Me dirijo a ti (Paranoias II)
No sé que pasará cuando Antonio lea esto, pobre palabrero onanista, él que aún cree monopolizarme… Incluso puede que
—llegado mi momento— me sobreviva, todavía nada es definitivo. Pero no puedo permitir que su fragilidad e hipocresía humana me identifiquen por más tiempo. Miren aquí. ¿Realmente piensan que esta es la imagen de alguien convencido de mi inevitable desencadenamiento? Un trabajador resignado; un frívolo turista caza monumentos. Su timidez delata sus dudas, ese patético agnosticismo que lo crucifica a la espera.
Le he permitido hasta ahora que me utilizara de cebo; un reclamo misterioso y con morbo vestido de versos. Y seguiré tolerando sus cantos y sus tragedias mientras pueda demostrar mi supremacía dentro de vuestros destinos. A partir de ahora tendré una sección en esta página, “Apocalipsis” la llamaré. Sé que accederá a mi petición, incluso puede que haya leído la primera parte y esté escondido; expectante y alucinado; ávido y aterrado esperando la confirmación de que existo. Ustedes tampoco me creen, pero lo harán, cada vez más…
