Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

Placer mutuo

Placer mutuo
Moda poética (ediciones limitadas)
Mostrando entradas con la etiqueta sueño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sueño. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de mayo de 2009

Una tragedia dormida



Estoy desolado, y avanzo en caída libre hacia el grado de desesperado. El hecho de ser consciente de ello hace que me preocupe aún más, alcanzando irremisiblemente el estado de desamparo en el que —tras este paréntesis— ya he alcanzado.
Todo: desde la intención de hacer el primer trazo de garabato aspirante a letra, hasta el punto y final de lo que estaba a punto de escribir, y por tanto, de contaros, se me ha olvidado. Con serios visos de ser para siempre y por completo. Una tragedia teniendo en cuenta que el cansancio me invade por todos los frentes, sobre todo por aire, con los despiadados síntomas del sueño: haciendo de mi cabeza un tiovivo de despropósitos, una sucesión de caóticas afirmaciones equinas.
Me conformaré con confesaros la verdad: el sobresalto con el que apenas subsisto después de la última cabezada me ha hecho olvidar, si realmente, no recuerdo lo que tenía pensado, o tal vez, nunca existió idea alguna que justificara este despropósito. Así que más vale que me acueste. Aunque ahora que lo pienso, ahora mismo no recuerdo como despertar. Avisadme si no he vuelto nunca.

lunes, 19 de mayo de 2008

El cielo (según San Morfeo)



Hoy soñé que estaba muerto,
y que después de todo, había un cielo.
¡Quién lo habría imaginado!
En él coincidía todo lo indispensable;
una toalla húmeda brevemente sujeta
a tu cuerpo reclinado, con mi campo
de visión, y el alcance de mis manos,
curiosamente frías.
El tiempo pasando, los momentos claves
siempre disponibles, mis bolsillos
rebosando de tus sonrisas y tu silencio.

Mi familia, mis amigos;
todos plenamente felices,
asumiendo con gozo el
hecho de que yo fuese el
único
que decidiera cuando
teníamos que vernos.

Coexistían sin clasismos quienes
provenían de sus aprobadas
vidas terrenales, con los
indultados del infierno.

Qué placer poder conversar
en la zona menos idílica, y
por tanto más inspiradora,
con grandes cuentistas y poetas;
Neruda, Melquíades en representación
de Márquez, Cernuda, etc...

¡Qué ingrávida paz nos embarga!
Si se pudiese morir de placer,
sería aquí, si lo llego a intuir antes...
Aunque es fácil decirlo cuando ya estás
muerto, y nadie sufre por saberlo.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Una noche aciaga



De repente nací de una noche aciaga,
sin reconocer un solo átomo a mi alrededor,
exiliado del cuerpo y exento de peso,
vagué sin tiempo y por lugares inconcretos
en un mundo incipiente y paranoico.

Te llamé, elevé tu nombre hasta un cielo
violeta sin lunas ni astros,
lo arrojé a través de extraños edificios en
medio de selvas; con plantas de aire y
flores de arena pigmentada.

Casi recuerdo que estás a mi lado dormida.
Pero no, sigo solo en mi macabra aventura.

A lo largo de un río infinito sin agua,
con peces nadando en el aire, sigo el murmullo
de la corriente que imita a tu sonrisa
desbocada.

Pero llegué a donde empecé; a no intuir
por qué te ocultas junto a mí, serena,
callada.
Jamás padecí ni disfruté de otro instante
más resucitador, que cuando abrí los ojos
ensangrentados de histeria, abatido por
completo, y te hallé ajena y en calma
en la inmaculada realidad, a mi lado,
entre sábanas.

miércoles, 25 de julio de 2007

El sueño omnipotente



Ella permanecía tumbada en la cama, inmóvil, con su mirada absorta en el balanceo de las ramas de un árbol que había tras la ventana. Abandonada a todo lo que al azar, violaba su pensamiento. Así yacía desde el alba, pero poco a poco vio como la noche, lentamente la relegaba a su propio desvarío, borrando su mirada de todos los espacios más allá de su cuarto, antes de verse invadida por la oscuridad, atinó con un suspiro de moribunda a encender la luz, miró desesperada a su alrededor, intentando encontrar otra referencia donde fijar su decadente vínculo con la vida, pero sólo halló quietud e indiferencia; los muebles, las cortinas, el ordenador, todo estaba imitando a su propia muerte. Intentó incorporarse, pero algo más fuerte que su deseo de sobrevivir la retuvo pegada a la sábana. El pánico se apoderó de su, hasta entonces, inexpresivo rostro, delimitando cada rasgo violentamente. Le faltó el aire, y a sus brazos la sangre suficiente para poder levantarse, sólo pudo articular una vez más su voz para gritar llorando: ¡Te quiero joder! Pero no merecemos causarnos más daño, adiós mi amor. De repente dejó de sudar, su cara volvió a dibujar la amabilidad que la definía hasta entonces. Se acomodó girándose sutilmente sobre la noche, en su cama. Y siguió durmiendo plácidamente tras este agónico y revelador sueño omnipotente.

Related Posts with Thumbnails