Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

miércoles, 29 de noviembre de 2006

4º.El tráfico, una odisea en y entre ciudades


Que conste que sé, -para este artículo casi me documento-que las mujeres de varias generaciones se están incorporando en la actualidad al parque automovilístico. Soy consciente que los jóvenes esperan ansiosos cumplir los dieciocho años para sacarse el carné de conducir, en muchos casos poseen el coche de algún familiar –que se ha agenciado uno nuevo- aparcado en la calle a su disposición, mucho antes de presentarse a los exámenes. Y qué me van a contar ustedes sobre la comodidad de llegar al trabajo en nuestro propio coche, sin depender de nada ni nadie, cada uno que arree con su burro aunque nos coceemos. Al final vamos tan apiñados que parece que viajamos en el mismo autobús, eso si, jugando como niños a insultar y cada uno con su volantito particular…
Hoy me levanté, no había otra manera de ir al hospital. Estaba citado para unas pruebas a las diez y media, en condiciones normales de presión y temperatura se tarda unos veinte minutos en llegar, pues bien, como yo no soy normal tardé sesenta. A una hora en que se supone que la mayoría de las personas están incorporadas a sus respectivos puestos de trabajo, parecía que todos se habían solidarizado con mi dolencia y se disponían a escoltarme al hospital. Sufrí una retención por cada incorporación que realicé a una nueva carretera, y otras tantas cada vez que quería salir de ellas. Cuando llegué al hospital, para relajarme, estuve jugando una media hora al juego de la silla, pero sin silla. Dos mil plazas de aparcamientos totalmente cubiertas, incluyendo zonas rústicas adyacentes, arriates, zonas amarillas y dobles filas. Así que unos treinta coches nos enzarzamos en ese maravilloso juego infantil, todos a dar vueltas -yo incluso me vi tentado a saludar a varios conductores con los que me crucé tantas veces que me parecían familiares- a ver quién tiene la suerte de que a su paso, alguien desocupe una plaza de aparcamiento, para entonces reaccionar como si vieses las puertas del cielo abriéndose ante ti, pero sólo por unos segundos, y con un certero volantazo alcanzar la paz y el descanso, que con la oración y la penitencia nos habíamos ganado. Y digo yo, si los aparcamientos de fábricas, hospitales, oficinas, calles, avenidas, centros comerciales y resto de zonas con posibilidad física de albergar un vehículo están a rebosar. Y simultáneamente las vías, carreteras, circunvalaciones y travesías están como hormigueros, a punto del colapso,
o de abandonarse en los brazos de la ira y el canibalismo. Si tenemos capacidad sobrada para ocupar todos lo espacios rutinarios disponibles, a todas horas y todos los días. Podríamos intentar por ejemplo, trabajar, ir de compras, al colegio o al hospital, la mitad de la población los días pares y la otra los impares. Que tráfico nos quite puntos del carné si nos descubre circulando o aparcados en el día equivocado.
En definitiva, o Zapatero se toma este asunto en serio, o la población afectada, o sea, toda, empezaremos a tomar las medidas oportunas, o sea, ninguna.

1 comentario:

  1. Acá en Buenos Aires ocurre igual.
    Es mejor tomarse el tren.
    ¿Algo anda mal, no?

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