Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

Placer mutuo

Placer mutuo
Moda poética (ediciones limitadas)

lunes, 12 de octubre de 2009

Un fin de semana juntos (I)

Se incorporó como un camaleón tratando de sorprender a una mantis religiosa en pleno rezo, aunque su intención no estaba supeditada a ninguna necesidad fisiológica. Sus pies descalzos amortiguaban el silencio de su leve respiración. Alargó su brazo hasta alcanzar el portátil que había escondido en un cajón vacío de la cómoda.
─¿Dónde vas?
─No, nada, he tenido una idea para continuar esa historia que te leí ayer e iba a...
─No me dirás que has traído el ordenador después de haberme prometido que íbamos a estar solos y en exclusiva, el uno para el otro, este fin de semana.
─Bueno..., no querrás que le guarde luto a una promesa. ¿Que más da que escriba mientras estás inconsciente?
─La pregunta es, ¿cuánto tiempo te gustaría que siguiera dormida?
─Simplemente hasta que comprendieras que desear otras cosas es lo que te hace ser lo único imprescindible.
─Pues no lo entiendo, así que despiértame cuando creas que esté a la altura de esa persona.

*Le toca a él. ¿Cómo creéis que debería continuar?

viernes, 9 de octubre de 2009

El arte inalcanzable



Aunque aún esté ahí, tentándome como las
religiones a soñar mediante el sacrificio,
incluso podría llamar súplica a este intento
concreto con el que tan sólo me reafirmo
en la atonía de un voluntad mediocre,
y quede espacio donde evitar la solaz
inercia de este tiempo esclavo que corre
en estampida hacia una salvación en cuarentena,
parece que haga siglos que lamente
de cuanto me privarán mis limitaciones,
palabra a palabra sin eco de versos,
minuto a minuto irrecuperables,
sin fe en que la muerte me remedie,
alcanzando una imagen y semejanza elevada,
y demostrar que todo lo que necesito es
decirte con el arte que mereces, y con
el que me jalonas cuando callas entregada.

martes, 6 de octubre de 2009

El bosque (VII): La joven de blanco



–Gracias, pero no sabría explicarle el por qué he de aguardarlo aquí. Pero ha de ser así, y así será. Estoy segura de que él conoce el camino, incluso sueño que ya hemos estado juntos en este lugar, y que algo crucial quedó por decidir.
─Como quiera pero, si al menos me dijera su nombre podría intentar..
─Aunque lo supiera no se lo diría. Prefiero que todo suceda porque no quepa otra posibilidad de que seamos mejores, como un lobo cuando aúlla a la luna.
─En fin, me voy algo contrariada por no haber podido convencerla para que me acompañe pero, ¿no sé qué puedo hacer más?
─No dudes, dijo la mujer de blanco con voz espectral alejándose del río y difuminándose entre los árboles.
─¡Un momento, espere por favor! ¿De qué no he de dudar!
¿Por qué habría desaparecido así, sin apenas despedirse y aconsejándome que no dudara, con ese eco de sueño recién desenmascarado?, se preguntó Eva reanudando titubeante su camino. De alguna manera, en la cual no quiso profundizar, todo lo acontecido con aquella joven le resultaba misteriosamente familiar. ¡Pobre chica!, seguramente estará trastornada por algún hecho traumático, cuando llegue a la ciudad veré qué puedo hacer, Quizá Gabriel haya oído hablar de ella, concluyó su razonamiento eludiendo cualquier posibilidad de implicación emocional.
¿Lobos? Dijo que veía comer a los lobos, ¿desde cuándo hay lobos por aquí? De todas formas avivaré el paso, no sea que dentro de su evidente paranoia este dato en concreto se haga al atardecer una macabra realidad.

jueves, 1 de octubre de 2009

El amor es...



