Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

Placer mutuo

Placer mutuo
Moda poética (ediciones limitadas)

jueves, 10 de septiembre de 2009

Un placer



Que leáis esto, sea lo que quiera
cada uno de ustedes que signifique,
es uno de los excepcionales placeres
donde, tan lejos de la vanagloria
como apegado al agradecimiento,
ningún estímulo tiene que coexistir,
y nadie ha de estar presente,
o viceversa.
Gracias, serás, seas, o fueras.

lunes, 7 de septiembre de 2009

La gripe abecedaria



Espero encarecidamente que, llegado el momento en que seamos amenazados por un nuevo y sanguinario virus que dará nombre a la gripe “B”. La cual compartiremos —relevando de tan pesada influencia al cerdo— seguramente con los borregos, ya seamos conscientes del psicótico poder de las grandes compañías farmacéuticas, y de la lealtad espartana que le profesan los generales de sus legiones de acciones: políticos, banqueros, etcétera.
También espero —si no es mucho esperar para un mismo pensamiento— que cuando el lobo sea realmente fiero, como el que sucumbió a la famosa familia mafiosa de los Caperucita, seamos poseedores de la información, inteligencia colectiva, o experiencia suficiente para no morir con una sonrisa de idiota que nos defina toda la eternidad.
Confiemos en que este tipo de empresas no lideren la ansiada recuperación económica, porque sin duda será con cargo a nuestro miedo. Y tendremos por delante el desafío de sobrevivir a una gripe por cada letra del abecedario.

viernes, 4 de septiembre de 2009

La historia más triste de la historia (XXIX)



...reavivara de nuevo las llamas de la guerra en sus miserias; cambiar el nombre al pueblo por “los pecados de Cristo” para recordar siempre que por su salvación tuvo que morir alguien mucho más digno que ellos, y que por ello deberían estar agradecidos durante mil generaciones.
Más o menos eso es todo. Así que le aconsejo que cuando llegue allí no se le ocurra mencionar estos hechos, al menos, hasta tener la confianza suficiente para que no recelen de sus intenciones.
–Me he quedado totalmente extasiada con la historia, he disfrutado de cada palabra que ha pronunciado. Definitivamente es el pueblo que busco, un lugar donde los secretos son sagrados. Y dígame, ¿nadie ha escrito nada sobre ello? Usted, por ejemplo, parece muy versada en el tema.
–No creo que nadie haya narrado nunca esta tragedia. Tenga en cuenta la férrea negativa de los ciudadanos a contar nada relacionado con lo acontecido en aquellos días, es difícil hacer pensar a alguien que esta crónica pudiera interpretarse como algo más que una simple fábula fruto de la borrachera de algún abuelo resentido. La verdad, ahora que lo pienso, sí he escrito algo sobre ese pueblo, pero sólo recogí, de todo lo que le he contado, la parte menos fantástica. Soy licenciada en historia, y realicé una tesis sobre los cambios sociales en la España rural de la posguerra, ubicando mi trabajo fundamentalmente en esta comarca. De ahí que haya tenido suerte al preguntarme por los antecedentes de la denominación del pueblo.
–Me haría usted un gran favor dejándome una copia de su tesis, si no es mucho pedir, me encantaría conocer…

martes, 1 de septiembre de 2009

El bosque (V)



Entre las ramas de uno de esos árboles de la otra orilla creyó observar la silueta de una mujer vestida de blanco. ¿Qué podía estar haciendo ahí encaramada?, se preguntó. Anduvo hasta situarse justo frente a ella, agudizó su mirada todo lo que pudo para concretarla entre las hojas, efectivamente, se trataba de una joven más o menos de su misma edad, elegante, de cuerpo sutil y rostro amable, con una gran melena de rizos negros como el tizón que parecían brotar de las ramas para culminar enraizándose en sus ideas. Por un momento pensó, lejos de cualquier lógica que ella hubiese reconocido y sorprendiéndose escandalosamente a sí misma, que lo sacrificaría todo por ser como ella, por parecer la clave secreta entre la vida y la tierra, el eslabón roto que desarraigaba a la muerte de nuestro destino.
Antes de que se le ocurriese en qué términos dirigirse a aquella joven, ésta empezó a descender del árbol casi sin esfuerzo, como si se deslizara libre de gravedad. Una vez en el suelo Eva la saludó con un "¡hola!" acabado en una sonrisa mezcla de sorpresa y admiración que acompañó al clásico movimiento alocado de muñeca y mano de cuando uno está deseoso de llegar al otro. Hola, contestó sin excesivas florituras la misteriosa mujer de blanco. Se acercó con parsimonia a la orilla del río, como si por ello, ya estuviese haciéndole un favor a Eva...

