Las estaciones
Ya puedo adivinar el verano en el
barroco de tus cabellos en llamas,
maduras como dátiles y abandonas
tu cálida pupa de canela,
una fina capa de mar te socorre y te sazona.
Y esa ropa dejando entrever tu albura aún
invicta, provoca el bochorno en la ciudad
y el impulso de las olas.
Tu sombra vertiéndose prematura
entre las hojas me trae de repente el otoño,
baña los bancos y las fuentes de los parques,
cubriéndolo todo de una inalcanzable distancia.
Tu lánguida mirada tiñe la tierra de colores ocres,
y esa tímida sonrisa abandonada invoca
a los vientos y a las luces del norte.
La confortable palidez abrigada que
desprendes cuando me otorgas el invierno
en tus manos azuladas, hace que el mundo
cambie su órbita hacia la penumbra y la nieve.
Tu recogimiento da paso a borrascas y a
calles desérticas que suspiran por tus tacones.
Toda la naturaleza nutriéndose de ti,
esperándote para renacer a la belleza.
Resucitan los aromas y los colores
imitando la locura de tu cuerpo cuando asoma,
la primavera promueves ante mí por la
debilidad de tu débil ropa y los perturbadores
abismos que provoca, y cantan nerviosos
los pájaros, y nacen agónicos los versos,
la tierra se engalana a medida que la pisas,
como intentando complacerte, y sin querer,
me hace comprender en ti, el motivo de mi vida.
Del verano, el mar que te sazona ,
Del invierno, tu confortable palidez.
Del otoño, la lejanía de las sombras.
De la primavera, el despertar de tus formas.
barroco de tus cabellos en llamas,
maduras como dátiles y abandonas
tu cálida pupa de canela,
una fina capa de mar te socorre y te sazona.
Y esa ropa dejando entrever tu albura aún
invicta, provoca el bochorno en la ciudad
y el impulso de las olas.
Tu sombra vertiéndose prematura
entre las hojas me trae de repente el otoño,
baña los bancos y las fuentes de los parques,
cubriéndolo todo de una inalcanzable distancia.
Tu lánguida mirada tiñe la tierra de colores ocres,
y esa tímida sonrisa abandonada invoca
a los vientos y a las luces del norte.
La confortable palidez abrigada que
desprendes cuando me otorgas el invierno
en tus manos azuladas, hace que el mundo
cambie su órbita hacia la penumbra y la nieve.
Tu recogimiento da paso a borrascas y a
calles desérticas que suspiran por tus tacones.
Toda la naturaleza nutriéndose de ti,
esperándote para renacer a la belleza.
Resucitan los aromas y los colores
imitando la locura de tu cuerpo cuando asoma,
la primavera promueves ante mí por la
debilidad de tu débil ropa y los perturbadores
abismos que provoca, y cantan nerviosos
los pájaros, y nacen agónicos los versos,
la tierra se engalana a medida que la pisas,
como intentando complacerte, y sin querer,
me hace comprender en ti, el motivo de mi vida.
Del verano, el mar que te sazona ,
Del invierno, tu confortable palidez.
Del otoño, la lejanía de las sombras.
De la primavera, el despertar de tus formas.