El amor es una mariposa
estallando y recomponiéndose
aún más bella y sin remedio
desde tu pubis hasta mi pecho,
desde los sueños a las
contracciones de nuestros glúteos
si tus labios me revolotean
recolectándome como néctar de Hefesto,
sintetizando el mundo en cada
célula aspirante a estambre.
Y es un gusano hambriento
adentrándose en mi oído cuando
tu lengua sólo articula, lejos de
improvisarme con su anegado
aleteo incandescente,
debilidades terrenales de Mérope.

martes, 29 de septiembre de 2009

La historia más triste de la historia (XXXI)



Ahí estaba al fin, dos cafés y cuarenta minutos después, Milagros cruzaba la calle corriendo, temiendo, quizás, que María se hubiera cansado de esperar. Soltó unas carpetas sobre la mesa, resopló girándose hacia la barra temiendo lo peor, en su reconocimiento encontró a un camarero que le hizo una señal alargando su cuello y dirigiendo su frente hasta coincidir con el espectáculo que era la cara de María saliendo del lavabo, recién retocada.
Pasadas dos horas continuaban como poseídas por el frenesí de coincidir en el placer de constatar la fragilidad de la condición humana a lo largo de la historia. Los cafés fueron sustituidos por cervezas, y definitivamente olvidados con la aspereza afrutada del Rioja del almuerzo. Parecían robots publicitarios , con la cadencia exacta de simpatía y asombro en la conversación para recrear un ambiente idóneo: acogedor y distendido, que invitara a entrar en el bar. Sólo por el placer de la conversación María retrasó su mística llegada a “Los pecados de Cristo”. Estuvo una semana más en ese pueblo, recorriendo con Milagros lugares, testimonios, señales inequívocas de las devastadoras consecuencias con las que la posguerra abandonó a aquella comarca. Envueltas en aquella tragedia se dejaron llevar por la esencia de la locura y, aún así, tuvieron —esa noche en el pub “El cielo”—, que recurrir al alcohol para intentar comprender que elevada causa, o qué virus asesino, era capaz de hacernos masacrar a familiares y amigos.
Fue allí, en ese pub, donde la amistad entre ellas pareció dar un salto cualitativo y definitivo. Apurando sonrisas con sabor a ron reconocieron, como recapitulando, que habían pasado unos días maravillosos juntas y que, a propuesta sincronizada de ambas, deberían repetir la experiencia cada cierto tiempo. Milagros, mientras asentía, fue instalando una mirada perdida en alguna región donde las grandes expectativas eran despojadas, por la experiencia, de toda euforia inmadura.

jueves, 24 de septiembre de 2009

La historia más triste de la historia (XXX)


todo lo relacionado con esta historia.
–Muy bien ¿no será editora? ¿Se imagina usted mi tesis, tantos años abandonada al ostracismo en un cajón sombrío de escritorio, convertida en un best seller?
–No, exactamente una editora…
–Es broma mujer. Espere aquí un momento, vivo muy cerca, en un piso de la acera de enfrente, como siempre. Incluso creo tener alguna copia por algún sitio. En cinco minutos estoy aquí.
–De acuerdo, pero no hace falta que se tome tantas molestias, puedo acompañarla…
–No se preocupe, lo hago con mucho gusto, conversar sobre este tema con usted me ha despertado de nuevo el interés por la historia, por escribir, por saber, por debatir…
–Como quiera, aquí estaré. Pero, por favor, me llamo María, tutéeme.
–Es verdad, con la emoción ni siquiera nos habíamos presentado. Yo soy Milagros, dame un beso, guapa, encantada de haber coincidido contigo. No se vaya, vuelvo en un soplo.
–De aire fresco, continuó la frase María mientras Milagros se alejaba colocándose el bolso en su veloz hombro.