jueves, 27 de agosto de 2009

Si me quieres



Si me quieres te prometo que —siempre
que sea de esa forma precisa donde
todo lo demás va desintegrándose
avergonzado, o trata de adaptarse
cardíaco
a nuestro rastro de vida primogénita—,
te haré aquello que tanto echas de
menos porque, aunque me inventes
en cada ahogo, nunca lo sospechas.

lunes, 24 de agosto de 2009

AVATAR. Prometedoras imágenes

James Cameron no es precisamente uno de los directores a los que rinda culto pero, he de reconocer que el trailer de su nueva película “AVATAR” es todo un espectáculo. En la ciencia ficción hay tanto de fantasía como viceversa —incluso con el comercial transfondo bélico de turno—, y ambos géneros tienen algo que me reavivan, que me hacen respirar profundamente y creer, por un instante, en el milagro que puede llegar a ser vivir en un planeta como el que esquilmamos si todos intentásemos sorprender al resto, imaginando como de original podemos llegar a entender la vida. Lo sobrehumano de la naturaleza también alberga a nuestra imaginación. Me gustaría creer que el hombre está aquí para aspirar a algo más que ser espectador de su propia decadencia. Vean.


jueves, 20 de agosto de 2009

Impotencia



Podría catalogarse dentro del selecto epígrafe de las soberanas impotencias que, sometiéndote a no saber decir y, omitiéndote hasta cuándo se ha de claudicar, crecen en la miseria del desconsiderado hecho de necesitar contar ahora, se convierten en un lastre de sinrazón: pesada carga neurotransmisora de palabras estériles, yerma experiencia, y enjuta imaginación.
Y aunque admitirlo sea sólo un consuelo de inepto resignado, que no lo sé, para no desentonar, termino reconociéndolo, por lo de “algo es algo”, y eso incluye las limosnas creativas y los ánimos de amables desconocidos.

lunes, 17 de agosto de 2009

La historia más triste de la historia (XXVIII)


...Levantó su cabeza, fue recorriendo sus rostros con una mirada tan firme y reveladora que todos respondieron humillando sus frentes, mientras decía algo parecido a esto: “Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no teme; aunque estalle una guerra contra mí, estoy seguro en ella. Si Dios está conmigo, ¿quién osa estar contra mí? La malicia matará al impío,
los que odian al justo lo tendrán que pagar. Hermanos, el maligno ha sembrado en vosotros la semilla del odio. Rezad conmigo, pedid clemencia a Dios nuestro Señor, mirad al cielo y elevad vuestras manos, moriría por vosotros ahora mismo para haceros dignos de su perdón”. Dicho esto se echó mano al pecho como si el corazón se le quisiera escapar al cielo, hincó sus rodillas en la madera ensangrentada, y antes incluso de intuir su final, cayó muerto como un ajusticiado más de aquel patíbulo.
“Somos los pecados de Cristo, gracias Señor por habernos perdonado”, gritó el que fuera, antes de la guerra, uno de los monaguillos del pueblo. Todos los allí presentes se santiguaron cerrando sus ojos en un acto de intimidad suprema, un murmullo ensordecedor de gracias y rezos se elevaba a través de la noche haciendo temblar las estrellas. En ese momento fueron conscientes de que sólo un milagro podría salvar sus almas, y que Dios se lo había concedido sin reparar en misericordia. Fueron reuniéndose alrededor del peregrino, besándose y abrazándose entre todos como si la ira y la abominación de aquellos últimos años, en aquel lugar, hubiese sido un paréntesis infernal dentro de su humanidad y de su fe inolvidable. Los más sabios del lugar decidieron realizar un sufragio para aprobar una serie de medidas que garantizase que nunca más se apartarían del camino del señor. Entre otras, propusieron hacer Santo al monje que dio su vida por ellos, levantar una iglesia en su nombre —debido a su anonimato acordaron bautizarlo como el salvador—; prohibir terminantemente, bajo pena de destierro, tener en cuenta ni rememorar traiciones, rencores, sangre derramada, ni cualquier otra barbarie pasada que...

jueves, 13 de agosto de 2009

Quisiera saber cuántos...



