
Esa mañana el amanecer parecía estar con resaca, y tardó más de lo normal en asomarse por la ventana del salón, clareando las cortinas, calentando mi oreja derecha, la pantalla del televisor, y la góndola de falso cristal de Murano, recuerdo de mi añorada estancia en Venecia. Lo hizo tímido y renqueante entre la niebla y las nubes de luto escarlata. Se avecinaba un día tormentoso. Yo pensé —con el placer que da desperezarse cuando uno está solo, y bosteza como un ogro de las cavernas— que era una señal más de la infinita sabiduría de la naturaleza, que intentaba contrarrestar mi euforia con chaparrones llenos de rabia y estruendo para que el mundo consiguiera, una vez más, mantener su equilibrada armonía.
Eran las ocho de la mañana y no creo que sea preciso aclararos en quién estaba pensando cuando aún no habían pasado de la fase de calentamiento —en el estricto sentido físico y elástico de la palabra— mis perezosas neuronas.
Aunque la pensión no tenía servicio de comidas, era un detalle de la casa el ofrecer a las ocho y media un café en el salón a todo el que quisiera. Pero María, a la cual, la jornada anterior, le había recordado este punto del día unas cinco veces, no apareció. Era normal me dije, el viaje, su primer día en el pueblo, el accidente con el pomo, estaría reventada, seguro que sigue dormida, se levantará hambrienta, descenderá las escaleras con la expresión relajada y yo simularé que en ese momento me disponía a ir a desayunar a un lugar perfecto para nosotros —aunque eso de “para nosotros” no creo que me atreviese a decirlo— , y la invitaré, como no podía ser de otra manera tratándose de todo un caballero como yo, a acompañarme.
Las diez y media de la mañana y aún sigue en su habitación. No sería muy profesional por mi parte molestarla para preguntarle si querría venir conmigo a desayunar, y no tendría calificativo el ofrecerme a subirle un café y unas tostadas si le apetecían. Esperaré, ¿qué remedio? contaré los truenos de distancia hasta volver a verla mientras escribo algo que publicar en mí página.