Ya era hora, pensó, una conversación interesante con alguien a quien no despertaba sentimiento personal alguno. Era un verdadero placer para ella el simple hecho de no tener que leer constantemente entre líneas; abandonarse sin temor al placer de las palabras cuando éstas despiertan en secreto, poco a poco, el interés por seguir descubriendo qué fantásticos secretos nos esconde la vida.
Miró su reloj. Apuró el café. Desde la cafetería observó a Milagros entrar en su portal mientras unos obreros de azul intentaban memorizar la armonía de su trasero, seguramente recitando al unísono cualquier piropo obsceno. Quince minutos no eran nada, aunque fuesen exponencialmente superior a lo calculado por su contertulia.
Intentó imaginar cómo serían los hombres si las mujeres pudieran desconectarlos a voluntad de sus instintos. Pero reconoció de inmediato que su imaginación no estaba preparada aún para tales retos.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Mantenme así



Mantenme así.
Sin un solo sentido que
se aventure a tu intemperie.

Sostenido en una nota de Vai,
como el horizonte de un cuadro.

Trasiégame sin compasión
con atenciones que me conviertan
en profeta del apocalipsis.

De donde estamos, elijo
no pensar que exista otra
posibilidad de ser, y no estar
muerto.

resistir en un estado minado de
milagros, rodeado de ebrios efluvios
y erupciones sanguinolentas, debe
ser una prueba religiosa definitiva.

ser el elegido por cada curiosidad
de tu cuerpo para descubrir el
universo, es un don como el de
la naturaleza al mundo.

Si te vas en la luz, ahora,
hasta que lluevas de nuevo sed
de Olimpo en nuestra penumbra,
mantenme así.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Nueve meses en la luna (Yareah magazine)

Este mes, la revista cultural (español-inglés) Yareah magazine, coincidiendo con la publicación de su número diez, ha lanzado un libro con los artículos más significativos de su corta pero, mágica existencia. Se titula “Nueve meses en la luna”, y tengo el honor de aparecer en una de sus páginas con el poema “Superhéroe”.

Felicito al equipo de Yareah por toda la dedicación y esfuerzo realizado en favor de una cultura universal e integradora, y les deseo inspiración infinita.

El libro se puede tanto, comprar en papel, como bajar gratuitamente en
bubok.


lunes, 14 de septiembre de 2009

El bosque (VI): La joven de blanco



–Buenos días, me alegro tanto de encontrar a alguien. He estado bastante tiempo perdida, hacía siglos que no venía por aquí y la noche hizo el resto. ¿Me podría usted confirmar si la dirección que sigo me conducirá al puente de los suicidas?
–No.
–De acuerdo, pero, ¿por qué no puede, o por qué no quiere?
–Nunca he salido de la zona que usted pueda alcanzar a ver desde aquí.
–Entonces, ¿ha nacido en el bosque? ¿Y su familia?
–No lo sé, un día cualquiera abrí los ojos en este lugar y, todo me susurra que he de esperar a alguien con el que me quiera marchar para siempre.
–Si quiere puede acompañarme, iremos a la policía, ellos nos ayudarán a encontrar a sus padres, seguramente habrá sufrido algún accidente que le ha provocado cierta pérdida de memoria.
–prefiero quedarme, cada día presiento con más fuerza que la persona que espero está, a cada hoja que cae y gota que se evapora, más cerca.
–Pero, ¿qué come? ¿Dónde duerme?
–Yo sólo observo. Ver comer a los cuervos, a las ardillas, a los lobos, me alimenta. Tumbándome sobre la hierba, acomodada entre las ramas, logro mantener la esperanza, la vida que me rodea me ha adoptado, me sustenta por la mirada, a través de la piel, y simplemente me limito a esperar.
–Permítame que insista, si viene conmigo volverá a encontrarse con sus amigos, con sus seres queridos. Seguramente la persona a quien espera no sabe que usted está vivendo con la única intención de encontrarse con él en este bosque...

jueves, 10 de septiembre de 2009

Un placer



Que leáis esto, sea lo que quiera
cada uno de ustedes que signifique,
es uno de los excepcionales placeres
donde, tan lejos de la vanagloria
como apegado al agradecimiento,
ningún estímulo tiene que coexistir,
y nadie ha de estar presente,
o viceversa.
Gracias, serás, seas, o fueras.