¿Me pregunto cuántos de ustedes contestaréis a esta pregunta, aunque al final haya decidido no hacérosla? ¿Cuántos la encontraréis oculta entre los huecos de la duda? ¿Cuántos responderéis con otra pregunta como ésta? ¿Cuántos hallaréis la réplica maestra que abra cualquier interrogante? ¿Cuántos me preguntaréis cuál es la pregunta? ¿Cuántos callaréis pensando en laberintos y trampas? ¿Cuántos anónimos me insultaréis creyendo que me sobra merecimiento por haceros creer que no sé tantas cosas? ¿Cuántos ni siquiera llegaréis a esta altura? ¿Cuántos me sorprenderéis haciendo algo diferente a todo lo que me cuestiono? ¿Cuántos diréis qué, o cómo? ¿Cuántos seréis todos juntos? ¡¿Cuántos podréis llegar a ser cuántos?! ¿Cuántos podríamos obtener algo positivo de esto? ¿Cuántos sabréis cómo detenerme de una vez por todas? ¿Cuántos…?

lunes, 10 de agosto de 2009

El microrrelato



Me he propuesto escribir un microrrelato, lo voy a titular: “El microrrelato”. Ya sé, no es muy original, pero aunque en su génesis peque de vulgar, intento suplirlo con la exactitud en la definición de su naturaleza.
Érase una vez… Lo sé, típico comienzo, ¿pero no me diréis que me ha sido otorgado el honor de encarnar a la famosa gota que colma el vaso? Después de cientos de miles de millones de cuentos empezando de esta guisa, no pretenderéis que el sacrificio de este humilde despropósito redima tamaña sintonización colectivo literaria. Además, la palabra microrrelato en si ya es demasiado larga para seguir diciendo algo que, por su brevedad, estaría condenado de antemano a ser juzgado como un microrrelato micro-valorado.

miércoles, 5 de agosto de 2009

El bosque (IV)



De ahí que, a veces, no pudieran evitar sentir ciertos escalofríos al compartir, como era de esperar, tantas situaciones idénticas a las que han acabado colgadas del pasado como vanos espejismos desenmascarados que, sin embargo, aún reflejaban cierto brillo milagroso en su moribunda tristeza.
Eva emprendió el camino de vuelta como si nada hubiese ocurrido, de hecho, las consecuencias así lo confirmaban, seguía con la misma ilusión por sorprender a Gabriel que la hizo adentrarse en el bosque hacía un tiempo nada fácil de determinar.
Por muy estática que permaneciera el agua, ella se habría jugado su cordura a que, para seguir la corriente del río debía dirigirse, accediendo desde este lado del bosque, hacia la izquierda. Así que tomó convencida la dirección que le llevaría irremediablemente al puente de los suicidas. Mientras caminaba iba recreándose en la belleza del entorno, no alcanzaba a comprender por qué había tardado tanto en disfrutar de algo con una grandiosidad tan evidente, ella siempre reconoció que era mucho más de ciudad que de campo, pero hoy, no podría explicar muy bien por qué, estaba dispuesta a sopesar esas preferencias de nuevo. El viento contoneaba las hojas, el sol se mecía en ellas olvidándose de la tierra, y los pajarillos no paraban de perseguirse, trinando sin cesar como embriagados, para que no decayese la fiesta de ser observados por alguien con la ilusión de sentirse correspondida para siempre. Decidió aminorar el paso para disfrutar todo lo posible de las sombras, de los sonidos, de cómo cada árbol vestía de una forma diferente a luz y al aire. Todo lo que, apenas unas horas antes llegó a desesperarla, era capaz ahora de hacerla demorar su deseado encuentro sorpresa con Gabriel.

jueves, 30 de julio de 2009

La historia más triste de la historia (XXVII)

