Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

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viernes, 27 de marzo de 2009

La historia más triste de la historia (XVII)



Ahí estaba yo, espatarrado en el sofá, formando —totalmente hipnotizado— remolinos en el pelo del occipucio con mis dedos, como buscando entre sus raíces la memoria de cada palabra, de cada gesto, del significado que fuimos, compartidos. Tan satisfecho de casi nada. Como un adolescente imberbe que relame surrealistas expectativas en la busca del hedonismo eterno. Me pregunto cuál será el resorte que falla cuando la sangre irrumpe eufórica en cada órgano sin el tamiz de la sensatez. No podía ser sólo su belleza —a estas alturas no podía permitirme tal grado de frivolidad— pero no había nada más rotundamente cierto en ella que yo conociera. Era la desconocida más perfecta que hubiese podido imaginar si hubiera gozado del valor para afrontar la decepción de no tener la más mínima posibilidad de poseerla.
Ella había arrasado todas mis expectativas superándolas vertiginosamente con sólo su presencia y esa expresión mezcla de todo lo que no se ve, y uno anhela. Sin proponérselo suspendió mi futuro. Esa noche me conformé con ser una pieza de puzzle en manos de su incierto destino. No era un iluso, sabía que María no estaba pasando por un buen momento, la causa y la gravedad eran lo de menos, lo más importante a partir de ahora era lograr ayudarla a superarlo, aunque en aquel momento sólo le pareciera un incordio en forma de insecto, nadie podría evitar que considerase aquella tarea como el único camino directo a mi salvación.
Desperté sobresaltado, como si alguien me lo exigiese, tenía un vago recuerdo sobre un extraño sueño donde la gente podía elegir morir para nacer de nuevo, tantas veces como quisiera. No había una articulación que no me estuviera recriminando el haberme quedado dormido en el sofá, como posando para un cuadro de Picasso. Un sueño paranoico más, me dije, como intentado no involucrar a la realidad pura que era hasta entonces para mí, María…

12 comentarios:

  1. Hola...
    Esta historia me ha dejado pensativa...En algún momento de nuestras vidas todos hemos soñado con un imposible. Sobre todo si uno tiene un corazón inquieto.
    14 abrazotes, de corazón. ;)

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  2. Me la imagino tan perfectamente Diosa, me gusta.

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  3. Preciosa, por lejana e imprecisa.
    Pero ¿resistiría el día a día la desconocida?

    Un abrazo

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  4. Triste...
    Me sentí identificada y eso no me agrada; no cuando dice el título lo triste que es.

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  5. Yo llevo mucho tiempo soñando con un imposible que se hace posible...
    Muchos besos.

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  6. -Lujo. Me alegro de que te haya hecho pensar, alimento para tu corazón inquieto.

    -Estrada. Una deidad frágil y misteriosa, todo un placer.

    -Sombras. Se lo preguntaré, mejor lo contaré.

    -Diana Laura. Los caminos de esta historia son inescrutables.

    -Ana. Bienvenida entonces al fin de los tiempos.

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  7. Enhorabuena por tu libro.
    Gracias por visitar mi blog.
    Un saludo.

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  8. La belleza de lo observado y la que contienen los ojos que observan se alían para hacer de esta Historia un camino muy directo ya hacia diversas realidades posibles, amigo Antonio: nos llevarás hasta el sentimiento sublime de la correspondencia, o bien, hasta la ironía pérfida, pero necesaria, de un final no esperado, pero moderadamente intuido... Me encanta tener ambas sensaciones y avivarlas entre tus renglones y los ojos de María. Adicta me declaro a tu Historia de la tristeza histórica.
    Abrazos para ti y tus letras, impresionantes... (abrazos y letras, claro ;)

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  9. Lograste acaparar mi imaginación y transportarme al origen de esta flor en medio del caos, al vértice del sueño imposible.
    Felicitacione spor tu libro.
    Volveré a menudo.
    Un beso

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  10. Me hiciste volar la imaginación con esta historia. Muy buena. Te felicito por estas letras.

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  11. Bien; perfecta mezcla de realidad y ficció, sin saber dónde o cuándo empiezan o terminan...
    Me gusta. Beso

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  12. Maria estaba pasando por un mal momento... desde que te conoció, gañan.

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