Seré tarde
equipara, sin invertirse jamás, en mí,
el grado en que te adolezco con la
luctuosa revelación de que transito
—como amaurobius— por el
viacrucis de sus secuelas.
Comienzo entonces desabrigado la
huida:
horado el tiempo en busca de no
tener que compadecerme, ni de
imaginar la belleza que dilapidé
mientras tejías a mi margen.
Por el aire donde pretendas prenderme
siempre me hará volar, de regreso, el
arrepentimiento.
Demasiado abatido para cautivar,
apenas, de presa.
Lamentablemente, sólo sé ser el que
debería haber sido mucho antes.