– ¡Qué aproveche! Perdone, acabo de llegar en tren y me gustaría preguntarle a qué pueblo podría dirigirme desde aquí, para estar lo más aislada y tranquila posible.
– ¿El pueblo más aislado? Yo diría que es “Los pecados de Cristo”, sólo se accede desde una línea de autobús que recorre la comarca, desde este pueblo salen un par de ellos al día.
–No puedo creer que haya un pueblo que se llame así. Se me amontonan las preguntas. ¿Sabe usted el motivo de ese nombre?
–No sabría decirle hasta que punto será verdad pero, se comenta que en la guerra civil se llegó a tal grado de paroxismo en ese lugar que se pusieron en práctica todo tipo de crueldades conocidas e inéditas: torturas, asesinatos, la quema en hogueras, hasta se rumorea que, debido a su remoto enclave y a la dificultad para su avituallamiento, llegaron a practicar el canibalismo. Un día apareció por allí una especie de monje peregrino que, a medida que iba recorriendo el pueblo fue comprobando la cantidad de atrocidades que se habían cometido: cada plaza constaba, casi por obligación, de un patíbulo donde se podían ver cabezas cortadas, cuerpos ahorcados abandonados a las aves carroñeras, cadáveres desplomados como si hubieran intentado absorber con su último aliento, de nuevo, su sangre. El monje, horrorizado, seguro de que satanás había encontrado una puerta a la tierra que desembocaba exactamente en aquel lugar. Decidió ir puerta por puerta suplicándoles una tregua y convocándolos en la plaza del ayuntamiento a la caída de la tarde, para intentar ocultar con las sombras, el odio de sus miradas y la sed de mal con la que el Demonio había infectado sus almas. Poco a poco la gente fue saliendo de sus casas, intentando no coincidir con ningún enemigo, cada bando se colocó a un lado de la plaza. El Peregrino estaba de pie en el patíbulo, con una especie de misal entre sus manos unidas, la cruz de una cadena en su boca, mirando hacia abajo en una especie de trance espiritual que tranquilizó algo a los ciudadanos, que parecían sentir, en su inquietud, las ascuas del infierno agrietándoles la suelas de los zapatos e incitándoles a culminar el holocausto.

lunes, 27 de julio de 2009

Del por qué ser…


Siempre
quiero
ser
palabras
precipitándose
sin
remedio
Inconscientes
del
futuro
sin
inercia
del
origen
más
allá
de
ser
hoy
sin
fianzas
Permanecer
eterno
e
irreverente
como
un
vampiro
católico
Un
alud
de
percepciones
con
fe
de
abismo
y
de
silencio
Coger
tus
manos
al
vuelo
antes
de
que
exista
el
pecado
original
de
no
hacerlo
Y
respirar
del
aliento
de
los
que
impulsen
al
pronunciar
lo
que
demonios
acabe
siendo
esta
serpiente
ávida
de
simbiosis
Concluir
comenzando
Siempre
quise
ser
palabras
salvavidas
flotando
en
el
ánimo
del
que
en
no
sufrir
halla
misericordia
y
aliento…

jueves, 23 de julio de 2009

Seamos consecuentes


Sería un acto de despilfarro inadmisible
que, dadas las circunstancias y, teniendo
en cuenta la idoneidad de las condiciones
—distancias erectas a huecos exactos;
la noche incipiente con su tiempo virgen
improvisando sombras dionisíacas; la
inercia de todo lo que fluye amenazándose
con desembocar al unísono, en cada lugar
coincidente, en todo vacío que nos imana;
caricias disfrazadas de ovejas; alientos
conspiradores; miradas paranoicas que
coagulan toda molécula que no sea partícipe—,
no actuáramos en consecuencia.

lunes, 20 de julio de 2009

La historia más triste de la historia (XXVI)



–Mucho me temo, lejos de desearlo o no, que no sería una buena idea, debo concluir lo emprendido sola, sé que no hace falta que le explique nada más, incluso estoy segura de que sabía que esta sería mi respuesta.

