Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

jueves, 31 de julio de 2008

La resurrección



Dispongo de tan poco tiempo
para descifrarte, para encontrar
la simbiosis idónea entre tus
plegarias y cada fin al que te
he destinado e inscrito.

Atrapados en un grano de tiempo,
abandonados como árboles milenarios
a la mezquindad del hombre,
sólo espero contar con el apoyo
de alguna fuerza cósmica, quizás de
un Dios rebelde, que tenga a
bien encausarnos armónicamente
hacia el fin de lo que ahora pienso,
a base del placer inabarcable de lograr
que cada noche no demos las gracias por
todo,
aunque sería suficiente que fuese
sólo por algo en concreto, por ejemplo,
por aquel beso en mis ojos agotados.

Derrumbada ante mí como un
racimo de tentaciones desconocidas,
anuncias el apocalipsis, el comienzo
del reinado de la tierra. Y todo en ti
se vuelve amazonas, inenarrable,
más poderoso que todas la religiones
unificadas bajo una misma plegaria.

Mi gula es infinita cuando maduras,
por tu olor a tierra mojada y fértil
que despunta hacia el calor que en
mi boca se dilata cuando tus
laberintos se resuelven en mis yemas.

Así deambulo por este final,
ávido por perdurar más allá de
nosotros mismos.

                                                                                     

lunes, 28 de julio de 2008

El acantilado





Cada vez nos rodean
más conjeturas siniestras;
surgen de un tiempo
enfermo donde los minutos
se enconan y se
dividen inagotables,
corrompiendo días,
invirtiendo expectativas,
coartando amaneceres.

Ven aquí, un poco más cerca,
abrázate a mi espalda
como si nunca nos
hubiésemos defraudado,
asómate a esa playa lejana,
serena, nebulosa, aquella
al final de este furioso
acantilado; cementerio
de vivos irreconocibles.

Sí, éramos recolectores
de olas, eruditos en ilusiones.
Pero no quiero volver,
tan sólo retómame,
y oirás de nuevo el mar
en tu ventana, bailarás
desnuda sobre la arena
desde tu bañera.
saldrás de mí como agua
fecundadora y todopoderosa.


                                                                                          

jueves, 24 de julio de 2008

El pueblo incierto (X)



Rápidamente retrocedimos unánimemente ante el miedo más despiadado, ese que entra por los ojos sin pedir permiso, e irrumpe endemoniado y sin hacer escalas en los intestinos. Me pregunté cómo habían podido imitar la apariencia y el comportamiento humano con tal grado de perfección. Me acerqué todo lo que pude a las bisagras y escuché como deliberaban en voz baja, seguramente en su idioma porque no pude entender nada. Después, un sonido estridente se fue acercando, parecía como si arrastraran un mueble pesado sin acabar de levantarlo del suelo, efectivamente, estaban bloqueando definitivamente mi salida del cuarto. La puerta se había convertido en una barrera casi inexpugnable entre dos mundos intolerantes. Aún aislado logré oír a alguien decir vehementemente: ya lo tenemos, llamad enseguida a al policía. ¿A la policía? me pregunté, si cabe, aún más sorprendido. Una de dos; o los alienígenas estaban licenciados en antropología y clonación humana, o bien eran personas, ciudadanos, habitantes autóctonos de este desconcertante lugar, quizás habían regresado al unísono de algún tipo de acto masivo a las afueras del pueblo. -De todas formas sería todo un detalle evolutivo que en momentos tan angustiosos hubiésemos perdido la capacidad de hacernos este tipo de preguntas sin respuestas, y que acaban de sumirnos en la más completa zozobra emocional- Intenté tranquilizarme, esperé a que llegara la policía, entre otros motivos porque no tenía otro remedio, y eso era una causa aplastante. Entonces se aclararía todo, como mal mayor me tendrían retenido en comisaría unas horas, y luego cogería el primer medio de transporte, o tal vez el que llegara más lejos, para escapar de esta pesadilla de una vez por todas, y para siempre…

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lunes, 21 de julio de 2008

La fe


A veces,
en el ocaso de algún momento
vano,
en ciertos días sin mundo,
la vida parece despuntar
con cierto sentido.
Y sin saber la causa
volvemos a sentir y a sentirnos.

Atravesé el atrio de ese
instante
con la inquebrantable fe de un
resucitado moribundo,
buscando con la premura
de un adolescente virgen,
la forma menos ilusoria de
perdurar en la esperanza,
hasta que me adopten, de nuevo,
tus labios.

Quizá mi demérito provocó
tu decadencia; te fue vistiendo
de hastío, conformando de piedra,
enterrándote en la densidad de las
horas cuando de ellas nace el
tiempo intacto, casi cadáver.

Aquí me encuentro encaramado,
asido al optimismo, seguro de nada,
aceptando al que fui, y agradecido
por el que pueda ser mañana.

He de alcanzar la cota errante
donde la vida te ofrece todos los
límites sin condiciones ni
consecuencias:
allí la armonía todo lo vestirá
de largo, el sonido de mis palabras
te condenará a comprender lo
que siento, la noche caerá cuando
del día todo lo hayamos tomado,
el silencio dará paso a tus secretos,
y la oscuridad me abrigará ante tu
imagen borrosa, como ausentándose
tentadora.

Por un instante, lo mejor de vivir
es la tortura de esperarte,
sin saber por qué, ni hasta cuando,
ni donde.


