Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

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martes, 18 de septiembre de 2012

Las aventuras de Pablo en el faro. Las salamanquesas (III)


 
seguramente los mayores de toda la tapia ya que era el lugar más privilegiado para cazar insectos, el más alto e  iluminado. Uno de ellos acababa de atrapar a una gran polilla gitana que aún intentaba, sin el menor éxito, mover sus alas para escapar. El otro sólo observaba impertérrito, nunca sabré si era más sabio o más lento de reflejos.
Medio metro antes de llegar a la pared se detuvieron. Pedro fue elevando la red lentamente por el eje de su cuerpo, como si fuese la lengua de un camaleón gigante fue ascendiendo hacia el farol de la izquierda. Cuando la red llegó a la altura justa se detuvo, parecía estar intentando hipnotizar a su presa. La salamanquesa, que ya había engullido por completo la polilla parecía estar en trance, mezcla de placer y somnolencia. Pedro miró a su hijo, éste asintió confirmándole que estaba preparado para entrar en acción. En cuanto su padre volvió la cabeza hacia la tapia pegó con fuerza la red a la pared enmarcando macabramente la huída del reptil. Antes de que la salamanquesa sopesara la nueva situación Pablo le propino un disparo certero de agua a gran propulsión que hizo que ésta, en su intento desesperado por huir, resbalara y cayese rendida  al fondo de la red. La mirada que intercambiaron padre e hijo en ese momento fue uno de los fenómenos más simbióticos y armónicos con los que la naturaleza nos podía obsequiar. Me pregunto por qué nuestro anacrónico instinto se empeñaba aún en sobrevalorar este tipo de acciones totalmente innecesarias para nuestra supervivencia. Éramos los cazadores por excelencia, el paradigma de la evolución. Aunque nuestro fin no fuese sobrevivir ni el final de los reptiles fuera una trágica desaparición,  el alarde de facultades nos convirtió por un momento en el pico de la cima de la cumbre mas distinguida en la historia de la selección natural. Fuimos la meta, el destino, el puerto inequívoco donde hubiese atracado el Beagle.          

1 comentario:

  1. Nosotros llamamos lagartija a estos "bichitos" y sí, son mascotas preferidas de los niños y no tanto, gustan de ponerlos en peceras y de vez en cuando los sacan a pasear.
    En fin, dejando de lado mi acotación, tu relato como siempre magnífico y destaco especialmente esta parte:
    “…El papá de Pablo nunca le infundió ningún temor referente a los muertos: —están muertos, y ahora forman parte de la tierra, de los árboles y de la hierba, y nadie los puede ya molestar, ni ellos pueden incomodarnos —le decía—.”
    Excelente!

    Besos y lo mejor para tí.
    REM

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