lunes, 7 de septiembre de 2009

La gripe abecedaria



Espero encarecidamente que, llegado el momento en que seamos amenazados por un nuevo y sanguinario virus que dará nombre a la gripe “B”. La cual compartiremos —relevando de tan pesada influencia al cerdo— seguramente con los borregos, ya seamos conscientes del psicótico poder de las grandes compañías farmacéuticas, y de la lealtad espartana que le profesan los generales de sus legiones de acciones: políticos, banqueros, etcétera.
También espero —si no es mucho esperar para un mismo pensamiento— que cuando el lobo sea realmente fiero, como el que sucumbió a la famosa familia mafiosa de los Caperucita, seamos poseedores de la información, inteligencia colectiva, o experiencia suficiente para no morir con una sonrisa de idiota que nos defina toda la eternidad.
Confiemos en que este tipo de empresas no lideren la ansiada recuperación económica, porque sin duda será con cargo a nuestro miedo. Y tendremos por delante el desafío de sobrevivir a una gripe por cada letra del abecedario.

viernes, 4 de septiembre de 2009

La historia más triste de la historia (XXIX)



...reavivara de nuevo las llamas de la guerra en sus miserias; cambiar el nombre al pueblo por “los pecados de Cristo” para recordar siempre que por su salvación tuvo que morir alguien mucho más digno que ellos, y que por ello deberían estar agradecidos durante mil generaciones.
Más o menos eso es todo. Así que le aconsejo que cuando llegue allí no se le ocurra mencionar estos hechos, al menos, hasta tener la confianza suficiente para que no recelen de sus intenciones.
–Me he quedado totalmente extasiada con la historia, he disfrutado de cada palabra que ha pronunciado. Definitivamente es el pueblo que busco, un lugar donde los secretos son sagrados. Y dígame, ¿nadie ha escrito nada sobre ello? Usted, por ejemplo, parece muy versada en el tema.
–No creo que nadie haya narrado nunca esta tragedia. Tenga en cuenta la férrea negativa de los ciudadanos a contar nada relacionado con lo acontecido en aquellos días, es difícil hacer pensar a alguien que esta crónica pudiera interpretarse como algo más que una simple fábula fruto de la borrachera de algún abuelo resentido. La verdad, ahora que lo pienso, sí he escrito algo sobre ese pueblo, pero sólo recogí, de todo lo que le he contado, la parte menos fantástica. Soy licenciada en historia, y realicé una tesis sobre los cambios sociales en la España rural de la posguerra, ubicando mi trabajo fundamentalmente en esta comarca. De ahí que haya tenido suerte al preguntarme por los antecedentes de la denominación del pueblo.
–Me haría usted un gran favor dejándome una copia de su tesis, si no es mucho pedir, me encantaría conocer…

martes, 1 de septiembre de 2009

El bosque (V)



Entre las ramas de uno de esos árboles de la otra orilla creyó observar la silueta de una mujer vestida de blanco. ¿Qué podía estar haciendo ahí encaramada?, se preguntó. Anduvo hasta situarse justo frente a ella, agudizó su mirada todo lo que pudo para concretarla entre las hojas, efectivamente, se trataba de una joven más o menos de su misma edad, elegante, de cuerpo sutil y rostro amable, con una gran melena de rizos negros como el tizón que parecían brotar de las ramas para culminar enraizándose en sus ideas. Por un momento pensó, lejos de cualquier lógica que ella hubiese reconocido y sorprendiéndose escandalosamente a sí misma, que lo sacrificaría todo por ser como ella, por parecer la clave secreta entre la vida y la tierra, el eslabón roto que desarraigaba a la muerte de nuestro destino.
Antes de que se le ocurriese en qué términos dirigirse a aquella joven, ésta empezó a descender del árbol casi sin esfuerzo, como si se deslizara libre de gravedad. Una vez en el suelo Eva la saludó con un "¡hola!" acabado en una sonrisa mezcla de sorpresa y admiración que acompañó al clásico movimiento alocado de muñeca y mano de cuando uno está deseoso de llegar al otro. Hola, contestó sin excesivas florituras la misteriosa mujer de blanco. Se acercó con parsimonia a la orilla del río, como si por ello, ya estuviese haciéndole un favor a Eva...

