Te propongo hacerte
hasta el último sentido al que pretendas seducir,
hacer lo imposible por ir acomodándote
original e inédita, como exigen los
certámenes literarios, como únicamente
hallarás la forma espontánea de la naturaleza,
tantas veces, hacia siempre, desde los exiguos
reductos amables que aún subsisten en el hombre.
Tú.
Una roca redonda sin voluntad ni luz
propia, sería sin ti la luna, y pasearíamos
algo menos inmensos al reflejo del sol
sobre un diminuto satélite blanqueado.
Ella ya no sería tú, como habría dicho Becquer.
No habría palabra de poeta a que recurrir
cuando todo fuese inmensamente mentira.
Tú, te lo mereces.
Tu ausencia rima con un firmamento triste.
Eres como aspiran a perdurar todas las cosas:
claroscura, impredecible igual que la certeza.
Antes de todo ya fluías, y después siempre te
confirmas.
Faltas cuando la cordura pasa inadvertida,
y en ésta, la de ahora, se te echa copiosamente
en falta…
Tú, poesía, te lo mereces.