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jueves, 17 de julio de 2008

WALL-E

No suelo hablar de una película antes de verla, y menos aún antes de su estreno en España, pero teniendo en cuenta los estudios de los que proviene, y después de leer críticas como estas, me van ustedes a permitir que, al menos, me sienta especialmente optimista ante la inminente llegada de esta cinta a nuestros cines. Con antecedentes como Toy story, Monster Inc, Los increíbles y Ratatouille, sería un catástrofe casi apocalíptica que este trailer no fuese la antesala maravillosa de una nueva obra de arte. Vean



lunes, 14 de julio de 2008

La cita eterna



Ayer fui a un hospital acompañando a un familiar que iba a someterse a unas pruebas, aprovechando que era el lugar donde se tramitan las citas para diferentes especialidades, pregunté a la funcionaria de información si podía decirme cuánto suelen tardar en realizar una prueba de alergia, ya que recientemente había solicitado una. Ella, sin vasodilatarse periféricamente ni mostrar el más mínimo pudor me contestó que sobre unos dos años. Yo había escuchado rumores - aunque siempre los consideré leyendas urbanas sin la más remota rigurosidad – de que rondaba el año de espera, pero dos años sonaron en mi cabeza como un eco del más allá. Mis cejas se arquearon, y un par de sílabas flojas y aéreas se me escaparon conformando un “hooostia”. La señorita exhibió una tímida sonrisa que adornó a una frase ensayada: “sabemos que es mucho tiempo, pero es que estamos saturados”. ¡Ya! contesté, pero dígame, si en el plazo de espera me muero, fuese o no, causa de una patología asociada a la alergia, ¿tendría que comunicarlo? La pobre recepcionista no sabía qué grado de ironía influenciaba a mis macabras palabras, y con unos labios ambiguos, atribuibles a la propia Mona Lisa me contestó que no haría falta. Me quita usted un peso de encima señorita, le comenté, entonces, hemos acordado que debo aguantar los síntomas dos años y un día ¿no? Aún más arrinconada entre sus hombros ella me contestó que sí, que esa era la media de espera en estos momentos. Le pedí que no dudara en adelantarme si alguien desistía de su fecha por falta de tiempo para reaccionar, o por cualquier otro motivo, por muy peregrino que éste fuera. La administrativa sacó pecho y me dijo, ¡cómo no! cuente usted con ello.
No sé si le caí simpático, o tal vez sólo fue por compasión, pero una semana después me llegó una carta citándome para la prueba sólo un mes después de hablar con la diligente funcionaria. ¿Era justo que uno de los últimos en la lista de espera disfrutara de esta posición de privilegio? La verdad es que no tengo muy claro si la situación es para alegrarse, o para echarse a llorar sin frenos.

jueves, 10 de julio de 2008

La esperanza moribunda



Espérame habitando la quietud
de los atardeceres por sus balcones
en llamas, incinerado de incertidumbre.

En la sal ensangrentada de un mar
ultrajado por rencorosos huracanes,
enfurecido a base de sueños marginados,
y de promesas infieles que rezuman
ácidos cristalinos por tus ojos.

Ensartado por el sol en las púas de
una acacia venenosa, recluida en el
olvido humeante de la sabana.

Estaré aguardándote crucificado
en las cuevas que resurgen del
pasado, como breves infiernos de
dudas y desencantos que creíste
sepultadas de ilusiones.

En todo esto me hallarás cuando tu
respiración te invada de amenazas,
cuando los versos sólo parezcan
antagonistas utopías que
quebrantan insolentes tu ánimo
de mantis onanista e iracunda.

Suicidándome ante ti intentaré
que mi debilidad te disuada del vacío
con que tu mirada me ejecuta, ahora,
mientras callas, como si nunca
hubiésemos engendrado caricias.


lunes, 7 de julio de 2008

Siempre



Siempre está presente tu ausencia
cuando menos la necesito;
te acomodas en la distancia,
me atas a un teclado a regurgitar desvaríos,
e incluso puede que en este momento
tú apenas me eches en falta.

Sobreviviré pensándote a chorros,
viviendo en lo escrito prevaleceré
a tu insolente independencia .

Siempre desangras mi vida,
y aún muerto recuerdo el
olor a espuma y sudor de tu cuello
entregado a mis mandíbulas.
Y seguramente donde merodees,
me considerarás ileso.

Haz siempre lo que quieras,
pero por lo que más desees,
vuelve siempre que yo te comiera.
O cuando yo te lo suplique.
Regresa si quieres sólo
cuando más te quiera,
o al menos, cuando te apetezca.
Pero quiero que sepas que vuelvas
cuando vuelvas, aquí estaré,
desnudo como una piedra.

jueves, 3 de julio de 2008

La soledad (The loneliness)



De nuevo mi soledad te oscurece,
lo siento tanto como te siento,
sé que no hay palabras que
auxilien el desamparo de las
horas ausentes donde no
existimos,
desde mí clausura sólo
te pueblan decepciones.
Puedes oír mis manos
recorriéndote en el papel,
en el teclado, sin embargo
no hay nada más inquisidor
que la lejanía de su retórica
sobre tu piel floreciente, bajo
tu cabello enredado de placer
estimulando mi sangre,
como intentado seducirme
para siempre, y sin tregua.

Perdóname también eternamente
y creceré cada vez más intenso
rodeándote, concentraré tanta
belleza en tu cuerpo que desearás
el descanso, al fin, de echarme de
menos, a veces.



The loneliness


Again my loneliness gets you dark,
I’m so sorry as I feel you,
I know that there are no words that
help the neglect of the
absent hours where we do not
exist,
from my cloister only
disappointments populate you.
You can hear my hands
crossing you in the paper,
in the keyboard, nevertheless
there is nothing more inquiring
than the distance of their rhetoric
on your flourishing skin,
under your tangled hair of pleasure
stimulating my blood,
like trying to seduce me
forever, and without truce.

Forgive me also eternally
and I will grow increasingly intensely
surrounding you, I will concentrate
so many beauty in your body that
you will wish the rest, to the end,
of missing me, sometimes.

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