jueves, 27 de agosto de 2009

Si me quieres



Si me quieres te prometo que —siempre
que sea de esa forma precisa donde
todo lo demás va desintegrándose
avergonzado, o trata de adaptarse
cardíaco
a nuestro rastro de vida primogénita—,
te haré aquello que tanto echas de
menos porque, aunque me inventes
en cada ahogo, nunca lo sospechas.

lunes, 24 de agosto de 2009

AVATAR. Prometedoras imágenes

James Cameron no es precisamente uno de los directores a los que rinda culto pero, he de reconocer que el trailer de su nueva película “AVATAR” es todo un espectáculo. En la ciencia ficción hay tanto de fantasía como viceversa —incluso con el comercial transfondo bélico de turno—, y ambos géneros tienen algo que me reavivan, que me hacen respirar profundamente y creer, por un instante, en el milagro que puede llegar a ser vivir en un planeta como el que esquilmamos si todos intentásemos sorprender al resto, imaginando como de original podemos llegar a entender la vida. Lo sobrehumano de la naturaleza también alberga a nuestra imaginación. Me gustaría creer que el hombre está aquí para aspirar a algo más que ser espectador de su propia decadencia. Vean.


jueves, 20 de agosto de 2009

Impotencia



Podría catalogarse dentro del selecto epígrafe de las soberanas impotencias que, sometiéndote a no saber decir y, omitiéndote hasta cuándo se ha de claudicar, crecen en la miseria del desconsiderado hecho de necesitar contar ahora, se convierten en un lastre de sinrazón: pesada carga neurotransmisora de palabras estériles, yerma experiencia, y enjuta imaginación.
Y aunque admitirlo sea sólo un consuelo de inepto resignado, que no lo sé, para no desentonar, termino reconociéndolo, por lo de “algo es algo”, y eso incluye las limosnas creativas y los ánimos de amables desconocidos.

lunes, 17 de agosto de 2009

La historia más triste de la historia (XXVIII)


...Levantó su cabeza, fue recorriendo sus rostros con una mirada tan firme y reveladora que todos respondieron humillando sus frentes, mientras decía algo parecido a esto: “Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no teme; aunque estalle una guerra contra mí, estoy seguro en ella. Si Dios está conmigo, ¿quién osa estar contra mí? La malicia matará al impío,
los que odian al justo lo tendrán que pagar. Hermanos, el maligno ha sembrado en vosotros la semilla del odio. Rezad conmigo, pedid clemencia a Dios nuestro Señor, mirad al cielo y elevad vuestras manos, moriría por vosotros ahora mismo para haceros dignos de su perdón”. Dicho esto se echó mano al pecho como si el corazón se le quisiera escapar al cielo, hincó sus rodillas en la madera ensangrentada, y antes incluso de intuir su final, cayó muerto como un ajusticiado más de aquel patíbulo.
“Somos los pecados de Cristo, gracias Señor por habernos perdonado”, gritó el que fuera, antes de la guerra, uno de los monaguillos del pueblo. Todos los allí presentes se santiguaron cerrando sus ojos en un acto de intimidad suprema, un murmullo ensordecedor de gracias y rezos se elevaba a través de la noche haciendo temblar las estrellas. En ese momento fueron conscientes de que sólo un milagro podría salvar sus almas, y que Dios se lo había concedido sin reparar en misericordia. Fueron reuniéndose alrededor del peregrino, besándose y abrazándose entre todos como si la ira y la abominación de aquellos últimos años, en aquel lugar, hubiese sido un paréntesis infernal dentro de su humanidad y de su fe inolvidable. Los más sabios del lugar decidieron realizar un sufragio para aprobar una serie de medidas que garantizase que nunca más se apartarían del camino del señor. Entre otras, propusieron hacer Santo al monje que dio su vida por ellos, levantar una iglesia en su nombre —debido a su anonimato acordaron bautizarlo como el salvador—; prohibir terminantemente, bajo pena de destierro, tener en cuenta ni rememorar traiciones, rencores, sangre derramada, ni cualquier otra barbarie pasada que...

jueves, 13 de agosto de 2009

Quisiera saber cuántos...