Dejó caer la maleta al suelo, justo encima de su mirada de ceniciento, y con una expresión de resignación penitente recorrió lentamente su cuerpo hasta que en sus ojos se batieron todas las incertidumbres de la creación, la cogió por los hombros; le deseó suerte; le entregó una tarjeta jurándole que no dudara en llamarlo aunque sólo fuera para insultarlo; se besaron en las mejillas mientras el tren se detuvo definitivamente —para su desgracia no fue para siempre—. Se abrieron las puertas, ella lo acribilló sin proponérselo con un adiós bajo una sonrisa ambigua, antes de entrar en la pequeña estación se giró para despedirse de nuevo con un movimiento de su mano, como renunciando a una probabilidad de vencer, o sucumbir, al sentido de su existencia. Él sólo atinó a colocar la palma de su mano sobre el cristal, la miró sin parpadear mientras el tren reanudaba su marcha, justo cuando pasaba a su altura introdujo la otra mano en el bolsillo de la camisa, desplegó una hoja escrita con letras enormes que pegó a la ventanilla y que decía: “LLÁMAME MARÍA”. Confirmando así la sospecha de María sobre su condición de profeta.
Entró en la estación sin tener muy claro si se encontraba más liberada que arrepentida. Al fondo, a través de una gran cristalera con el nombre del pueblo grabado ya podía divisarse éste. Así que decidió preguntar mientras buscaba un lugar para comer. Entró en un local, mezcla entre cafetería y mesón, con vistas a la que parecía ser la calle principal, había una señorita comiendo sola en una mesa amplia y le pidió permiso para sentarse con ella.

viernes, 17 de julio de 2009

El bosque (III)



Nadie me creerá, pensó, además de suponer que nadie se adentraría tanto en el crepúsculo del bosque que pudiese corroborar este fenómeno. Colocó las hojas entre las rocas a modo de colchón, seguía nevando, pero la nieve no sólo era templada, se evaporaba sin pasar por su estado líquido, simplemente desaparecía. Así que se tumbó en el refugio y, antes de quedarse dormida, la primera luz del alba volvió a asomarse a sus pupilas. Por un momento barajó varias hipótesis: una era la posibilidad de estar volviéndose loca, la otra, que el mundo estuviese experimentando con ella una nueva estrategia para intentar dar la última oportunidad al hombre. Aunque esta última conclusión no haría otra cosa más que confirmar la primera. Estaba tan cansada que antes de plantearse una tercera explicación se quedó dormida, pero una pesadilla, donde un sol despiadado la dejaba reducida a cenizas, hizo que se incorporase como si realmente empezara a arder como una tea. Comprobó que, aunque el calor empezaba a ser incomodo, su piel todavía permanecía cubriéndola lo suficientemente elástica. Se acercó al río con la intención de refrescarse, quizá así pudiera intentar emprender de nuevo su camino hacia el puente. Se sentó sobre una piedra que había en la orilla, se quitó los zapatos e introdujo con cuidado las piernas hasta la altura de las rodillas, haciendo un cuenco con sus manos cogió agua y se la aplastó sobre la cara, estaba tan fresca y cristalina que repitió el gesto, pero esta vez se la bebió, inmediatamente se sintió reconfortada e, inclinándose sobre la estática corriente para peinarse un poco en su reflejo, comprobó, una vez más, que aquel lugar, en aquel momento, era de todo menos típico. Da igual, se dijo levantándose con fuerzas renovadas, se encontraba con energía e ilusión suficientes para emprender la marcha, seguir el cauce un par de kilómetros, y llegar, al fin, al camino que conducía a la cabaña, donde daría una grata sorpresa a Gabriel. Ellos habían sido amigos desde la adolescencia, pero fue hace dos meses cuando parecieron darse cuenta que, en verdad, el lazo que les unía era mucho más fuerte, y decidieron iniciar una relación de pareja, la cual los tenía sumido, como otras veces, en un estado de euforia imberbe, del cual, ambos habían terminado saliendo siempre por las alcantarillas.

lunes, 13 de julio de 2009

La vida es un lío

Como diría mi admirado Forrest: “La vida es como una caja de bombones, nunca sabes qué placer te va a perjudicar con más saña, ni cual va a provocar más envidia.”
En definitiva, un lío, que se lía y lía, hasta no acabar nunca.




jueves, 9 de julio de 2009

La historia más triste de la historia (XXV)



– ¿Me acompaña al bar? Me apetece una cerveza bien fría.
–No puede haber nada en este momento que me concierna, más importante que disfrutar con usted de la rejuvenecedora orina de los dioses.

