Divagando
tierra vuelva a oler a edénica.
Porque no poder evitarlo es una
utopía maravillosa hasta que me
derramo de tu lengua, al fin realizado.
Porque jamás sabré por qué, y jamás
pueda ser un segundo que me descubras.
Porque existen telarañas en escalera
para poder atrapar a las polillas.
Porque saberlo me influye tanto
como los dogmas de la iglesia,
o las tendencias de la moda,
y viceversa.
Porque nunca resisto que me
desnudes por completo sin que me
derrote la solidaridad del necesitado.
Porque lo superfluo en ti es un
ensayo metafísico sobre el arte
improvisado en una sonrisa.
Que yo sepa, por nada, consecuencia
de todo esto, te quiero, pero ya sabes
que siempre termino divagando, patético,
en los preámbulos, como queriendo
ocultar esa pregunta implícita e indiscreta
que no mereces, y que siempre amordazo
con una peregrinación desde tu boca,
formando una cruz dionisíaca y
amnésica sobre tu cuerpo.