¿Me pregunto cuántos de ustedes contestaréis a esta pregunta, aunque al final haya decidido no hacérosla? ¿Cuántos la encontraréis oculta entre los huecos de la duda? ¿Cuántos responderéis con otra pregunta como ésta? ¿Cuántos hallaréis la réplica maestra que abra cualquier interrogante? ¿Cuántos me preguntaréis cuál es la pregunta? ¿Cuántos callaréis pensando en laberintos y trampas? ¿Cuántos anónimos me insultaréis creyendo que me sobra merecimiento por haceros creer que no sé tantas cosas? ¿Cuántos ni siquiera llegaréis a esta altura? ¿Cuántos me sorprenderéis haciendo algo diferente a todo lo que me cuestiono? ¿Cuántos diréis qué, o cómo? ¿Cuántos seréis todos juntos? ¡¿Cuántos podréis llegar a ser cuántos?! ¿Cuántos podríamos obtener algo positivo de esto? ¿Cuántos sabréis cómo detenerme de una vez por todas? ¿Cuántos…?

lunes, 10 de agosto de 2009

El microrrelato



Me he propuesto escribir un microrrelato, lo voy a titular: “El microrrelato”. Ya sé, no es muy original, pero aunque en su génesis peque de vulgar, intento suplirlo con la exactitud en la definición de su naturaleza.
Érase una vez… Lo sé, típico comienzo, ¿pero no me diréis que me ha sido otorgado el honor de encarnar a la famosa gota que colma el vaso? Después de cientos de miles de millones de cuentos empezando de esta guisa, no pretenderéis que el sacrificio de este humilde despropósito redima tamaña sintonización colectivo literaria. Además, la palabra microrrelato en si ya es demasiado larga para seguir diciendo algo que, por su brevedad, estaría condenado de antemano a ser juzgado como un microrrelato micro-valorado.

miércoles, 5 de agosto de 2009

El bosque (IV)



De ahí que, a veces, no pudieran evitar sentir ciertos escalofríos al compartir, como era de esperar, tantas situaciones idénticas a las que han acabado colgadas del pasado como vanos espejismos desenmascarados que, sin embargo, aún reflejaban cierto brillo milagroso en su moribunda tristeza.
Eva emprendió el camino de vuelta como si nada hubiese ocurrido, de hecho, las consecuencias así lo confirmaban, seguía con la misma ilusión por sorprender a Gabriel que la hizo adentrarse en el bosque hacía un tiempo nada fácil de determinar.
Por muy estática que permaneciera el agua, ella se habría jugado su cordura a que, para seguir la corriente del río debía dirigirse, accediendo desde este lado del bosque, hacia la izquierda. Así que tomó convencida la dirección que le llevaría irremediablemente al puente de los suicidas. Mientras caminaba iba recreándose en la belleza del entorno, no alcanzaba a comprender por qué había tardado tanto en disfrutar de algo con una grandiosidad tan evidente, ella siempre reconoció que era mucho más de ciudad que de campo, pero hoy, no podría explicar muy bien por qué, estaba dispuesta a sopesar esas preferencias de nuevo. El viento contoneaba las hojas, el sol se mecía en ellas olvidándose de la tierra, y los pajarillos no paraban de perseguirse, trinando sin cesar como embriagados, para que no decayese la fiesta de ser observados por alguien con la ilusión de sentirse correspondida para siempre. Decidió aminorar el paso para disfrutar todo lo posible de las sombras, de los sonidos, de cómo cada árbol vestía de una forma diferente a luz y al aire. Todo lo que, apenas unas horas antes llegó a desesperarla, era capaz ahora de hacerla demorar su deseado encuentro sorpresa con Gabriel.

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