Sentados en los taburetes del bar, hablando de preferencias y debilidades, no tardaron en comprobar que sus inquietudes descendieron hace miles de años, al menos, del mismo árbol. Ella incluso sonrió cuando cualquiera de las anécdotas le hacía olvidar el suelo, y flotaba sin peso entre los versos menos inmisericordes; socorriendo a los inmortales de Borges bromearon con la muerte; rodeados de auroras y crepúsculos en la capilla de los Medici, llegaron a entender a Miguel Ángel; y confesaron, casi compitiendo por ser el primero, que después de mil veces, aún se les ponía piel de gallina al oír cierta variación del capricho veinticuatro de Paganini.
¡Increíble! Pensó María regresando del asombro y tomándose un respiro para sospechar que, aunque el resto fuese discrepancias, estas afinidades parecen más bien una trama diabólica para debilitarme, que una milagrosa coincidencia. Desde que vio el poemario en sus manos no pudo librarse de la sensación de estar siendo víctima de una confabulación contra su intento de romper con el pasado.
Por megafonía se anuncia la inminente llegada a su destino, ella mira su reloj sorprendida. Ha pasado una hora y media.

–Ha sido un placer conversar y compartir placeres con usted, espero que algún día volvamos a coincidir, me apeo en la próxima parada, así que iré a buscar mi maleta…

–La acompaño.

Ella observa de soslayo como él hace el mismo gesto de coger una maleta, recoge una bolsa y un periódico del altillo, le ayuda a bajar la suya, y se dispone a acompañarla hasta la puerta.

– ¿Se cambia usted de sitio?
–No, solamente apuro todas las posibilidades de permanecer juntos, no hace falta que me lo pida, me bajaría con usted —aunque esto fuese un campo de concentración siberiano— con el simple hecho de que no se oponga.

lunes, 6 de julio de 2009

El prodigio



Mejor ir al fin:
nada ha cambiado; sigo sin
saber; apenas un vestigio con
aires de acabar siendo;
arrecife congelado;
siempre tú y el azar de las palabras;
límpido signo de limitación;
insuficiente tara, sin embargo,
para no aspirar a iterativo: y
seguir predicando,
caricato profeta redentor,
el prodigio que soy en ti.

jueves, 2 de julio de 2009

El bosque (II)



Vio a un águila remontar el vuelo dejando atrás la copa de unos sauces llorones, iba descabellando con su pico un pez que llevaba ensartado en sus garras. El río debe estar muy cerca, pensó caminando algo más ligera y confiada, pero una hora después aún no podía escuchar el murmullo de la corriente. No recordaba que el bosque fuera tan grande, pero hacía tantos años que no venía que equivocarse era lo más lógico. El sol empezó a entristecerse suicidándose en las cumbres más altas de la sierra. La sombra de Eva se alargaba hasta aliarse macabramente con la de los árboles, el sonido se fue replegando en el aire que habita entre las ramas, y debajo del humus. De nuevo aligeró la frecuencia de sus pasos hasta sincronizarlos con su miedo. Tropezó con algo, perdió el equilibrio y, dejándose caer sobre un costado, rodó unos quince metros hasta desembocar en un pequeño claro. Al levantar la cabeza observó como parte de su melena estaba flotando en agua, se incorporó apoyándose sobre sus codos y comprobó que efectivamente estaba salvada, había llegado al río. Era extraño pero el agua estaba tranquila como la de un lago, simplemente se ondulaba con calma sin intención alguna por dirigirse hacia ninguna parte, seguramente se trataba de algún fenómeno que ella desconocía porque en ese tramo la corriente siempre bajaba con bastante fuerza. Se puso en pie, estaba agotada y dolorida, en esas condiciones no se creía capaz de hacer todo el camino de vuelta, así que buscó refugio en medio de unas grandes rocas que parecían puestas en aquella llanura para tal efecto. Ayudándose de su falda recolectó una gran cantidad de hojas que pensaba utilizar de abrigo. De pronto empezó a nevar, era junio y hacía unos treinta grados centígrados. ¡Increíble! exclamó mientras extendía sus brazos y caían cálidos y suaves los copos en las palmas de sus manos.

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