaves sobre una especie de gran plato romano —estilo elegido por su ex mujer para decorar todo el salón, uno de los aseos, donde finalmente se detuvo gracias a la falta de presupuesto. Esa fue la única vez que Víctor se alegró de su insolvencia—, por el que apenas rozan, aterrizando sobre la sufrida mesa central, haciéndole una nueva mueca con la que se va tallando la imagen perfecta de su frustración. Sin apetito y sin sed abre el frigorífico, se queda mirando fijamente a lo que diez mil años antes serían sus presas. Lo peor que puedes hacer cuando no sabes por qué has abierto un congelador es, preguntártelo. Así que cierra la puerta con un gesto de desgana. Mientras se dirige al sofá recuerda que sin ingerir nada casi no vale la pena seguir matándose fumando, así que da media vuelta y coge unos frutos secos congelados de la nevera y una cerveza tibia de un solitario anaquel de la alacena...

2 comentarios:

  1. ¡Me gusta como escribes! Yo que Victor cambiaba de vida, total, el espacio de tiempo consciente en este planeta es limitado. Un abrazo.

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  2. Cuando la ira es producto de las frustraciones se enquista de tal manera, que quién la siente difícilmente retome alguna vez el camino hacia la esperanza.

    Muy bueno Antonio, me gustó el clima que creaste en tu relato. Muy real.

    Besos desde el Sur.
    REM

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