Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

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miércoles, 6 de noviembre de 2013

El jardinero de María (III). Primer encuentro


 
esperando que algo, a mí me gusta imaginar que alguien, como yo, por supuesto, le ayudase a descubrir la belleza que alberga la verdad que aún sobrevive en el mundo—.
Que transcurrieran unos segundos antes de matarme me colmó de esperanza. Eso significaba que había considerado por un instante la posibilidad de que mi alegato fuese cierto, puede que hasta tierno.
—fuera de aquí —me dijo—, hablaré con mi marido para que contrate a otro jardinero lo antes posible—.
Entonces mentí como un bellaco: —No, por favor, no puedo perder este trabajo, le prometo que estaba podando los helechos cuando la vi tan hermosa en el cristal que no pude hacer otra cosa, si usted fuese cualquier otra persona me comprendería. No fue premeditado, perdóneme, le juro que no volverá a ocurrir, por favor, tengo una hipoteca, un perro, un gato, un terrario lleno de reptiles, no querrá usted dejarnos a todos en la calle—.
Me quité la gorra, me la puse en el pecho y miré sumisamente al suelo suplicando su perdón, la oí e inmediatamente y de soslayo la vi darse media vuelta sonriendo para terminar diciendo mientras se alejaba hacia unas escaleras: —bien, me pensaré lo que voy a hacer con usted, ahora váyase—.
—¿Me permite terminar mi jornada aquí? —le pregunté con un tono lastimero— No puedo decirle a mi jefe que me ha echado usted del chalé—.
—Está bien, está bien, —me contestó mientras subía la escaleras prácticamente desnuda, sobradamente perfecta— olvidaremos todo por esta vez, me ha oído, solo por esta vez—
Pasé de un estado apocalíptico donde, desterrado de ella, sólo podía imaginarme holocaustos en cadena, a otro de euforia contenida, además de continuar siendo su jardinero había mantenido una conversación medianamente original con ella. Juraría que cuando se giró dando su veredicto llevaba una sonrisa en los labios provocada por una ingeniosa reflexión mía. Salí al jardín. No sabía muy bien qué hacer. Tenía que seguir trabajando pero no podía poner una sola neurona a disposición de algo que no fuese imaginarla en aquel preciso momento pensando en lo que habíamos protagonizado...

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